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Un granito de arena musical desde los balcones navarros

Los balcones se han convertido en improvisados escenarios desde el que músicos y cantantes navarros intentan animar a sus vecinos

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Un granito de arena musical desde los balcones navarros
  • Paloma Dealbert
Actualizado el 22/03/2020 a las 08:03
Yo no puedo hacer otra cosa aparte de estar con mascarilla en el hospital y limpiarme las manos. Ya que me dedico a la música, lo único que sé hacer medianamente… ¡pues a compartirlo con la gente!”, razonaba Rosa Larraburu Juanena, acordeonista y codirectora de la Academia de Música Iruña. Esta pamplonesa empezó a salir el miércoles pasado a su balcón con su instrumento para alegrar a sus vecinos de la calle Pintor Zubiri, en el barrio pamplonés de Iturrama. “Para animarme yo y a la gente”, aclara Larraburu que, además de sus clases, ha tenido que cancelar los conciertos de su grupo Le Tango Noir y todas las mañanas va al Hospital San Juan de Dios para estar con su padre.

Por las redes sociales circulan varios vídeos de músicos, profesionales o aficionados, que se están acercando a la terraza o s ventana para ofrecer un pequeño concierto entre los aplausos de sus vecinos estos días de cuarentena. Estos momentos de evasión de la rutina entre cuatro paredes parecen crear un vínculo entre los habitantes de un mismo bloque o calle que, a veces, ni se ponían cara unos a otros. Estas citas en el balcón se repiten en ciudades de toda España e Italia. Y constituyen un pequeño recordatorio de la función ha cumplido la música en todas las sociedades a lo largo de la historia.

Para Adela Martín Cólera, profesora de piano en la Escuela de Música Joaquín Maya durante más de 30 años, este papel estaba claro. Junto a su pareja, Héctor Pérez Capilla -también pianista y docente en el centro municipal, y especializado en jazz-, forma un dúo que ameniza el confinamiento de la calle San Nicolás, en el Casco Viejo, todos los días a las 13.30 horas. Héctor Pérez, que desde hace 3 años toca el trombón, se asoma al balcón. Ella se queda en el interior, con un piano eléctrico conectado a un amplificador, y asegura que le impresiona actuar en situaciones como la presente: “Al tocar con la ventana abierta, siento que lo que está llegando a nuestros vecinos es muy especial, muy emocionante. Muy vivo. Estamos empatizando todos”.

Entre su repertorio musical hay piezas de Bach, Chopin o Erik Satie. Pero como ya tienen un público fijo que los reclama como se retrasen unos minutos y con otras preferencias, también han incluido rancheras y hasta canciones de Los Payasos de la tele. “El otro día fue el cumpleaños de un niño y nos pidió tocar”, recuerda Héctor. “Fue muy bonito porque estaban los dos pequeños del segundo muy nerviosos, ya tantos días sin salir, y era su ‘cumple’. El vecino de enfrente le puso en el balcón ‘felicidades’ en grande. Tocamos el Cumpleaños Feliz con el trombón y el piano y cantamos todos”, añade Adela Martín. Agradecidos con el personal que está trabajando durante estos días expuesto, ellos continúan en contacto con sus alumnos, en los que advierten que tocar “está dando aguante y fortaleza en estos momentos de aislamiento”.

FESTIVAL EN LAS VENTANAS

En otros barrios de la capital, lo que empezó como una iniciativa particular ha dado lugar a prácticamente un festival que agrupa varios bloques de pisos. En Lezkairu, Iñaki Reta, director de la Escuela de Jotas Irabia, fue el impulsor del espectáculo. Creó una dirección de correo que colgó en su balcón, y se fueron sumando otros residentes que contribuyen de distintas formas todas las tardes a las 18 h.

En cuanto se enteraron, su pareja de vecinos formada por la soprano María Lacunza y el saxofonista Rubén Sáenz Martínez, ambos de 26 años, quisieron participar. Él tomó parte de la fiesta el miércoles durante los cánticos de ánimo a Osasuna y ella sorprendió a los moradores limítrofes con sus dotes líricas el jueves al interpretar O sole mio. Ayer, como han establecido para los días festivos, hubo un ‘vermú musical’ y los dos interpretaron un aria de Zarzuela. Lacunza, que ejerce de educadora y estos días está teletrabajando, ha cursado durante cuatro años los estudios de canto en el Conservatorio Superior de Música de Navarra. Al terminar la melodía el jueves, le pidieron un bis, y también a la noche después de los aplausos. “Lo primero que me ha sorprendido es que conocía a vecinos que no sabía que vivían cerca de mí. Nosotros nos mudamos hace bastante poquito la verdad es que no teníamos relación con prácticamente nadie”, aduce Lacunza. “Se está creando muy buen ambiente. Ya hemos dicho que en cuanto acabe la cuarentena organizaremos un picoteo en el patio interior”, asegura con ilusión.

También con su voz, Javier Andueza Erasun, de 22 años, contribuye a este fenómeno en Iturrama. Andueza acostumbra a cantar en verbenas y mariachis. Estudió parte de la carrera de piano y ha participado desde que tenía 9 años en el Orfeón Pamplonés. Lo que empezó más como un pique familiar para ver si se atrevía a salir, ha terminado por encadenar cinco días de pequeños conciertos para sus vecinosdespués de los aplausos de las 20 horas. El joven se muestra satisfecho con la experiencia: “Es muy gratificante”, aunque se replanteará seguir asomándose a la ventana si la cuarentena por el coronavirus se alarga.

En unos momentos de unidad y redescubrimiento de lo quienes hay alrededor también se recurre a lo propio de la tierra, con un rico repertorio jotero. Pero no solo en la capital navarra. En Sangüesa, mientras toca la guitarra, Marta Sola entona unas jotas en el balcón. Guiado por la estela de Iñaki Reta, el joven Rubén Garde, alumno de la Escuela de Jotas de Irabia, hace lo propio enn Villava por las tardes. Y en Corella, la idea llevó a Boni Olloqui Jiménez a sacar la guitarra. “Canta en cualquier lado”, advierte su hija Zuriñe, de 22 años. Los dos forman parte de la Escuela de Jotas de Arróniz, y con el éxito del primer día, y dada la relación que mantienen con sus vecinos, han repetido la cita, con jotas y habaneras, que cada día dedican a alguien diferente. “Es un arte que une mucho a las personas. se olvidan de todo tipo de diferencias que puedan tener, que se olvidan durante un rato de una situación mala”, concluye la joven.
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