Desescalada

El teatro regresa a la Casa de la Juventud el viernes con 'La sombra'

Javier Urtasun y Amaia Rodríguez harán una lectura dramatizada del texto de Yolanda Almeida

En primera fila, sentados, Yolanda Almeida, la autora de La sombra, y el escritor Per Gaztelu con su guitarra. De pie, Amaia Rodríguez con el violín y Javier Urtasun al piano. Previo a la lectura dramatizada, Gaztelu, Rodríguez y Urtasun interpretarán una melodía compuesta para esta obra.
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En primera fila, sentados, Yolanda Almeida, la autora de La sombra, y el escritor Per Gaztelu con su guitarra. De pie, Amaia Rodríguez con el violín y Javier Urtasun al piano. Previo a la lectura dramatizada, Gaztelu, Rodríguez y Urtasun interpretarán una melodía compuesta para esta obra.Eduardo Buxens
En primera fila, sentados, Yolanda Almeida, la autora de La sombra, y el escritor Per Gaztelu con su guitarra. De pie, Amaia Rodríguez con el violín y Javier Urtasun al piano. Previo a la lectura dramatizada, Gaztelu, Rodríguez y Urtasun interpretarán una melodía compuesta para esta obra.

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Laura Puy Muguiro

Actualizado el 17/06/2020 a las 06:00

El teatro regresará este viernes (19 horas, entrada gratuita) a la Casa de la Juventud de Pamplona con la lectura dramatizada de La sombra, un texto de la escritora canaria afincada en Navarra Yolanda Almeida que publicó en febrero (Letrame Editorial) y que interpretarán Javier Urtasun y Amaia Rodríguez. Él es actor amateur. Ella, periodista, se subirá por primera vez a un escenario el viernes. La lectura dramatizada irá precedida de una actuación musical con una canción compuesta específicamente para la obra por el también escritor Per Gaztelu, que interpretará la guitarra al tiempo que Urtasun tocará el piano y Rodríguez, el violín. El aforo estará limitado a 40 personas. Será obligatorio el uso de mascarilla y el lavado de manos y se tomará la temperatura a los asistentes.

Autora de las novelas Asesinato en la Bahía (2015), Habitación 254 (2018) y La cuarentona (2019), fue escribiendo esta última cuando Almeida sintió que había temas “que se habían quedado en el tintero”, como la incertidumbre laboral y emocional y la insatisfacción personal ante la vida. Así empezó a nacer La sombra, su primera obra de teatro. El protagonista es Miguel (Javier Urtasun), un becario en un despacho de abogados “que no se siente realizado”. Toda la escena se desarrolla en casa de su psicóloga, Ariana, a la que interpreta Amaia Rodríguez, que lo primero que escucha decir a su paciente es que cree que ha matado a alguien. “Comienza un recorrido entre ambos para intentar comprender qué ha llevado a Miguel a pensar, psicológicamente hablando, que ha matado a alguien”. En el análisis de su vida de infancia, de adolescencia y adulta, surgirán las emociones reprimidas y las situaciones de rabia, de coraje y de decepciones que Miguel no ha sabido canalizar.

“MUY VISUAL”

A Almeida, el texto que estaba escribiendo le pedía movimiento. “Veía que como novela no terminaba de funcionar. Tuve la impresión de que ese movimiento, esa traslación, ese caminar de un Miguel nervioso que no deja de gesticular y que en muchos momentos se siente derrotado era muy visual, y el texto me pedía teatro. Tenía la sensación de que la profundidad psicológica de la historia llegaba más si era interpretada que leída en una novela”, señala la escritora canaria, de 30 años, que vive en Navarra hace doce, que está a punto de terminar la escritura de otra obra de teatro y que ha comenzado una tercera.

Siempre quiso llevar un texto al teatro. “Es una ilusión que he tenido mucho tiempo: crear algo que pudiera interpretarse sobre un escenario”. De hecho, los ensayos con Rodríguez y Urtasun ya comenzaron los primeros días de marzo, con una primera lectura en la Casa de la Juventud. La intención de los tres era seguir juntándose semanalmente para preparar la obra, e incluso ya habían puesto la siguiente fecha, el 16 de marzo. Pero dos días antes se decretó el estado de alarma y lo presencial se paralizó.

Por eso la cuarentena es uno de los motivos de que el evento del viernes vaya a ser una lectura dramatizada, unido a que los textos de Javier Urtasun son largos, que en esas semanas él ha teletrabajado como profesor con sus alumnos de 4º de Primaria y que resultaba complicado compaginarlo para “el estreno sin papel en este breve espacio de tiempo”. Porque eso también había tenido claro Almeida desde aquella primera lectura en marzo en la Casa de la Juventud: su idea era llevarla a escena en junio, y aunque la pandemia paralizó todo, en cuanto a finales de mayo se anunció que iban a poder abrirse los teatros y se habilitaban los aforos, no quiso dilatar en el tiempo la puesta en escena y buscó con la Casa de la Juventud la primera fecha disponible. Con sesiones de cine organizadas ya por el centro para tres sábados de junio, se cerró para este viernes.

No obstante, la escritora destaca que la lectura dramatizada es “una opción interesante” y que se ha realizado en otras ocasiones con distintas compañías, recordando como ejemplo un evento que se organizó con varios textos de Antón Chéjov a cargo de los actores Irene Escolar e Israel Elejalde en Madrid, en la Fundación Juan March.

Sin posibilidad de ensayos presenciales durante el confinamiento, estos han seguido por videoconferencia, a través del móvil, a lo que ha ayudado precisamente la decisión de preparar una lectura dramatizada en lugar de una actuación sin papeles. “Ya en mayo, a partir de que pudiéramos salir de casa y quedar con gente, volvimos a los ensayos presenciales”. Y la semana pasada, por primera vez juntos en la Casa de la Juventud.

SIN CONTACTO FÍSICO

Puede pensarse que ha resultado beneficioso que la obra de teatro tenga solo dos personajes, ya que resulta sencillo para Rodríguez y Urtasun mantener la distancia social de dos metros, ayudados además por una mesa colocada entre ambos.

“La obra apenas tiene contacto físico. Solo hay uno -Miguel zarandeaba a Ariana-, pero lo hemos adaptado a esta situación: ella camina hacia atrás y se sienta en un sofá. Ha sido una suerte que en el escenario solo deban estar Javier y Amaia y que en el texto se dé importancia a lo gestual, al movimiento, y no al contacto físico”, explica la autora.

Tranquilidad y nerviosismo, a partes iguales, siente Almeida ante el estreno. Tranquilidad porque no va a ser ella quien se suba al escenario y nerviosismo por esperar que técnicamente todo funcione correctamente y que el público pueda decir al final “que ha visto algo de calidad”. “Es una responsabilidad: es una obra que he escrito desde mis pensamientos y emociones y quien venga a verla la va a juzgar. ¿Qué dirá?”.

Digan lo que digan es consciente de que para ella va a ser una experiencia que no va a vivir nunca más, ya que se trata del estreno de su primera obra de teatro. “Eso no lo voy a tener más”.

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