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ESTACIÓN DE LIBROS

Teoría de la prosa, Ricardo Piglia

Ignacio Lloret
Ignacio Lloret
Publicado el 13/10/2019 a las 06:00
Los libros que enseñan literatura. Que profundizan en distintos aspectos de la creación literaria. Esos que, por mucho que hayamos leído a lo largo de nuestra vida, nos muestran nuevos niveles de lectura. Otras capas de significado. Una manera diferente de relacionar lo explícito con lo no escrito. Esas publicaciones con las que, en definitiva, seguimos aprendiendo acerca de un mundo que nos apasiona.
Yo los adquiero y los leo con muchas ganas. Subrayo líneas y párrafos enteros. Hago anotaciones en sus márgenes. Doblo las esquinas de las páginas importantes. Asocio mentalmente algunas de sus ideas con las novelas u otros textos que estoy escribiendo en ese momento. Con los cursos que imparto. Con las charlas que me esperan. Son obras que necesito y que agradezco.
La de Ricardo Piglia es una de ellas. Se trata de la transcripción de un seminario. De un ciclo de clases que el autor argentino dictó en 1995 en la Universidad de Princeton. Una serie de nueve sesiones sobre las historias cortas de Onetti, sobre sus nouvelles. A partir de ellas, pocos años después de la muerte de Piglia, se ha compuesto este volumen.
Hay varias facetas interesantes. Más allá del contenido. Al margen de la materia de aquel curso incluida en este título. Por un lado, el género que supone la transcripción de unas lecciones. Javier Cercas hizo algo parecido con El punto ciego, donde recoge en forma de libro unas conferencias dadas en Inglaterra. Sí, porque es un registro poco frecuentado. Una cosa es un manual o un ensayo literario, y otra distinta el trasvase de unas exposiciones orales manteniendo el tono y el espíritu de las mismas. La diferencia no estriba sólo en que aquí se preserve el carácter oral del discurso, el sonido y el ritmo inherentes a la oralidad, sino en que el lector juega un papel más complejo que en otras obras, pues es también un espectador del diálogo establecido entre el profesor y sus alumnos.
Es verdad que hay un arreglo. Es bueno que sea así. Así sucede siempre en el ámbito creativo. En el universo artístico. Las cosas no se dejan como están. El factor presencial y la inmediatez de una clase provocan digresiones, interrupciones, repeticiones y balbuceos en el ponente que no pueden llevarse, que no deben incluirse en el texto definitivo. De modo que lo que queda, lo que vale, es una lección magistral con la atmósfera del instante y sin los desechos que genera cualquier proceso.
Luego está el estilo. El lenguaje en que están escritos estos capítulos. Ahí también es legítima la pregunta sobre la probable composición, la posible operación de montaje y, sin embargo, lo esencial es que el texto se lee con facilidad. Con placer. Lo bonito es que el resultado es algo sencillo. Aunque se haya respetado parte de la retórica propia de la circunstancia, esos inicios de episodio o de párrafo donde hay una interpelación formal a quienes en su día asistieron al seminario de Piglia, el producto final es un relato ágil que no renuncia a la belleza.
Me gusta el conjunto. Sin entrar en los motivos comerciales que pueda haber detrás de la edición de este libro por su carácter póstumo, me convence el proyecto de convertir algo que se dijo en algo escrito. Las clases que impartió alguien con entusiasmo hace muchos años en un documento redactado una vez fallecido aquél. El hecho de recoger las ideas que expuso una persona en un entorno privado, con una ilusión cotidiana, sin el afán de hacerlas públicas. La posibilidad de salvar de algún modo esos breves momentos de gracia que experimentan ciertos individuos cuando se dirigen a otros, cuando hablan sobre lo que conocen.
Hay una última cuestión. Me refiero a ese elemento estimulante que ya he mencionado otras veces. Siempre que termino este tipo de lecturas, me siento inspirado. Sigo pensando en lo que he leído y ésa ya es una buena señal. Pero el asunto no acaba ahí. Sucede también que se me empiezan a ocurrir formas nuevas de narrar una historia. A partir de otros formatos. De otros envoltorios. De otras estrategias. El desafío de transformar un discurso teórico en un relato capaz de conmover.

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