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Exposición

Remigia Echarren, la funambulista que reinó en las alturas

Este sábado, día 9, se cumplen 100 años de la muerte de esta célebre pamplonesa que asombró con sus arriesgados ejercicios sobre la maroma. La efeméride ha inspirado un proyecto artístico liderado por la artista Tefi de Paz

Foto de la artista y actriz pamplonesa Tefi de Paz, posando el pasado lunes en el Centro Huarte junto a la esquela de Remigia Echarren y con el circo de pulgas que formará parte de la exposición 'La reina del Arga'.
La artista y actriz pamplonesa Tefi de Paz, posando el pasado lunes en el Centro Huarte junto a la esquela de Remigia Echarren y con el circo de pulgas que formará parte de la exposición 'La reina del Arga'.
Actualizada 07/01/2021 a las 16:16

Adoptó el nombre artístico de Mademoiselle Agustini, pero fue conocida popularmente como ‘Reina del Arga’ y ‘Reina de las alturas’. Su vida transcurrió en el mundo de la farándula y del circo, jugándose la vida en la cuerda floja como funambulista.

Entre sus proezas, la de cruzar varias veces el río Arga caminando sobre una maroma colocada a 10 metros de altura, y volver a recorrerla con los ojos vendados ante un público expectante. La prensa de la época llegó a considerarla “digna rival” de Charles Blondin, el acróbata y funambulista francés que logró la fama mundial al cruzar sobre una cuerda las cataratas del Niágara.

Pero Mademoiselle Agustini no era francesa, sino pamplonesa de pura cepa, nacida en el barrio de la Navarrería. Su verdadero nombre era Remigia Echarren. En los últimos años, su figura ha vuelto a salir a la luz gracias a varios libros que han recuperado los nombres femeninos más destacables de la historia de la capital navarra, como Mujeres que la historia no nombró o Ellas, las mujerese en la historia de Pamplona. En 2017 se le dedicó un minidocumental dentro del proyecto 'Píldoras de vida', puesto en marcha por el grupo Nombrar Mujeres en Pamplona.

‘AÑO REMIGIA ECHARREN’

Este sábado, día 9, se cumplen cien años de la muerte de Remigia Echarren, una efeméride que ha inspirado un proyecto artístico para dar a conocer la figura de esta célebre artista pamplonesa que asombró con sus arriesgados ejercicios sobre la maroma.

Esta iniciativa, liderada por la actriz y artista pamplonesa Tefi de Paz, arrancará el próximo 11 de abril -la fecha del cumpleaños de Remigia-, con una exposición en el Palacio del Condestable que llevará por título 'La reina del Arga'. La muestra, que se podrá visitar hasta el 11 de mayo, se completará con charlas y varios talleres de circo y manualidades. “Queremos que este sea el Año Remigia Echarren”, señala Tefi de Paz.

Con la colaboración de otros artistas, está ideando otros proyectos para que la figura de Remigia siga estando presente en la vida cultural de Pamplona a lo largo de este 2021.

Desde el pasado septiembre, Tefi está realizando una estancia artística en el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte, donde prepara las obras para la exposición, en la que evocará el mundo de Remigia y del circo del siglo XIX en varios ‘collages’.

“También estoy creando un circo de pulgas para contar la vida de Remigia”, adelanta. Además, sigue investigando sobre la vida de la funambulista, un personaje que le apasiona y con el que comparte muchas similitudes.

“La considero una precursora mía, quizá ella se haya reencarnado en mí”, bromea Tefi, que se formó como artista de circo e incluso llegó a ser seleccionada en un casting para el Circo del Sol.

“Remigia fue una pionera, una adelantada a su tiempo”, señala Tefi, que comenzó a indagar sobre ella el verano pasado. “Empecé a hacer ‘collages’ y de repente me vino Remigia a la cabeza. Cuando miré la fecha de su muerte y vi que el 9 de enero de 2021 se cumplía el centenario, se me encendió la bombilla”. Entonces empezó a investigar sobre el personaje y a idear proyectos.

“Mi objetivo es reunir la máxima información posible sobre la vida de Remigia, de cara a recopilarlo todo en un libro”. Además de bucear en archivos y consultar la prensa de la época, ha creado una cuenta de correo electrónico (lareinadelarga@gmail.com) para que puedan contactar con ella “todas aquellas personas que deseen aportar alguna información sobre Remigia”.

“GRAN ARROJO”

Remigia Echarren Aranguren (1853-1921) fue la tercera de los cuatro hijos que nacieron del matrimonio formado por el pamplonés Venancio Echarren y Manuela Aranguren, natural de Esquíroz. Nacida en el barrio de la Navarrería, fue bautizada como Leona Remigia, aunque ella decía llamarse Leona Benigna.

Aunque sigue siendo un misterio cómo llegó a formarse como funambulista, y tampoco se sabe cuándo actuó por primera vez ante sus paisanos, a los 29 años protagonizó un espectacular número en los Sanfermines de 1882.

El 12 de julio de aquel año actuó en la Plaza de Toros de Pamplona con la compañía de acróbatas y gimnastas Teresy y Velázquez. Cruzó la plaza por el tejado, de un extremo a otro, caminando sobre una maroma.

Demostró “gran arrojo y mucho aplomo”, según el diario pamplonés Lau buru. Se cuenta que el escritor Pío Baroja presenció aquel espectáculo. Remigia repitió su actuación en la Plaza de Toros los días 16, 23, 25 y 30. En los Sanfermines de 1883 cruzó varias veces el Arga, caminando sobre una maroma colocada a 10 metros de altura. El Ayuntamiento de Pamplona le pagó con 500 pesetas por su espectáculo, según consta en un recibo.

En 1884, la artista atravesó la Plaza del Castillo de noche, realizando difíciles ejercicios sobre una maroma que unía el Teatro Gayarre con el Café Iruña. Dos años después volvió a cruzar la plaza mientras se disparaban fuegos artificiales.

La fama de Remigia le llevó a cruzar ríos como el Pisuerga de Valladolid y la ría de Bilbao. Según atestigua un cartel de la época, la artista también actuó en los Campos Elíseos de Madrid “antes de salir para el extranjero”. Este cartel pone nombre a los intrépidos números que realizaba, como el “tan aplaudido ejercicio de la silla peligrosa” o el número llamado La ciega de los Alpes, en el que atravesaba la maroma con los ojos vendados y un saco en la cabeza.

En el número de la silla, “cuentan que solía tirarla y la gente gritaba pensando que se había caído ella”, cuenta Tefi. Por desgracia, acabó sucediendo. En 1892, Remigia sufrió un grave accidente en Ondárroa (Vizcaya), precisamente mientras realizaba el arriesgado número de la silla. Cayó de 15 metros de altura, rompiéndose un brazo.

Pese a esta fatalidad, en 1896 actuó en las ferias de Elizondo y en 1902 en Puente la Reina. Volvió a actuar en su ciudad natal en 1904, en la Plaza de Toros, con la compañía acrobática Manuel Carral. La propaganda de la época se refería a ella como la “intrépida y valiente artista pamplonesa”.

En julio de 1905 actuó en la Plaza de Toros de Vitoria y en agosto volvió a la de Pamplona. A partir de esa fecha, no se tiene constancia de ninguna otra actuación.

Según publicó el historiador y crítico musical Fernando Pérez Ollo, que trabajó como periodista en Diario de Navarra, “los años de fama y aplausos no le garantizaron una vejez confortable”. Acabó arruinada, vendiendo lotería por las calles de Pamplona.

Según recogió el historiador José Joaquín Arazuri, “la pobre Remigia había caído en el lazo amoroso de un sinvergüenza timador llamado Ciordia, antiguo estudiante de clérigo, que le sacó todas las ganancias”.

El tal Ciordia fue detenido en varias ocasiones. Solía disfrazarse de obispo haciendo falsas colectas para supuestos fines benéficos, y al final terminó en la cárcel.

Remigia falleció a los 67 años por una miocarditis, en su vivienda de la calle Dos de Mayo, sin sospechar que su historia seguiría fascinando un siglo después.

1883: crónica de su actuación en el río Arga

 


La única crónica que Tefi de Paz ha encontrado sobre las actuaciones de Remigia es una publicada por el diario pamplonés Lau Buru. Fue durante los Sanfermines de 1883. El espectáculo tuvo lugar en la parte del río Arga “contiguo a la fábricadel señor Pinaquy”, donde hoy se ubican las pasarelas del Club de Natación. Según narra esta crónica, Remigia colocó los pies en unos canastillos y, una vez sujeto este ‘calzado’, cruzó el río “con notable serenidad, llegando cuatro minutos después al término de su arriesgado viaje”. Tras descansar unos instantes, enseguida recorrió otra vez la maroma, esta vez con los ojos vendados y cubierta de medio cuerpo arriba con un saco de tela gruesa. “El público aplaudió con entusiasmo a la funámbula, la cual dio fin a sus arriesgados ejercicios cruzando de nuevo el río, pero esta vez ejecutando movimientos peligrosos y adoptando posiciones difíciles”. Concluido el espectáculo, recibió “calurosos plácemes que el público le tributaba admirado de su valor y de la seguridad con la que anda por la maroma”.

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