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Entrevista
Autor de 'Un momento en la luz'

Luis Garbayo: “Mujeres como María Lacunza han sido aquí tan meritorias como Rosa Parks”

Este viernes a las 13 horas se presenta en el Colegio de Abogados de Pamplona ‘Un momento en la luz’, la biografía que Luis Garbayo ha escrito sobre la primera mujer colegiada en los Colegios de Pamplona y San Sebastián y secretaria del Ministerio de Agricultura depurada en 1940

Luis Garbayo, este miércoles, en el estudio KEN en Mutilva Alta.

Luis Garbayo, este miércoles, en el estudio KEN en Mutilva Alta.

Actualizada 11/03/2020 a las 10:15
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María Lacunza Ezcurra fue una de las seis mujeres que defendieron un caso ante un tribunal español antes de la Segunda República. Cuatro lo hicieron en Madrid, sus nombres son conocidos -Victoria Kent, Clara Campoamor, Matilde Huici (que sin embargo era de Pamplona) y Concha Peña-. Luego estaba Ascensión Chirivella en Valencia y Lacunza (Pamplona, 1900), colegiada en Navarra y Guipúzcoa. Llegar ahí no fue fácil, y pasó después al Ministerio de Agricultura, para el que viajó por Europa estudiando distintos modelos de reforma agraria. Tras la guerra, el franquismo la depuró por su “conducta político-social”, a pesar de que nunca militó en ningún partido, y acordaron trasladarla forzosamente a Sevilla con inhabilitación para el desempeño de puestos de mando. Ella se había instalado en Valencia con su marido y su hijo. El 30 de diciembre de 1940, Lacunza contesta al ministerio: “Conste aquí, con todos los respetos pero muy enérgicamente mi protesta por la injusticia que conmigo se ha cometido, rogando a esa Superioridad admita la renuncia de mi puesto”. Ahí acabó su carrera y empezó una vida recluida en las labores domésticas.

Luis Garbayo Erviti (Estella, 1956) leyó una reseña sobre Lacunza cuando preparaba con su estudio KEN la comunicación por los doscientos años del Colegio de Abogados de Pamplona. Le llamó la atención que no había oido nada sobre ella, y que era la única de las tres primeras abogadas navarras -junto a Matilde Huici y Julia Álvarez- de la que no se había publicado ninguna biografía. Periodista, profesor y fundador de KEN, casado y con dos hijas, Garbayo se puso a escribirla.

¿Por qué ella no tenía biografía?

Porque no es una persona pública. No militó en ningún partido. Era un reto mayor porque tienes que investigar a una persona que no ha dejado rastro. Ha sido una aventura.

¿Qué destacaría de ella?

La tenacidad, la fuerza de voluntad, tenía un carácter verdaderamente extraordinario. Estudió todo el bachiller en el Instituto de Pamplona siendo siempre la única chica de su clase. Cuando va a Zaragoza a hacer Primero de Derecho es la única mujer en toda la facultad. Y cuando va a Madrid a la Universidad Central es la única chica en todos los cursos de la carrera. Era un ambiente absolutamente masculino. En el instituto ella iba directamente al despacho de los profesores y el profesor le acompañaba a la clase, y ahí o la sentaba en el primer pupitre o se sentaba en una sillita junto a él. No es que fuera un mundo agresivo, sino que se mofaban de ellas.

Es curioso, el libro incluye una foto de 1928 de un banquete de los abogados de San Sebastián; más de 40 hombres y una sola mujer, ella, que además es la única que sale movida en la foto.

Esa foto es muy simbólica. Es curioso, sí, que sea la única persona movida en la foto. Realmente venía a ocupar un espacio reservado a los hombres. Legislativamente también, porque las mujeres no podían opositar a notarios, ni a registradores, ni podían ser procuradores, ni magistrados, no podían ser nada. Esa situación empieza a cambiar durante la República, pero para entonces ella ya ha dejado la abogacía.

Cuando Lacunza accede a la abogacía, la prensa de Pamplona se refería a ella como “la encantadora señorita” o “la damita gentil”...

Llama la atención ese lenguaje periodístico que era muy decimonónico. Incluso hablaban de lo bien que sentaba la toga a las mujeres. Era una rara avis que llegaba allí y las miraban con condescendencia, paternalismo, y con mofa.

¿Cómo se torcieron las cosas?

La República empieza a dejar que la mujer acceda a muchos cargos. Hasta que llega el bienio conservador, y ahí un compañero en el colegio de Pamplona de María que se llama Rafael Aizpún, que es ministro de Justicia, invierte esa tendencia. Hay un documento en el que una abogada de Barcelona solicita al ministerio que le diga si realmente ella puede concursar para ser fiscal o magistrado, y el ministro le dice que no. Y luego vino la guerra que fue un desastre para ella.

Dice que se ha basado en datos para no caer en imaginaciones sobre los “enigmas” que quedan sobre ella. ¿Cuáles son?

Muchos.  ¿Por qué estudio derecho? Una posible explicación tiene que ver con su padre. Su padre sufre dos juicios, los pierde los dos, y ese ámbito del derecho y los juzgados y la justicia yo creo que quedó en la familia. Era zapatero y había tanta necesidad de maestros, porque había escuelas en todos los pueblos, que había una vía de acceso haciendo un examen. El se lo saca en Bearin, pero no era solo el maestro, hacía de secretario, sacristán y cobrador de morosos. Luego me entero en el Archivo de Estella que además era vigilante interino de la cárcel. Deciden irse a Pamplona y nace María, es la penúltima, tiene una hermana más pequeña pero muere. De los cinco hermanos mayores no estudia ninguno, sólo estudian las chicas. También puede tener que ver que en quinto de Bachiller un alumno le pega dos tiros al profesor de Álgebra y Trigonometría. Al juicio fueron todos los alumnos, seguramente ella estuvo allí. Me digo: “Esto tuvo que alimentar algo en ella”. Otro enigma es por qué una chica que nada más entrar en el Ministerio de auxiliar interina la nombran secretaria de una comisión que va a viajar por Europa.

Lacunza conservó toda su vida su toga en casa, pero su hijo se ha sorprendido con las revelaciones del libro, no sabía muchas cosas, ¿cómo puede ser?

Yo tenía el contacto de su hijo pero su hijo no tenía nada. Estuve en el Ateneo de Valencia, en el Colegio de abogados de Valencia... y enseguida me di cuenta que esta mujer cerró la puerta y tiró la llave al mar. Pero esto es muy habitual. La gente calló. Ella no quiso hablar con nadie, ni al final de su vida. Por eso este libro es un homenaje a ella y a la memoria de tantas mujeres, biografías pequeñas, de personas sin proyección pública. Esta mujer es una intrusa en un mundo diseñado para los hombres. La toga la pedimos para una exposición que hicimos sobre los 200 años del colegio de abogados, porque hicimos una vitrina de las mujeres. Estaba bordada con “Mary”.

Los agradecimientos del libro al final son extensísimos, ¡parecen los títulos de crédito de una película!

He hablado con mucha gente, y alguno que me he dejado. Ha sido un trabajo apasionante. Han sido dos años en los que he hipotecado mi tiempo libre, en que dejé la afición a la lectura, todo lo que he leído estos dos años han sido libros de historia, documentos... muchos ya conocía porque la guerra civil es uno de mis temas predilectos. He aprendido mucho, cosas que ni me imaginaba.

Este momento de luz momentáneo al que hace mencion el título parece que tantos años después ha vuelto, hoy Lacunza tiene una calle en Pamplona y las mujeres son mayoría en la abogacía.

Hablamos mucho de Rosa Parks, la mujer negra que se niega a levantarse del asiento en el autobús en Estados Unidos. ¡Aquí ha habido mujeres que no tienen ese reconocimiento y que han sido tan meritorias como ella! Estas mujeres que se sentaban en clase en una silla aparte, que los profesores se mofaban... Son valientísimas. Si se conoce eso yo me doy por satisfecho.

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