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Entrevista
Escritora y periodista

Marta Robles: “Mi novela plantea si ser padres es un acto de generosidad o de egoísmo”

Marta Robles acudió al Club de Lectura de Diario de Navarra para presentar 'La mala suerte', novela negra en la que ahonda sobre asuntos tan delicados como las desapariciones, los malos tratos o la decisión de tener hijos

Marta Robles en el club de lectura de Diario de Navarra

Marta Robles en el club de lectura de Diario de Navarra

Actualizada 16/11/2018 a las 19:23
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Cuando comenzó a escribir A menos de cinco centímetros, no sabía si el detective Tony Roures iba a ser protagonista de una sola novela o iba a convertirse en el personaje que ayudaría a Marta Robles (Madrid, 1963) a abordar distintos temas que transitan por la sociedad actual y que, además de delicados, incluso espinosos, precisan de una reflexión por parte del ser humano. Pero la escritora y periodista pronto despejó sus dudas sobre la temporalidad que iba a tener Tony Roures en su andadura por el género de la novela negra. Y ello porque mientras terminaba el último capítulo de su primer relato policiaco, surgió el germen de La mala suerte, el nuevo “thriller” que acaba de publicar y que presentó el jueves, 15 de noviembre, en el Club de Lectura de Diario de Navarra (19.30 horas).

Marta Robles es desde hace décadas uno de los rostros y la voces más conocidos de la radio y la televisión. La periodista colabora en programas de televisión como Espejo público, en Antena 3 o El Cascabel en 13 TV, además de presentar Crímenes en DKiss, una serie que analiza los casos más conocidos de la historia criminal de Estados Unidos. A ella suma colaboraciones en prensa en La Razón y la Gaceta de Salamanca y su trabajo como escritora, faceta que comenzó a desarrollar en 1991. Desde entonces, Marta Robles ha publicado 14 libros, siete de ellos de ficción y los dos últimos, de novela negra.

Ganadora del premio de novela Fernando Lara en 2013 gracias a Luisa y los espejos, la escritora se adentra por los secretos y debilidades humanas. Así lo hace en La mala suerte, novela que comienza con la extraña desaparición de una joven en Mallorca, de la que, tras dos años de intensas búsquedas, no parece haber ninguna pista. Y con esta trama, la autora se enfrenta a temas espinosos y controvertidos como la desaparición de personas, los malos tratos, los abusos sexuales, las gestaciones subrogadas y adopciones ilegales. “No hay que mirar para otro lado. Pretendo que el lector, al cerrar la novela, tenga un tiempo para la reflexión”, indica.

Todo comienza con la búsqueda de una chica desaparecida, pero La mala suerte está llena de dolor. ¿Quería que su novela fuera así de dura?

He reflexionado mucho sobre la intención literaria de esta novela. Quería tratar el asunto de la maternidad y la paternidad, al que llevaba mucho tiempo dándole vueltas. Y lo que intenté desde el principio es crear unos personajes y una historia que me permitiera plantear varios asuntos vinculados con los hijos. Por ejemplo, qué estamos dispuestas a hacer las personas para conseguir ser padres o madres y hasta dónde somos capaces de llegar. También, plantear si ser padre o madre es un acto de generosidad o de egoísmo.

Lucía Peña, así se llama la joven de 18 años que desaparece en su novela. ¿Le han dicho alguna vez que la historia recuerda al caso de Diana Quer?

Las desaparición de chicas en España tiene un patrón prácticamente calcado. Lo que ocurre es que el caso de la desaparición de Diana Quer fue especialmente mediático y por eso lo tenemos más metido en la cabeza. Pero con Lucía Peña no pensé solo en Diana Quer, sino en todas las chicas desaparecidas.

Es madre, periodista y supongo que una mujer atenta a estos tristes sucesos que ocurren en la actualidad. ¿Qué piensa?

No quiero poner tanto el foco en las propias desapariciones que es un fenómeno de todos los tiempos, algo que nos asusta y nos acongoja a todos, sino en el sufrimiento que suelen tener los familiares y los allegados de las víctimas por varias razones. Hay un sentimiento de culpa, la angustia de pensar que no vas a volver a ver a esa persona, además de la exposición mediática a que te juzguen los demás. Esa incertidumbre debe ser matadora y el juicio paralelo de la sociedad también. Quería juzgar esta situación porque me permite ir conociendo lo que sucede en las familias actuales

Parece que ha escrito una ficción saturada de realidad. ¿Qué ha descubierto?

Que muchos problemas de la sociedad tienen que ver con el machismo, roles asignados, problemas de malos tratos, abusos en la adolescencia. Son problemas que forman parte de nuestra vida y que muchas veces no nos paramos a pensar. A lo mejor estamos pensando en los grandes malos tratos y nos olvidamos de los cotidianos. O estamos pensando que los hijos adolescentes son un rollo y no nos damos cuenta de lo que sufren ellos mismos.

El tema de la maternidad y paternidad recorre toda la novela como un planteamiento moral. ¿Por qué lo hace?

Porque es un tema que me obsesiona, porque creo que hay padres que son capaces de cualquier cosa por conseguirlo, incluso de saltarse algunos límites. ¿Hasta dónde pueden llegar las técnicas de fertilidad? Esa es una pregunta cuya respuesta la dejo a los lectores, que cada uno saque sus propias conclusiones.

La mala suerte hace una radiografía social, pero en sus personajes hay mucho dolor

Tienen un perfil psicológico muy definido. Vemos sus sufrimientos, sus duelos, sus necesidades y sus carencias. Creo que si nos abrirían a todos en canal no encontraríamos a nadie que fuera inmensamente feliz. Todos tenemos una memoria selectiva y tratamos de convivir con los buenos recuerdos para que nuestra vida sea más grata. Pero a veces la memoria juega una mala pasada y aparecen recuerdos de los que no estamos tan orgullosos. La felicidad son momentos o destellos, pero la vida es un valle de lágrimas en muchas circunstancias. Para algunas personas más que para otras.

Las mujeres que ha creado en su novela no son precisamente felices, todo lo contrario.

No son ejemplares, son mujeres con sus rotos. Parece que siempre queremos poner a las mujeres perfectas, pero lo que yo quiero es que las mujeres sean tan buenas, malas y regulares como los hombres. Hasta que no consigamos que haya tantas mujeres buenas, malas y regulares como hombres en el mundo entero, pues no habrá un principio de igualdad que yo siempre defiendo.

Ha comentado en más de una ocasión que quería ser escritora antes que periodista

Es lo que quería hacer desde niña, incluso antes de soñar con ser periodista. He escrito desde pequeña. Soy una escritora versátil porque empecé escribiendo ensayos y biografías pues me parecía que tenía que ver más con mi quehacer de periodista. También soy una mujer muy prudente, una gran lectora, que tengo muchísimo amor a la literatura. Me parecía que tenia que ir paso a paso y por eso empece escribiendo no ficción, Y cuando me sentí más preparada, me lancé a la ficción. Ahí sigo.

Parece que se encuentra inmersa en su tercer proyecto de novela negra. ¿Se siente cómoda en este género?

Soy de una generación que empezó a leer con las aventuras de Los Cinco, Los Siete, Los tres investigadores, que no dejan de ser novelas policiacas. Supongo que siempre tenía ocultas esas ganas por ahí... Y cuando tenía 12 años leí mi primer libro de Allan Poe. Fue quien determinó mi manera de escribir. Las novelas negras no tienen que ser reales, pero sí verosímiles y no se trata tanto de buscar una moraleja, sino de hacer una radiografía de la sociedad, una radiografía del mal. Y mi detective me lleve de la mano para hacerlo. e perfecto.

Ha conseguido que Tony Roures sea un personaje mediático. ¿Qué hay de Marta Robles en el detective?

Soy una mujer muy intensa, muy comprometida, y me implico hasta el corvejón” con todos mis personajes. Pero Roures es parte de mí, por lo menos tiene esa adicción a la lealtad que yo también creo que tengo. Y el nombre también se identifica conmigo. Roures es Robles en catalán y es Carvalho en gallego. Con él rindo un doble homenaje: a mi padre, que se llamaba Antonio Robles, y a Manuel Vázquel Montalbán y su personaje Pepe Carvalho.

Cuando termina el último folio de cada novela, ¿la deja leer a alguien de su círculo más cercano?

La dejo dormir una semana y luego la comparto con Carmen Orellana, una amiga mía que es filóloga, con la que suelo leerla en voz alta. Es un regalo poder hacerlo así. A veces también Carmen Posadas y yo nos intercambiamos las novelas, pero una vez entregadas en la editorial.

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