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Entrevista
Premio Planeta

“Escribo novelas mestizas, no me caso con ningún género”

“No es ‘gore’, aunque en la Edad Media se mataba a troche y moche”, dice la última Premio Planeta de su ‘thriller’ sobre Leonor de Aquitania y el asesinato de su padre, el duque Guillermo

Foto de Eva García Sáenz de Urturi, premio Planeta en su 69 edición.
Eva García Sáenz de Urturi, premio Planeta en su 69 edición.
Guillermo Carrión
  • COLPISA. Barcelona
Actualizada 18/10/2020 a las 06:00

Aquitania, un “tapiz medieval” y un “thriller histórico”, ha dado a la alavesa Eva García Sáenz de Urturi (Vitoria, 48 años) el 69 premio Planeta. Es la séptima novela de esta narradora que transita por los géneros sin casarse con ninguno. Fusiona novela histórica e intriga criminal en torno a Leonor de Aquitania (1122-1204), reina consorte de Francia primero y luego de Inglaterra, y al envenenamiento de su padre, el duque Guillermo de Aquitania, fulminado ante el altar del apóstol Santiago en Compostela. Su autora la sitúa entre El nombre de la rosa de Eco, a la que homenajea, y Juego de tronos, “con mucha política letal, asedios e incestos”.

¿Qué le sedujo de Leonor, duquesa de Aquitania y condesa de Gascuña?

Que alguien tan joven y precoz, con 13 años, tuviese la fuerza y se le permitiera romper el equilibrio de poder del continente, entre Francia y la poderosa Aquitania. Que tuviese tanto poder. También su inteligencia política y su vasta cultura. Hablaba cuatro idiomas, tocaba el laúd, era muy buena cetrera desde niña. Es la primera mujer a quien se le ocurre separarse de su marido, el rey de Francia, aduciendo consanguinidad. Tramó un plan suicida para vengar la muerte de su padre falsificando su testamento y casándose con el heredero del rey de Francia, hijo de su peor enemigo, para parir aquitanos que acabaran con el trono de Francia. Me centro en un único capítulo de su larga vida, aunque da para una enciclopedia.

¿Sorprenderá a sus lectores su cambio de registro?

No. Están acostumbrados a que yo sea un poco transgénero. Escribo novelas mestizas, híbridas. No me caso con ningún género. Empecé con Los longevos, que volvió locos a editores y libreros. No sabían dónde situarla. ¿Ciencia ficción? ¿Historia de amor? ¿Fantasía contemporánea? Revisé el mito de los inmortales y me pregunté cómo vivirían en el siglo XXI en Cantabria. Con Pasaje a Tahití me fui al género histórico y con la Trilogía de la Ciudad Blanca entré en la intriga, pero con la componente histórica que siempre me tentó. Esta es, sobre todo, un thriller.

Presenta también esta obra como un trabajado tapiz de la Edad Media.

Quería contar el día a día de aquel tiempo. El de los ricos y poderosos como Leonor y el de los aquitanos más modestos. Viajé por la antigua Aquitania para documentarme sobre gastronomía medieval, abadías, iluminadores de libros de horas, herboristería y venenos. Es un fresco de la política medieval, de los grandes amores, los incestos, los asedios y envenenamientos.

El incesto, ¿fue crucial en la estirpe de Aquitania?

Marca la vida de Leonor desde su nacimiento. Su abuelo, casado con Felipa de Tolosa, secuestra a la mujer de uno de sus más fieles vasallos, la instala en la torre y echa a su abuela. Obliga a su hijo, duque de Aquitania, a casarse con la hija de su amante, con lo cual Leonor es hija de hermanastros forzados que se odian. Desde los ocho años está, además, fascinada por su tío y gran amor, Raymond de Poatiers, que le llevaba solo nueve años.

Usted advierte de que es una novela sangrienta pero no gore.

Desde luego. Y eso que en la Alta Edad Media se mataba a troche y moche. He ido a las actas del rey Sancho VII de Navarra y sé cómo juzgaba. Las formas de matar reos eran atroces: el tormento del agua, obligándoles a beber hasta la muerte y atando el pene con un cordel e impidiendo miccionar hasta que estallara la vejiga. Los normandos extraían los pulmones de sus enemigos, aún vivos, a través de las costillas y por la espalda, para que quedaran en forma de alas en lo que llamaban El águila de sangre. Con El beso de la adelfa se impregnaban con esta planta los chupetes para deshacerse de bebés no deseados. Reflejo todas esas muertes tan crueles, pero no es gore. Es una novela luminosa y con mucho veneno en todos los sentidos.

¿Qué valores introduce en la novela que sean útiles hoy?

El lema de los aquitanos al principio de la novela era “Solo sé subir”. Ante cada problema, opta siempre por la respuesta que te haga ascender. Eran destructivos y acabaron siendo los más ricos y poderosos de la cristiandad, pero con un coste brutal de vidas. Al final, ese lema cambia por “Solo sé seguir”. Y eso también vale hoy. Seguir la vida no va a ser lo más fácil, pero tenemos la obligación de ser más fuertes.

¿Cómo ve la realidad española?

Con cierta desesperanza. Seguimos en medio de la pandemia. Si fuera el juego de la oca, estaríamos en las casillas de la mitad. Parece que no estemos a la altura de la situación, ni a nivel individual, ni colectivo, ni político. Veo irresponsabilidad por abajo y por arriba. Entre la ciudadanía y entre los políticos.

¿Por qué se desprecia la literatura de éxito masivo?

Es injusto pensar que un millón de lectores tienen peor gusto que cien. Tengo un enorme respeto por la inteligencia de los lectores, que son de todas las edades y el centro del mundo cultural y literario. ¿Se diría que un iPhone, por ser el que más se vende, es el peor teléfono del mercado? Con la literatura, a veces, pasa eso. Pero algo tiene el agua para que la bendigan.

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