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Desescalada en Navarra

La rueda de los grandes eventos se para en seco

Ante la situación provocada por la covid-19, los técnicos de espectáculos se enfrentan a meses de inactividad. El Gobierno foral se ha comprometido a promover eventos para mantener vivo al sector, pero los grandes aforos no volverán hasta 2021

Un grupo de técnicos, trabajando en el montaje del escenario para el concierto que el cantante Mark Knopfler ofreció hace un año en el Navarra Arena.
Un grupo de técnicos, trabajando en el montaje del escenario para el concierto que el cantante Mark Knopfler ofreció hace un año en el Navarra Arena.
Actualizada 09/05/2020 a las 06:00

Runners, 'backliners, 'riggers', técnicos de sonido y de luces, regidores, promotores, managers, servicios de carga y descarga… Es solo una muestra de la diversidad de profesionales que se mueven detrás de un espectáculo de gran formato. Forman un gran engranaje, invisible a los ojos del público, que trabajan en todos los detalles del espectáculo, desde que comienza el montaje del escenario hasta que el público abandona el recinto.
La gran mayoría tienen contratos intermitentes y otros tantos son autónomos que no tienen una estabilidad debido a la temporalidad del sector. Ante la situación provocada por la covid-19, se han convertido en uno de los eslabones más débiles de la cadena cultural. Ante la suspensión de los grandes eventos, se enfrentan a meses de inactividad y a la desprotección.

El pasado jueves, el colectivo estalló con un duro comunicado, publicado por la Plataforma Estatal de Asociaciones de Técnicos del Espectáculo (PEATE). En él denunciaban haberse quedado fuera del paquete de medidas del Gobierno para apoyar al sector de la cultura. “El Ministerio de Cultura deja claro que no le interesa ni valora nuestro sector, lo que les lleva a ser cómplices de nuestra precaria situación y que muchas familias se vean abandonadas y dejadas atrás”, señalaron.

En Navarra, el sector de los servicios auxiliares para las artes escénicas, representado por Samuel Nicuesa, mantuvo el pasado marzo una reunión con la consejera de Cultura, Rebeca Esnaola, a la que también asistieron la consejera de Economía y Hacienda, Elma Sáiz, y el consejero de Desarrollo Económico y Empresarial, Manu Ayerdi. Ante la caída de los espectáculos con grandes aforos, el Gobierno foral se comprometió a promover un calendario de eventos a nivel regional para mantener vivo al sector.

Samuel Nicuesa es gerente de la empresa Esitecna Zero, con 15 años de trayectoria, que está especializada en eventos de gran formato. Se dedica a montar escenarios para conciertos como los que se celebran en el Navarra Arena o para festivales multitudinarios como el Sonorama de Aranda de Duero, que estaba previsto para mediados de agosto.

Nicuesa aporta algunas claves para entender por qué este sector “auxiliar” es tan vulnerable a la crisis del coronavirus. “Uno de nuestros grandes problemas es que no tenemos una reglamentación específica o industrializada. Es bastante difícil identificar a los componentes de este sector”, comenta. En su caso, su actividad empresarial figura como “fabricación de estructuras metálicas” en la clasificación del CNAE. “Somos un sector muy transversal”, apunta.

Lo que más preocupa es que, a la hora de retomar la actividad, no hay desescalada que valga. “Somos los primeros que paramos y los últimos que volveremos a la normalidad. Hay una gran parte del sector que va a tardar en recuperarse prácticamente todo el año”, calcula Nicuesa. “No tenemos ninguna esperanza de poder volver al trabajo hasta el primer trimestre de 2021”, asegura. “Es lógico que el Gobierno no pueda darnos una fecha de reapertura por la gran incertidumbre, pero nuestro sector necesita un tiempo de rodaje hasta que podamos poner la rueda en marcha”.

De momento, todo apunta a un verano sin grandes eventos. “En un festival como el Sonorama, que tiene un aforo de entre 40.000 y 45.000 personas por día, aunque se redujera a la mitad, no hay logística posible para controlar la distancia social con 20.000 personas”, explica Nicuesa. “He visto algunas ideas para sectorizar aforos, creando zonas o cubículos para que la gente esté sentada, pero ahí entra la parte de la rentabilidad. Económicamente, no es viable hacer un Sonorama para 5.000 personas”.

Además, apunta a la “barrera psicológica” que supone el miedo a las multitudes. “Hasta que no llegue una vacuna, ese miedo será difícil de vencer”. Mientras tanto, si el calendario de eventos se paraliza, la asfixia económica amenaza con barrer a buena parte de l tejido que se había creado. “Si tenemos que aguantar ocho o nueve meses de inactividad pagando la cotización de los trabajadores, habrá muchas empresas que no sean capaces de soportarlo. Respecto a los autónomos, en cuanto desaparezca el estado de alarma dejarán de percibir la prestación por la baja temporal de autónomo. Todas estas profesiones se quedarían desprotegidas durante meses”.

Por eso, ante este largo periodo de inactividad forzosa, cree que es necesario plantear “ayudas” a futuro. Nicuesa se muestra satisfecho con la respuesta del Gobierno foral, que ha promovido una mesa de trabajo con varios representantes de las artes escénicas. “Nos sentimos muy escuchados, porque nunca había tenido lugar un trato tan directo”, valora.

Saioa Erro: “Al aire libre se podrá controlar la distancia social”

Saioa Erro, de la empresa Global Servicios Culturales, considera que la administración pública deberá dar el “pistoletazo de salida” a la hora de promover o mantener en pie eventos culturales dentro de las restricciones que marque el coronavirus. “Ahora se está empezando a plantear qué medidas habría que adoptar, tanto para los trabajadores como para el público asistente, reorganizando los aforos para mantener la distancia de seguridad”. Cree que la llegada del verano ofrecerá la ventaja de organizar eventos al aire libre en los que se pueda controlar la distancia social. “Es importante hacer una labor de concienciación social. Manteniendo una serie de medidas, se puede asistir a eventos en condiciones seguras”.

El cumplimiento de las medidas sanitarias obligará a adaptar las gradas de los espectáculos a las distancias de seguridad recomendadas, lo cual conllevará una reducción de aforo. “Todos los conciertos que se celebren serán con el público sentado para poder controlar esa distancia”. Infinidad de detalles se verán condicionados por la “nueva” normalidad. “Por ejemplo, ¿cómo les colocamos los micros a los actores? Habrá que buscar otra solución porque no vamos a poder ponerles micros de solapa”, detalla. Erro cree que el Festival de Teatro de Olite podría servir como “prueba de fuego” para organizar otros eventos culturales más pequeños, “para que el resto de ayuntamientos vean cómo se puede trabajar”.

Por otro lado, Erro valora positivamente que el Gobierno foral haya promovido reuniones de trabajo con el sector. “Las empresas que nos dedicamos a las artes escénicas somos un sector que no está unificado ni por convenio ni por ningún tipo de asociación”.


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