Blanca Berjano (Premio de Poesía Fundación CAN) publica 'La barrera más bonita del mundo'
Blanca Berjano Rodríguez ha publicado su poemario que habla de la expoliación de los países africanos por parte del hombre blanco
y de la condición histórica de la mujer


Actualizado el 11/03/2021 a las 21:26
Cuando Blanca Berjano fue en 2018 a trabajar como profesora de Español a la Isla de Mayotte, al norte de Madagascar, no sabía que durante la cuarentena de 2020 iba a tener que alimentar con su comida a sus propios alumnos. Estas y otras realidades están reflejadas en forma de poemas en su libro 'La barrera más bonita del mundo', que ha publicado junto a la editorial Luces de Gálibo gracias a su primer premio en la modalidad de castellano del I Premio de Poesía de Fundación Caja Navarra.
¿Por qué decidió presentarte al concurso?
Yo pensé en presentarme al premio como una posibilidad para que mi obra se diera a conocer, como poeta joven es más difícil hacerse un hueco en el panorama literario actual.
¿De dónde nace su inquietud por escribir?
Empecé con la poesía tarde, con 20 años, y de casualidad. Bailaba flamenco y ensayábamos con canciones de Enrique Morente. El flamenco me conectó con la poesía. Intento leer más poesía escrita por mujeres porque llevo toda la vida leyendo a hombres.
¿Cómo describiría los poemas que ha reunido en La barrera más bonita del mundo?
Este poema está inspirado en la Isla de Mayotte, en el canal de Mozambique. Pertenece a Francia y está en la Unión Europea desde 2014. He estado en esa isla trabajando como profesora de Español durante 2 años, vine hace 6 meses. Aunque pertenece a Europa, esa adaptación es falsa o insuficiente. La mitad de la población son migrantes clandestinos, hay mendicidad y prostitución infantil y muchos mzungu -personas blancas europeas, sobre todo hombres- van a la isla a buscar menores. Muchas veces son sus propios alumnos, es decir, compañeros que trabajan para la educación pública francesa van a eso. La barrera más bonita del mundo denuncia todo eso empleando un lenguaje abstracto, jugando con la forma y quebrando el lenguaje. Hay una sintaxis dislocada y juego mucho con los sonidos o altero los significados. En Mayotte hay mucho trabajo sexual también, mujeres migrantes clandestinas cuya única posibilidad de sobrevivir es esa. También hablo de ellas. He intentado tener cuidado de no victimizar a estas personas, no presentarlas desde la conciencia de otredad y de no robarles la voz.
"Yo no sabía que me iba a encontrar a mis compañeros de trabajo en Madagascar de vacaciones con crías de 15 años"
¿Qué pretendía con el poemario?
Lo que quería era criticar esta situación y denunciar esto. En ningún momento digo en el poemario que estoy hablando de la Isla de Mayotte. Hay algunas pistas, como en el comienzo con la cita de la escritora Nathacha Appanah, que dice algo así como ‘Dices que Mayotte es Francia, vete al carajo’. Todas estas violencias se pueden extrapolar a otras realidades de otros lugares del mundo. No creo que Mayotte sea el único lugar en el mundo en el que los hombres blancos europeos se aprovechen de la vulnerabilidad de los menores y de las mujeres.
Cuando decidió ir allí a trabajar, ¿conocía esta realidad?
Fue un golpe absoluto. Había leído y me habían contando sobre la violencia, los robos o la migración en Mayotte. Se vivían situaciones límite. La gente está harta y se revelan, pero yo no sabía que me iba a encontrar a mis compañeros de trabajo en Madagascar de vacaciones con crías de 15 años. Nadie me lo dijo y es algo que vas descubriendo poco a poco. Es un problema real y nadie hace nada.
Aún conociendo esta realidad, el primer mes decide quedarse allí.
Me quedé 2 años y el primero sabía que me quería ir de allí. Como persona blanca soy consciente de mi privilegio. Soy una joven española que se ha ido allí porque no tiene trabajo en España. Soy profesora de Español como lengua extranjera y cuando empecé sabía que me quería ir. Pero no puedes dejar un trabajo sin haber conseguido antes nada. Allí hay muchas injusticias. Me pilló la pandemia y la cuarentena, y debíamos dar clase online. Solamente un 5% o 10% de nuestros alumnos tienen dispositivos electrónicos. Acababas dando clase a dos alumnos, y para mí eso no tenía ningún sentido. Luego me escribían alumnos mensajes al móvil o al correo diciéndome que llevaban varios días sin comer, porque muchos solo lo hacen en el comedor escolar. El Vicerrectorado de la isla no estaba haciendo nada, nos tuvimos que organizar los profesores para dar de comer a nuestros alumnos. Muchos viven en chabolas, sin luz eléctrica y sin agua. Cómo puedes imponer una cuarentena a gente que vive en una casa de hojalata que se pone a más de 40o durante el día. Comenzó a haber revueltas y la gente decía que no podían estar en casa y era mejor morirse de covid que de hambre.
¿Ha cambiado su vida tras haber vivido toda esta experiencia?
Sin duda. Antes no era tan consciente del privilegio blanco como lo soy ahora. En cuanto a mi forma de escribir, tengo entre mano otro proyecto poético, pero hablo de las mujeres de mi familia y de la guerra civil. Pero creo que siempre está presente como temática el feminismo.
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