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ESTACIÓN DE LIBROS

'Beate y Mareile', Eduard von Keyserling

Ignacio Lloret
Ignacio Lloret
Actualizada 11/08/2019 a las 06:00

El calor nos empuja hacia el campo. Hacia los espacios abiertos. Hacia lugares frondosos. Hacia cualquier extensión verde y diferente. Planeamos viajes o excursiones con ese destino y, sin embargo, mucho antes de salir hacia allí, hacia ese punto real en el mapa, nuestra imaginación ya lo ha elegido a su manera, ya lo ha inventado hasta en sus detalles menos relevantes.

En parte, es culpa de los libros. Yo quiero pensar que es así. Que ciertas novelas, por ejemplo, son capaces de crear en nosotros la sensación de estar tumbados a la sombra, sentados a los pies de un árbol, paseando por un bosque. No es nada nuevo. Nada que no haya ocurrido durante siglos, pero a mí me gusta comprobarlo otra vez.

Así sucede con esta historia ambientada en Prusia. Sucede que el autor alemán nos invita a acompañar a sus personajes en sus recorridos. A instalarnos con ellos en uno de esos palacios edificados entre lagos y grandes llanuras de hierba. No, con su ayuda no nos cuesta esfuerzo situarnos allí. Y como en el libro todo empieza en verano y nosotros también disfrutamos de la estación, acabamos sintiéndonos igual que las criaturas de von Keyserling. Con ganas de una trama a la altura de ese paisaje.

Quizá sea algo inevitable. Es posible que al final tanta belleza nos canse. Que la felicidad de un día de agosto termine volviéndose insoportable. Es entonces cuando pasan las cosas. Es entonces cuando el corazón de las personas, harto de tanto equilibrio y de tanta armonía, busca lo sublime con la intención de sufrir. Provoca el conflicto para combatir el aburrimiento. Se pone a seducir a otros por capricho. Se interna en el terreno de las pasiones para destruirse a sí mismo.

Claro, estoy hablando del amor.

Pero no adelantemos acontecimientos. El joven Günther von Tarniff se ha casado con Beate von Losnitz, quien espera un hijo suyo en pocos meses. Se conocen desde la infancia. Sus familias son vecinas desde varias generaciones atrás. Se diría que, en ese entorno natural de finales del siglo XIX todavía intacto, aún no estropeado por el hombre, la relación entre los dos nobles es otra pieza del conjunto. Se ha mimetizado en él.

He ahí lo curioso. Otros lo calificarían de premonitorio. Porque siempre interviene un tercero. De otro modo, no habría elemento dramático. Y como ocurre a menudo en la realidad y en la literatura, esa persona no aparece, sino que reaparece. Es alguien que ya estaba. Que ya estuvo. Sí, Mareile Ziepe, la hija de un funcionario local, ya jugó de niña con ellos. Su regreso es también una vuelta a casa.

Demasiada gente. Demasiado ocio. Demasiados impulsos brotando a la vez. El sentimiento de Günther por Mareile surge del hastío, de una vida demasiado apacible. Y el espacio libre que dejan las ocupaciones acaban llenándolo las obsesiones. La de Günther por Mareile viene de lejos, hunde sus raíces en la tradición familiar. La estirpe inquieta de los Tarniff participó en las guerras cuando las hubo, pero en tiempos de paz las mujeres hicieron las veces de contienda. Ya alborotaron el alma de los antepasados de Günther y ahora van a desordenar la suya para siempre.

¿Y ella? Oh, Mareile parte de una ambición pequeña, del deseo de prosperar socialmente, de convertirse en aristócrata y, sin embargo, termina en algo mayor. Por ese camino mezquino descubre cosas inesperadas. Comprende que la manera de planificar los asuntos mundanos, su estrategia para llegar a habitar en un palacio, le sirve en la misma medida para lo sentimental. La conduce por sorpresa al amor.

Ah, que nadie tema por los personajes. Por ninguno de ellos. Ya no estamos en la época romántica. Ya no se llevan los sacrificios en nombre de un ideal. Ahora también hay emociones y arrebatos, traiciones y formas de redimirse, fiebres del corazón y duelos al amanecer, pero es una entrega diferente. Ahora nadie necesita ninguna muerte gratuita. Ni siquiera el lector. Ahora lo importante para todos es poder regresar. Empezar de nuevo en el mismo sitio. Ahora al protagonista no le importa no haberse convertido en héroe con tal de volver a casa.


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