Director de 'Perdiendo el este'

Pablo Caballero: “Cuando vine en San Fermín me asusté: '¿Cómo vamos a rodar esta locura?”

Pablo Caballero dirige estos días en Pamplona el largometraje ‘Perdiendo el este’, la secuela de ‘Perdiendo el norte’, que lleva a sus protagonistas a Hong Kong y a un encierro de San Fermín rodado en pleno mes de enero

“Cuando vine en San Fermín me asusté: '¿Cómo vamos a rodar esta locura?”
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“Cuando vine en San Fermín me asusté: '¿Cómo vamos a rodar esta locura?”José Antonio Goñi
“Cuando vine en San Fermín me asusté: '¿Cómo vamos a rodar esta locura?”

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Ion Stegmeier

Actualizado el 01/02/2018 a las 06:00

Como los cientos de figurantes de cine que esta semana trasladaron un encierro de San Fermín de julio a enero, Paco Caballero también se anudó un pañuelo rojo al cuello. Los directores no salen en pantalla -excepto Hitchcock, Tarantino y algún aficionado más a los cameos- pero Caballero, que está al frente del rodaje de Perdiendo el este, se movía estos días por la plaza del Ayuntamiento y el trozo de vallado que se ha reconstruido como un mozo sanferminero más; quizá porque, de algún modo, este rodaje es una fiesta para él y lo disfruta casi todo el rato. El director de esta película es natural de un pueblo de Madrid, pero lleva diez años y medio en Barcelona, así que se considera un poco catalán. A sus 37 años, Caballero, que viene del mundo de los cortos -entre ellos el celebrado Doble Check- y de la televisión -especialmente en TV3-, se ha visto de repente al frente de la secuela de Perdiendo el norte, una película que fue vista en el año 2015 por más de 1,6 millones de espectadores, recaudó 10,5 millones de euros y generó una serie de televisión..


¿Para alguien que viene de los cortos y la tele una película así es una especie de graduación?

Parece que es grande, porque estamos rodando en Hong Kong, en Madrid y en Pamplona, pero no lo es tanto [risas]. Yo me tomo todos los proyectos igual, como si es un corto o un capítulo de una serie de televisión, me lo dejo todo. Es lo mismo. Lo que pasa que al final gestionar un largometraje tiene más trabajo que un corto, pero no es tan complicado como puede ser una serie. Las series al final son trece capítulos y tiene que haber un raccord emocional. Esta película la afronto con mucho respeto y con mucha prudencia, porque al final es verdad que el largometraje es lo que los directores queremos hacer cuando decidimos dedicarnos a esto. Pero intento disfrutar lo que se puede. Como comedia que es, hay que pasárselo bien.

Toma el relevo de Perdiendo el norte y su director, Nacho G. Velilla, que convierte en oro todo lo que toca.

Claro, El reto es muy grande,y hay mucha presión pillando el relevo de Nacho, que es un tío que saca productos que los ve mucha gente. De repente te dicen: “¿Quieres hacer una peli? ¡Toma peli!” [risas]. Es un privilegio, tengo la sensación de que me ha tocado la lotería. Sientes de algún modo que te han dado un juguete, pero este juguete tiene que verlo la gente.

¿De verdad disfruta mientras rueda?

Bueno, ayer [por el martes] te puedo asegurar que no, pero hoy [por ayer] me lo he pasado mejor. Cada director es un mundo.

¿Y usted cómo es?

Yo soy puro nervio. Pero la tensión no me gusta nada en el rodaje, me gusta que la gente esté distendida, que nos riamos, que nos lo pasemos bien sobre todo al ser ésta una comedia. Me gusta que todo el mundo esté riéndose, pero es verdad que hay días con mucha tensión, que vamos muy pillados de tiempo y no lo disfruto nada. Es muy irregular. Eso sí, el día que lo disfrutas vale por cien días que no los disfrutas, eso es lo que merece la pena de rodar.

¿Y qué paso el martes?

En exteriores todo es mucho más complicado, se te junta mucha figuración, tienes un día para rodar porque al día siguiente está anunciado que va a llover y no te puedes dejar nada... pueden salir cosas mal y se te van acumulando y es difícil gestionar todo eso. Pero estoy muy contento porque está quedando todo muy bien. Me está gustando muchísimo.

Tuvieron un susto en Puente la Reina, por ejemplo.

Otro momento donde dices: ¡Qué mal! Hicimos un encierro con la figuración corriendo y de repente hay alguien que se cae y se hace daño. El hombre se luxó el codo y fueron unos momentos horribles, tardó la ambulancia en llegar... lo que importa es que una persona ha venido a tu rodaje y se ha hecho daño. Esa tension te deja muy mal cuerpo, te va minando porque te haces un poco responsable. Esa gente no se lo ha pasado bien en tu peli, y eso es una putada.

¿La climatología de Pamplona le ha vuelto muy loco?

Yo, mira, te digo una cosa: esto es una nevera [risas]. Paso mucho frío en los interiores, paso mucho frío en exteriores, paso mucho frío en todos los lados. Estamos rodando en una nave que es el IWER y tengo vaho mientras ruedo. En Hong Kong nos pillaron días lluviosos en exteriores, que también fueron duros, pero allí la temperatura media son 18 grados. Vienes aquí y, pum, el frío, rodando los Sanfermines con vaho. Pero bueno, al final la ciudad tiene muchas otras cosas que merecen la pena y compensan. Se vive muy bien aquí.

¿Recrear Sanfermines en enero fue el mayor reto?

Ha sido un reto muy grande, pero no solo por la climatología, sino también por cómo hacer que haya tanta gente que no hemos podido tener, porque encima queremos que parezca el 7 de julio. Nos vinimos en julio a los Sanfermines de verdad para rodar cosas concretitas. De todos modos, el mayor reto para mí ha sido rodar unos Sanfermines sin toros.

¿Cómo lo han hecho?

Para eso cuento con El ranchito, que es una productora de VFX [efectos visuales que integran imágenes reales con otras generadas por ordenador]. Es un estudio que es de los mejores, que han trabajado para Juego de Tronos, Un monstruo viene a verme y gente muy buena. Y, claro, tengo confianza plena en que habrá toros en la película. El reto era más tener toros que tener calor.

¿Cuando vino en julio y vio lo que era qué penso: ‘Ay, madre, cómo recreo yo esto?

Me asusté. Nunca había estado en el ambiente de San Fermín y me pareció una locura máxima en todos los sentidos, tanto en el encierro como después de ellos. La preocupación era: ¿Cómo vamos a hacer esto? El número de gente que hay aquí, la locura que es, ¡yo esto no sé cómo se rueda!

¿Cómo se rueda?

Te pones a currar poco a poco y al final te centras más en los personajes que en todo lo que les rodea. Lo vas salvando con planos del San Fermín real que tomamos en julio cruzados con lo que hemos rodado, generando tú el ambiente, porque hemos cogido a corredores profesionales que cogían a Braulio, que es el personaje de Julián López, le agarraban, le explicaban la manera de correr... Yo no quería que corrieran dando un paseo, quería que hubiera un punto de que Julián se fuera al suelo y pudiera pasarlo mal. Fue todo muy real y funcionó bien, pero tenía miedo. Esto ha sido una fiesta, yo me lo he pasado teta con la gente que ha recreado todo esto. Los figurantes lo han dado todo.


¿Contar con Leo Harlem, Carmen Machi o Julián López a lo largo del rodaje también ha ayudado?

Te digo una cosa: son un descojone todo el rato. To-do el ra-to. Me estoy riendo con esta peli tanto dentro como fuera, con las cosas que no están escritas. Para mí esto no está pagado, es estar como yendo a un monólogo, pero vas a trabajar. Leo es un tío espectacular, no para de soltar chistes. Carmen es un actrizón como la copa de un pino, divertidísima, y Julián... es que yo era muy fan de Julián López. He visto La hora chanante y Muchachada Nui millones de veces. Tener este reparto es un privilegio. Además tengo a Miki Esparbé, que con él he currado en casi todos mis cortos, ya nos conocíamos muchísimo y tenerlo aquí es una gozada.

¿Está preocupado por la situación del audiovisual en Cataluña? En los premios Gaudí la directora de la academia catalana alertó de que a lo mejor era la última edición porque no se rodara este año.

Cada vez se está produciendo menos en Cataluña. Es verdad que hay un miedo, pero creo que es un miedo a nivel estatal. Yo he estado trabajando bastante en TV3 y es verdad que corremos un riesgo. Se tiene que pagar ahora una multa con el IVA de nosecuántos años atrás y TV3 va a dejar de producir ficción. Si ya había pocas series al año, que había como tres o cuatro producciones, este año se van a quedar en cero. Hay un miedo que no veas. A nivel de cine también. No hay más que ver las películas de los premios Gaudí, son pelis hechas con un cariño y mimadas con un gusto exquisito, pero son pelis enanas que no llegan a todo el mundo. No se pueden producir de otro tipo.

¿Puede que algunas vengan a Navarra ahora que están creciendo aquí las facilidades?

Tanto Navarra como Canarias nos ayudan a poder hacer cine. Es más fácil. Estas iniciativas son geniales para nosotros y para la comunidad que lo hace, el beneficio es recíproco. Que venga un equipo de tanta gente durante tanto tiempo al final también es dinero. Lo que no entiendo es que no pase en más comunidades. Hay algunas que te ponen problemas más que ayudarte.

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