Entrevista
Antonio Reyes: “En el flamenco, la pureza es todo lo que se hace con honestidad”
Perteneciente a una dinastía flamenca, Antonio Reyes se ha convertido en un referente del cante ortodoxo. El cantaor gaditano llega a Baluarte para actuar junto a Israel Fernández y ‘Pansequito’ en un espectáculo muy flamenco


Publicado el 27/08/2021 a las 06:00
Todo lo que sabe del cante flamenco lo ha aprendido de los suyos, de la mano de su madre y con la tenacidad de su padre que le animaba a estudiar y escuchar cante. A los 7 años subió por primera vez a un escenario y, desde entonces, Antonio Reyes no ha dejado de llevar el flamenco por distintos países a través de un cante ortodoxo lleno de sentimiento. El cantaor sabe que su ADN respira flamenco por los cuatro costados, pues por parte materna está vinculado con Roque Montoya “Jarrito”, cantaor en los años 60, mientras que los lazos paternos le unen a José Cortés “Pansequito”. Pero, a pesar de nacer y crecer con esta influencia, asegura que todo cantaor necesita del estudio y la dedicación para mejorar. “Nadie nace aprendido” afirma Antonio Reyes, que junto a José Cortes “Pansequito” e Israel Fernández protagonizarán el espectáculo Libertad en Baluarte.
Flamenco puro a tres voces, con tres cantaores diferentes. ¿Qué va a ofrecer Antonio Reyes?
Cada uno aportaremos nuestra forma de cantar porque somos diferentes. Haremos cantes distintos, pero luego nos uniremos por bulerías y será una actuación muy flamenca.
Dice que hay muchos cantes dentro del flamenco. ¿Donde está la diferencia?
No me refiero tanto a la forma de cantar, sino a la historia o el nacimiento del propio cante. Los cantes no los puedes inventar ahora, ya están hechos, vienen de una tradición y unas influencias.
Si los cantes no son iguales en Cádiz, Jerez o Triana, ¿cómo son los de Chiclana de la Frontera, donde usted nació?
Los aires que se dan en Chiclana tiran a Cádiz, con influencia de los puertos y bahías. Y en ese aire yo me siento pleno. Hay una cierta vinculación al mar e igual son cantes más dulces, lo que no quiere decir que sean mejore o peores que los de otro lugar. Soy un cantaor de Cádiz, de Chiclana y eso afecta, forma parte de mi vida. En esa zona de Andalucia la Baja tenemos nuestra forma de cantar y nuestros estilos. Y eso es lo que voy a hacer en Pamplona, acordarme de mi tierra y hacer los cantes de Cádiz.
Con las influencias familiares que ha tenido, ¿en algún momento pensó dedicarse a otra profesión que no fuera cantaor?
La verdad que no, vengo del flamenco y de familias cantaoras y así crecí y aprendí muchas cosas. Nunca he hecho otra cosa. Aprendí a cantar sin darme cuenta, pero una vez que decides dedicarte a ello, ya tienes que esmerarte mucho más en la formación, hay que estudiar y perfeccionar.
En esa formación, ¿qué es más valioso, las horas de estudio o la escuela natural?
Todo se complementa, pero desde luego la escuela natural o ser flamenco de cuna es importante. Cuando era un niño me gustaba mucho andar por la calle, como a todos los críos, pero mi padre siempre estaba encima, me insistía en escuchar y escuchar, me llevaba a peñas flamencas. Y luego estaba Manuel Morao, gran guitarrista de Jerez de la Frontera, que le pasaba discos y cintas a mi padre y que fue la primera persona que apostó por mí cuando era un niño.
Con las influencias familiares que ha tenido, ¿en algún momento pensó dedicarse a otra profesión que no fuera cantaor?
La verdad que no, vengo del flamenco y de familias cantaoras y así crecí y aprendí muchas cosas. Nunca he hecho otra cosas. Aprendí a cantar sin darme cuenta, pero una vez que decides dedicarte a ello, ya tienes que esmerarte mucho más en la formación, hay que estudiar y perfeccionar.
En esa formación, ¿qué es más valioso, las horas de estudio o la escuela natural?
Todo se complementa, pero desde luego la escuela natural o ser flamenco de cuna es importante. Cuando era un niño me gustaba mucho andar por la calle, como a todos los críos, pero mi padre siempre estaba encima, me insistía en escuchar y escuchar, me llevaba a peñas flamencas. Y luego estaba Manuel Morao, gran guitarrista de Jerez de la Frontera, que le pasaba discos y cintas a mi padre y que fue la primera persona que apostó por mí cuando era un niño.
Quien nace alrededor del cante tiene que evolucionar, pero el que no nace flamenco y quiere ser cantaor, ¿puede lograrlo?
El cante no se aprende, se nace con él, pues es algo que surge del interior, de la tradición, de la familia. Quien nace con el cante, si no se preocupa por mejorar los dones que tienes, no consigue nada. Puedes tener el cante dentro, pero nadie nace aprendido, así que el siguiente paso es preocuparte por mejorar y ampliar tu formación.
Quien le conoce o le escucha coincide en afirmar que lo suyo es un cante sin concesiones, ortodoxo y estricto. ¿Es así?
Soy de la escuela antigua, de la escuela ortodoxa, aunque estoy abierto a todo. Me gusta todo lo que sea bueno, bien sea antiguo y tradicional o moderno y renovador. Lo que quiero es ofrecer mi verdad e intentar ser yo mismo. El cante es sentimiento. Si el cantaor no siente lo que está haciendo, dificilmente vas a transmitir nada a nadie. Y ese sentimiento llega desde la voz, también desde la guitarra.
Lleva mucho tiempo con Dani de Morón. ¿Cómo es la relación entre cantaor y guitarrista?
Los cantaores nos apoyamos mucho en ellos, vamos de la mano para generar un flamenco puro y que llegue a los demás. Dani de Morón es una de las guitarras más importantes que tenemos ahora mismo en España. He trabajado muchísimo con él y para un cantaor es importantisimo llevar una guitarra de calidad, pero sobre todo, que te entienda para así poderme inspirar en el escenario y dar el máximo de mi. La compenetración tiene que ser buena, tanto desde el plano artístico como a nivel personal.
Entre los numerosos premios que ha cosechado, se encuentra los dos galardones del Premio Nacional de Arte Flamenco de Córdoba de 2001. Este reconocimiento supuso un arte y un después en su carrera?
Me sirvió para tomar decisiones más claras sobre mi carrera y alcanzar metas. Yo empecé cantanto solo, pero antes de ganar este premio cantaba para el baile, que es un concepto diferente a cantar solo con la guitarra. He viajado muchísimo por todo el mundo con distintas compañías, como la de Morao o Paco Peña. Pero cuando gané los premios de Córdoba, además de que ayudan para darte a conocer, decidí apostar solo por el cante, los festivales y las actuaciones en solitario.
Lleva muchos años y acumula experiencias y vivencias. ¿El flamenco evoluciona?
Como todo en la vida, como ocurre también con otras músicas. Hay relevo generacional, como también lo hay entre el público, pues a los recitales cada vez acude más gente joven. Y eso es importane, porque la juventud aporta mucho al flamenco. Pero no hay que defraudar. Para que el flamenco evolucione y sea apreciado, hay que ofrecer calidad, lo mismo con el flamenco que con el jazz. Lo que es bueno es bueno. Aunque no se entienda mucho de flamenco, si la persona que está cantando, bailando o tocando sabe transmitir, eso llega a todo el mundo.
Apuesta por el flamenco tradicional, pero ¿Antonio Reyes también está abierto a nuevos estilos o fusiones?
Por supuesto, cada artista tiene que decidir por dónde quiere dirigirse, pero no hay que criticar a quien haga otro tipo de flamenco. Todo vale. Todo lo que se haga de verdad y con el corazón tiene su sitio. Eso sí, siempre respetando las raíces del flamenco. Para mí la pureza es lo que se hace de verdad y con honestidad, sea lo que sea y en cualquier música.
DNI
Antonio Reyes Montoya nace en Chiclana de la Frontera (Cádiz) el 26 de junio de 1976. Pertenece a una buena dinastía flamenca, tanto por parte de madre como de padre. Debuta en 1982, con 6 años, en Ojén (Malaga) e inicia una carrera artística, primero en compañías de baile y luego en solitario. Cuenta con varios premios, entre ellos el Premio Nacional de Arte Flamenco (2001).