Bares

De pintor a hostelero en Barañáin

Patxi Domínguez, actual dueño del bar Txipi Txapa, ha conseguido recuperar uno de los bares más conocidos del municipio, muy cerca del lago de Barañáin

Patxi Domínguez, al frente del bar Txipi Txapa cada mañana.
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Patxi Domínguez, al frente del bar Txipi Txapa cada mañana.
Patxi Domínguez, al frente del bar Txipi Txapa cada mañana.

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Abraham Del Pozo Zabaleta

Publicado el 26/07/2025 a las 05:00

Hace algo más de tres años, Patxi Domínguez, cliente habitual del bar Txipi Txapa, decidió dar un giro a su vida y hacerse cargo de este emblemático local de Barañáin, muy próximo al lago, que por entonces atravesaba una etapa complicada. Lo hizo acompañado de su pareja Sulema Flores y de Ana, con la ilusión de recuperar la esencia de un bar arraigado en la memoria del municipio.

Hasta entonces, Patxi había trabajado durante años como pintor de brocha gorda, aunque en distintas etapas también tuvo contacto con la hostelería. Una incapacidad física le obligó a dejar el oficio que había desempeñado desde joven. Lejos de resignarse, apostó por reinventarse al frente del Txipi Txapa. “Me siento muy satisfecho con todo lo conseguido en estos años, aunque también hay que reconocer que es un esfuerzo constante”, admite con honestidad. La clave, señala, está en ponerle “cariño e ilusión” cada día, valores que considera imprescindibles para afrontar los desafíos del sector.

UN BAR MUY VIVO

El bar goza de una clientela fiel y diversa, que lo mantiene lleno a casi cualquier hora. Desde trabajadores de la construcción en las nuevas promociones del barrio hasta vecinos de siempre o grupos de jóvenes, todos encuentran en el Txipi Txapa un punto de encuentro con precios populares y un ambiente distendido. “Aquí hay buen rollo, y eso se nota”, resume Patxi.

La cocina tradicional es la base del negocio. Su pareja Sulema —de Honduras—, que se encarga de los fogones, ha aprendido con esmero las recetas tradicionales “de la abuela”. Platos sencillos, elaborados con productos locales y de calidad. “Nada de grandes alardes culinarios, solo comida de la de toda la vida”, recalca Patxi. La tercera integrante del bar es Ana, que ayuda en todo lo que es menester con gran profesionalidad.

Una de las señas de identidad del Txipi Txapa es su gran oferta de pinchos, que representa el 90% de su propuesta gastronómica de una jornada cotidiana. Varios de ellos han sido reconocidos con premios en distintos certámenes —cuatro en tan sólo tres año—, y sus tortillas han alcanzado fama propia: cada día utilizan más de 15 kilos de patatas. Aunque el plato estrella que triunfa cada día son los huevos rotos.

Aunque, a base de dedicación y mucho esfuerzo, el Txipi Txapa ha vivido un crecimiento progresivo año a año, Patxi confiesa que el sector es cada vez “más exigente”. “Son casi doce horas al día entre desayunos, comidas y cenas; a veces se hace muy duro”, concluye el dueño. La pintura siempre fue su vida, pero ahora sacar adelante el Txipi Txapa se ha convertido en reto apasionante que no defrauda.

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