Homenaje

La puesta de largo del Orfeón, en el hospital

Con mascarillas y separados entre ellos, homenajearon a los sanitarios y demostraron que así se puede trabajar

El homenaje se ha realizado en la explanada de Urgencias
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El homenaje se ha realizado en la explanada de UrgenciasJosé Carlos Cordovilla
El homenaje se ha realizado en la explanada de Urgencias

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El homenaje se ha realizado en la explanada de Urgencias
El homenaje se ha realizado en la explanada de Urgencias / José Carlos Cordovilla

Laura Puy Muguiro

Actualizado el 30/05/2020 a las 14:45

El Orfeón Pamplonés no ha querido esperar a que su primera actuación fuera un concierto al uso. En cuanto sus miembros han podido juntarse, con la distancia de dos metros entre cada orfeonista, lo han hecho. Fue este viernes, en el Complejo Hospitalario de Navarra, al aire libre. Allí quisieron acudir para su puesta de largo. “En este periodo de pandemia”, reflexionaba poco antes su director, Igor Ijurra, “hay muchos gremios que han tenido un riesgo evidente y han estado en primera línea, y entre ellos los sanitarios. Y pensamos que tiene un simbolismo un homenaje a todos los sanitarios con lo que sabemos hacer: cantar”.


Hubo aplausos al inicio. De los orfeonistas hacia los sanitarios, de los sanitarios a los orfeonistas y del público a todos. Porque lo hubo. Se trató de un acto sencillo, breve, de poco más de cinco minutos de música en los que los 62 orfeonistas participantes (suman más de un centenar) cantaron dos obras, y no todos a la vez. Por aquello de que el grupo no fuera muy grande. Un acto que duró apenas un suspiro en comparación al tiempo que invirtieron los orfeonistas en saludarse por primera vez después de casi tres meses, tras el último ensayo presencial del 10 de marzo, y en formar una nueva posición, para cumplir con la distancia interpersonal, y pasar de las características cinco filas con unos detrás de otros al llamado al tresbolillo (en filas paralelas, cada integrante de cada fila ocupa los huecos de la inmediata, formando triángulos), ayudados por unos pequeños banderines que habían clavado en el césped.


“La música y las artes son importantes para la sociedad y lo han sido en esta pandemia”, añadía Ijurra. “La música está presente en cualquier acto de nuestras vidas, y el Orfeón debía estar participando, como lo han hecho otros gremios, en este homenaje simbólico”.


Un homenaje a sanitarios y a víctimas: vistieron de negro, dejando ellos en casa sus camisas blancas y ellas, sus vestidos también blancos. Negro absoluto por estar de luto desde el miércoles por los fallecidos. “El momento indicaba que cantáramos de negro, y seguramente este verano sigamos así, ya por una cuestión práctica: ir vestidos desde casa para no utilizar como vestuario lugares comunes cerrados”.


Cantaron con mascarillas quirúrgicas. “Guardando los dos metros de distancia no tendríamos por qué llevar la mascarilla, pero lo hacemos porque queremos dar un nivel adicional. Podemos cantar con ellas, y las quirúrgicas son las mejores para hacerlo porque son con las que menos volumen se pierde”, señalaba Ijurra después de haber comprobado que el trabajo con una FFP2 “es muy exigente”. “Uno se cansa mucho y suda más y el sonido no sale tanto como con una mascarilla quirúrgica. Nos tenemos que adaptar a los tiempos: volver a nuestra actividad siempre y cuando la seguridad esté por delante, que lo está”. De hecho, así será también como trabajen cuando vuelvan a su sede para ensayar, no más de 24 personas a la vez, el límite que tienen en cuanto a metros cuadrados. Porque Ijurra reivindicó que los coros puedan salir. “Quizás haya que cantar con mascarilla, pero tal vez sea mejor que no cantar”.


Interpretaron Agur Jaunak (armonización del músico navarro Pascual Aldave) y Alma Llanera (del compositor venezolano Pedro Elías Gutiérrez). La primera obra, “como canto solemne, que sirve tanto para una salutación como para un adiós”; la segunda, un canto alegre, si bien en recuerdo también a lo que sufre Sudamérica en esta pandemia. “Lo nuestro y lo de fuera, lo solemne y lo alegre. Porque hay que seguir. La vida tiene que seguir hacia adelante”.


En la primera toma de contacto desde el 10 de marzo Ijurra se reconoció nervioso -“me ocurre siempre, a pesar de los 28 años que llevo dirigiendo, que se pasa cuando doy el tono”-, también por cantar en la calle, donde no hay reverberación, lo que lo convierte en más incómodo. Nervioso y raro, “por verles con la mascarilla, no haber abrazos y estar en corros manteniendo la distancia. Esta primera vez presencial va a ser rara, pero salud y seguridad por encima de todo”.


En su opinión, el acto de este viernes “de homenajear, de recordar y de empezar está por encima de la calidad que demos”. Porque, añadía, era importante que llegara el momento en que se simbolizase “que la cultura va a venir, que los coros van a empezar la actividad y van a dar conciertos este verano, tal vez no todos, pero sí algunos, a lo mejor de otra manera y con otra calidad, pero estando ahí”. “En el Orfeón consideramos además que debemos dar un servicio público: recibimos ayudas públicas importantes y eso se tiene que notar. El Orfeón debe ser quien vaya en la vanguardia y seamos un ejemplo para los demás, un ejemplo de ánimo y de que las cosas se pueden hacer”.


El acto se cerró con más aplausos, de todos a todos. E Ijurra se mostró satisfecho. No solo porque el sonido había sido mucho mejor de lo que pensaba. También porque habían demostrado “que así se puede trabajar”.

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