Peris-Mencheta: “No dirijo para llegar a fin de mes, sino para recordar por qué me gusta el teatro”

Creador de éxitos como ‘Lehman Trilogy’, el director madrileño lleva hoy al Gayarre ‘Castelvines y Monteses’, la versión de Lope de Vega sobre Romeo y Julieta. Trece actores interpretan un musical con textos del Siglo de Oro

Peris-Mencheta: “No dirijo para llegar a fin de mes, sino para recordar por qué me gusta el teatro”
AmpliarAmpliar
Peris-Mencheta: “No dirijo para llegar a fin de mes, sino para recordar por qué me gusta el teatro”José Antonio Goñi
Peris-Mencheta: “No dirijo para llegar a fin de mes, sino para recordar por qué me gusta el teatro”

CerrarCerrar

Nerea Alejos

Actualizado el 12/03/2021 a las 11:45

La novela de Matteo Bandello sobre los famosos amantes de Verona cayó en manos de dos grandes dramaturgos: Shakespeare y Lope de Vega. Mientras el bardo inglés creó una tragedia, Lope escribió una comedia, Castelvines y Monteses, que rara vez se representa. La obra ha sido rescatada por la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, bajo una original adaptación a cargo del director Sergio Peris-Mencheta, que este jueves estuvo en Pamplona para presentar el montaje. Sobre textos del Siglo de Oro, esta versión de Castelvines y Monteses está llena de música, magia, acrobacia, clown y humor, con 13 actrices y actores que se desdoblan en múltiples personajes. Es, al mismo tiempo, una obra de teatro y un musical que recorre la música italiana de los años 60, 70 y 80.



Ha reconvertido una obra que Lope escribió en verso en una comedia musical.

Era muy interesante poder recuperar las fiestas barrocas del Siglo de Oro, pero traídas a nuestros días. Incluso hay momentos muy Disney. Desde el momento en que me ofrecieron dirigir a La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, en 2015, me propuse meter a gente joven en un teatro y que se lo pasaran bien. Lo normal es que piensen: “Hostia, Lope de Vega, ese coñazo que nos dan en clase y que no hay quien lo entienda...”. Es muy difícil identificarse con alguien que habla en octosílabos o en endecasílabos... Yo de joven fui muy mal espectador de teatro y siempre estoy con la obsesión de llegar al público, al joven y también al que se sienta en la butaca a contar sílabas.

Castelvines y Monteses también va a llegar a los institutos. ¿Es toda una tarea el acercar los clásicos al público más joven?

Para mí va a ser una tarea muy gratificante. La semana que viene empezaré a llamar por teléfono a los 25 institutos que vendrán a ver la obra. Los actores y yo mismo iremos pasando por las aulas para hablar con los chicos. En sus clases de literatura, esos alumnos deberían poder agarrar un texto, aprenderse unas líneas o una escena y jugar a ser un rato Roselo o Julia. Y el día que vengan a ver la función, se sentirán identificados y disfrutarán. Esa es, básicamente, la tarea del teatro: identificarse con lo que pasa en el escenario.

Castelvines y Monteses tiene un elenco de 13 actores. En estas circunstancias, ¿ha sido especialmente difícil sacarlo adelante?

Si llegamos a saber que venía la pandemia, no hubiéramos hecho esta producción, pero nos ha pillado con la preproducción hecha, las órdenes dadas, la escenografía en camino... Había muchos actores que ya se habían alquilado una habitación en Madrid para poder hacer este proyecto. ¿Qué haces entonces? Le dimos prioridad a lo humano por encima de lo profesional. Si yo lo paraba todo y me volvía a Estados Unidos, veinte personas se quedaban en la calle.

¿Cuántas personas se presentaron al casting?

Recibimos cerca de 500 solicitudes, de los que seleccionamos a 70 para hacerles el casting. Ahí valoramos el talento, las cualidades, la capacidad de trabajo, la escucha, la ductilidad, la capacidad de improvisación, también la capacidad de frustrarse y de remontar...

¿Pide a los actores que sean auténticos todoterreno?

Sobre todo yo necesito ver si el que actúa en la obra se lo va a pasar igual de bien que yo, y de ahí para arriba. Yo no me gano la vida dirigiendo, así que valoro mucho el viaje. El rato que yo esté con los chicos, quiero estar feliz. No quiero gritos o enfados. Yo quiero que jueguen, que recuerden por qué eligieron ser actores. Cuando yo dirijo, es para recordar por qué me gusta el teatro, no para llegar a fin de mes. Y aun así, a 13 días del estreno, el protagonista principal me llamó y me dijo: “Me da mucho miedo el covid, me voy”. ¡Después de un año de trabajo! Entonces otra vez nos lo tuvimos que plantear: ¿paramos o seguimos? Y decidimos seguir. Andreas, que es el chico que ahora interpreta a Roselo, hizo el estreno con pinganillo.

Se cumplen diez años desde que creó su productora, Barco Pirata, nacida en plena crisis. ¿Se han acostumbrado a navegar en aguas tormentosas?

Yo soy el alma de Barco Pirata, pero mi socia, Nuria, es mi timonel. Yo soy el que propone el mapa del tesoro, el que dice: “Vamos a ir aquí”. Y Nuria me dice: “Entonces hace falta esta tripulación”. Sí, nacimos en plena crisis económica y con Wert como ministro de Cultura. Hemos surfeado lo más grande. Y cuando pensábamos que ya podíamos con todo, de repente aparece el más difícil todavía.

Algunos de sus montajes han tenido una gran repercusión: Lluvia constante, La cocina, Lehman Trilogy... Y lo ha logrado sin tener que claudicar ante lo comercial. ¿Supone mucha lucha el lograr que un proyecto se materialice tal y como uno lo ha ideado?

Yo no lo vivo como una lucha, sino como una necesidad. A mí, por ejemplo, me parece una lucha aprenderme un texto como actor. En cambio, como director, vivo como una lucha el que los teatros estén con la mitad del aforo o no haber tenido tiempo para ensayar, pero el proceso de llevar a cabo un proyecto no lo vivo como una pelea, sino como una experiencia maravillosa. Además, siento como si la obra me eligiese a mí. Funciono a base de flechazos. Siempre aparece algo interesante y entonces pienso: “De aquí puede salir una obra”. Ahora tenemos 15 proyectos en el cajón que son tan interesantes o más que Castelvines y Monteses o Una noche sin luna. Yo siempre me lo planteo así: “Quiero contar esta historia, ojalá que a la gente le apetezca escucharla”.

En el caso de Una noche sin luna (protagonizada por Juan Diego Botto), están logrando que el público salga emocionado.

Eso se vive de una manera brutal, cuando coincide que tú sientes la necesidad de contar algo y resulta que el público lo entiende y sintoniza con ello. Con Una noche sin lona ha sido así, una felicidad increíble. En algunas plazas, sobre todo en Castilla y León, a Juan Diego Botto a veces le miran con cara rara, en plan: “Ya está aquí el panfletario”. Y luego se sorprenden al ver la obra. Recuerdo que, en una función que hicimos en Valencia de Un trozo invisible de este mundo, el primero que se levantó a aplaudir fue Esteban González Pons (actual eurodiputado del Partido Popular). Si el teatro no está conectado con la sociedad, entonces no es teatro, es mero entretenimiento.

Asentado en Los Ángeles con ‘Snowfall’


En 2017, Sergio Peris-Mencheta se marchó a vivir a Los Ángeles con su pareja, la actriz Marta Solaz, y sus dos hijos, que actualmente tienen 6 y 8 años y ya son bilingües. El actor madrileño rodó la primera temporada de Snowfall, serie de FX producida para HBO en la que encarna a Gustavo Zapata ‘El Oso’, un luchador mexicano reconvertido en mafioso.

La serie es una radiografía de Los Ángeles en la década de los 80. “Se llama Snowfall porque la epidemia de crack cayó como una auténtica nevada en la ciudad y destrozó a la clase baja afroamericana”, explicaba Peris-Mencheta en 2017, en una entrevista con este periódico.

Desde entonces vive a caballo entre dos continentes, compaginando el mundo del cine y de las series del otro lado del charco con sus proyectos teatrales en España.

“Me encanta trabajar en Estados Unidos, al igual que me encantó trabajar en Francia o en Italia”, comentaba ayer. Entre otros proyectos, ha trabajado con Sylvester Stallone en la quinta entrega de Rambo (2019), encarnando al capo de un cartel mexicano de la droga que secuestra a la ahijada de John Rambo. Ahora acaba de rodar la cuarta temporada de Snowfall y comenzará con la quinta en septiembre. “Un episodio de Snowfall puede costar 10 millones de dólares. Cuando rodé Isabel, eran 600.000 euros por episodio”, compara.

PAPELES “CON ARMADURA”

“En Los Ángeles hay muchas oportunidades porque estás en el epicentro del entretenimiento a nivel mundial”, asegura el actor madrileño. “Pasas de hacer un casting para un papelito de una serie de aquí a tener una película con George Clooney. En Estados Unidos tengo un sitio que no tengo aquí, donde siempre me ha tocado ir con armadura y encima de un caballo. Nadie me ve en vaqueros”, cuenta.

En el cine ha encarnado al Capitán Trueno y a César Borgia (Los Borgia); en la serie Isabel interpretó al Gran Capitán, Fernández de Córdoba, mientras en El ministerio del tiempo se metió en la piel del Cid. “De hecho, también me llamaron para la serie de El Cid que han hecho ahora. Creo que solo me falta Pelayo”, bromea.

Castelvines y Monteses - Teaser

Ver vídeo

Castelvines y Monteses - Teaser

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora