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La cámara del revés

Maider Kuadra, la fotógrafa que vuelve a 1851

Tiene en su estudio dos cámaras de madera de 1910 y 1920. Y con ellas hace fotos, de paisajes, personas y personajes, que recuerdan a aquellas imágenes de la época de bisabuelos y más allá, pero que ella utiliza para reflexionar sobre las raíces, la tierra, el contacto, lo ancestral...

Imagen de Maider Kuadra posando con la cámara Kodak de 1920, con la que trabaja las técnicas antiguas.
Maider Kuadra posa con la cámara Kodak de 1920, con la que trabaja las técnicas antiguas.
Actualizada 11/08/2017 a las 09:16

Su abuelo paterno era fotógrafo profesional, y ella se recuerda entrando desde muy pequeña en la habitación donde trabajaba “y flipar” con las fotografías que él le enseñaba, muchísimas, de personas. ¿Quiénes serían?, se preguntaba aquella niña sobre la identidad de esa gente que quedaba grabada en las imágenes. “Y desde muy pequeñita me quedé enganchada”, reconoce la pamplonesa Maider Kuadra Ruiz de Gordejuela, de 42 años. Enganchada a lo ancestral, a las raíces, a la tierra, al contacto... Aunque aún hoy no sepa decir por qué. “Estoy en ello”, cuenta riendo. Por raíces tiene también una de las dos cámaras con las que trabaja: la que fue de su abuelo, de 1910, que alterna con una segunda de 1920 -con la que se ha fotografiado para este reportaje- para trasladarse con ambas, “piezas de coleccionista”, a hace dos siglos, a 1851, a cuando las sesiones de fotos con el profesional no las marcaba el reloj. “Se trata de volver a disfrutar con la fotografía”.

Cuando la cámara de su abuelo, “de madera, ya sin marca”, llegó a sus manos empezó a investigar cómo funcionaba, aprendiendo la técnica, que se denomina colodión húmedo: consigue imágenes mediante el revelado sobre una hoja de metal (ferrotipo) o sobre un cristal (ambrotipo).
“Era una técnica que duró 70 años de forma muy activa por todo el mundo, hasta que aparecieron otras más rápidas, con las que no había que pasar una hora posando para conseguir la foto”, explica Kuadra. Esa hora de pose a la que se refiere no es una forma de hablar.

“Con esta técnica vas muy despacito. La gente debe posar para ti en tiempos de exposición de entre 8 y 30 segundos y sin moverse lo más mínimo”. Al ser una fotografía tan lenta de preparar -“tardo al menos media hora en hacer una foto”- “a la gente se le quita su máscara: no puede aguantar media hora con cara de foto, que desaparece”. A pesar de la aparición de técnicas más novedosas en las primeras décadas del siglo XIX, hubo quien artísticamente la conservó y se dedicó a difundirla, hasta llegar a nuestros días, y a Kuadra, que la trabaja desde 2009.

Suma ocho años ya con esta técnica, que no con la fotografía, ya que desde adolescente tuvo claro a qué quería dedicarse: rompió su hucha con 13 años y se compró su primera cámara, una Zenit. “Quiero ser fotógrafa”, anunció. Y encaminó sus estudios hacia allí, primero en la Escuela de Artes y Oficios y después con un máster de fotografía en experto universitario en acción creativa y fotografía. Sabe que no se equivocó. Porque no solo vive de la fotografía: es la forma de expresión que le sirve de contrapunto a la timidez que confiesa albergar. “Es un medio para conocerme y transmitir lo que tengo dentro, todas mis inquietudes y preguntas de autoconocimiento y conocimiento de lo que me rodea. Me sirve para tener calma en medio de esta sociedad con tanta prisa y en la que nos hemos acostumbrado a no mirar, a no reposar y a no preguntarnos”.

Su procedencia del mundo analógico, del laboratorio, de ese lugar del juego de químicos, luz roja y oscuridad, le ha influido en su forma de trabajar en el mundo digital. “Cuando voy a iniciar un trabajo, me planteo el tema, me documento sobre él y luego hago mis bocetos. Si mi exposición es de 36 fotos, hago 40. No soy una fotógrafa de hacer muchas fotos”. También le influyó en querer investigar sobre las técnicas de hace dos siglos “Me di cuenta de que con el digital no podía hacer lo que me gustaba, pero sí con los químicos de estas técnicas antiguas del siglo XIX: esta fotografía tiene mucha plasticidad, es muy expresiva, que era lo que me faltaba con la digital, y por eso empecé a investigarla”.

TRANSMITIR QUIETUD

“Muy gratificante”, apunta, es observar cómo el público se entusiasma con estas técnicas antiguas. Lo comprueba en su estudio y en cada curso y demostración que dirige y a los que acude con su cargamento: cámaras, laboratorio portátil, químicos, agua... “Significa volver a disfrutar de la fotografía, volver a la estética y a la forma de hacer del siglo XIX”, señala, criticando que en España no se valoren este tipo de fotos, “no como en Europa”. Lo ha experimentado: prepara una exposición para febrero en Alemania, en Dresde, donde le han invitado a participar después de que en 2016 realizara una residencia artística en Bulgaria, enviaran desde allí uno de los catálogos de Kuadra a la sala expositiva de Dresde y llegara entonces la invitación. “Está claro que si quieres trabajo artístico, tienes que salir de España. Una pena. Si ni siquiera el trabajo del fotógrafo se valora, imagina la fotografía artística”.

Cuenta que “son muy pocos en el mundo” quienes se dedican a esta técnica, pero que el trabajo divulgativo y lo que ella percibe en la sociedad están haciendo cambiar la situación. “Vivimos en un momento de tal estrés que tengo la sensación de que la gente está pidiendo hacer las cosas de otra forma”. De ahí la importancia que otorga a su parte docente, “para poder transmitir esa quietud y ese entendimiento en la mirada”. “Me gusta transmitir el entusiasmo que me provoca el acto de mirar y de plasmar lo que siento: que la fotografía es algo que nos puede servir para comunicarnos, conocernos y relajarnos. Conocernos a nosotros por medio de nuestra cultura, de nuestras raíces, de nuestro presente y de nuestro pasado”.

Y añade que cuando el público se ve retratado en esas fotografías sobre chapa o cristal “se encuentra raro”. “Que parecen sus bisabuelos, me dicen”. Pero que le dan al trabajo el valor que se había perdido: “El de la fotografía que requiere su tiempo”.

Media hora mágica para una foto

Maider Kuadra ha elegido para este reportaje la foto de un herrero de los carnavales de Lantz. La tenía pactada, como las de otros cuatro personajes, para su trabajo antropológico sobre la memoria, la identidad del ser humano... fotografiando trajes tradicionales (tanto vestimentas de diario como de carnaval), utillajes, paisajes...

Fue en 2015. Tras haberles retratado durante el carnaval con su cámara digital y regalarles las fotos -“me decían que son muy fotografiados pero que luego no ven ninguna de esas imágenes”-, los cinco personajes se vistieron de nuevo y posaron para ella ante su cámara de 1920, empleando esa técnica de 1851 que permite hacer fotos sobre chapa (ferrotipo) como la del herrero. Es un tipo de fotografía que tiene mucha magia, reflexiona la autora. Por eso ha seleccionado al herrero, por la magia que desprende. Y por el ser intrigante que hay detrás del personaje. Y por el personaje en sí, místico, con esa mirada, con las cadenas. “Esta foto me conecta con mi parte más ancestral y primigenia. Por eso me llama tanto. Me quedo ratos y ratos mirándola. No sé qué tiene pero me atrapa”.

Es además una obra especial por ser única. No hay opción de una copia. “Es un objeto y eso me gusta. Tienes el resultado final en tus manos. Si te lo doy, me quedo sin nada”. Precisamente, lo que no ocurre con lo digital: “Con la reproducibilidad de la fotografía, la gente le quita valor. Pero no nos acordamos de que lo contrario ocurría con los negativos. ¿Se los dabas a alguien? No”.

Por eso, si quiere una copia del ferrotipo, de la imagen impresa sobre la chapa, Kuadra debe utilizar su cámara digital para hacer una foto de la foto. Como para este reportaje. Sin esa foto de la foto no habría podido imprimirse en la página de al lado al herrero de Lantz para descubrir la magia de su mirada, su ropaje y sus cadenas, debajo de los cuales, por cierto, está Rubén...


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