Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

ESTACIÓN DE LIBROS

Trilogía, Jon Fosse

Nueva entrega del blog 'Estación de Libros'

Ampliar Ignacio Lloret
Ignacio Lloret
Actualizado el 30/06/2019 a las 09:55
Me gusta descubrir en los libros nuevas formas de contar. Maneras diferentes de narrar una historia. Distintas a las convencionales. Esas veces, al cabo de unas cuantas páginas, ya advierto el esfuerzo adicional del autor. Su intención estética. Su propósito de abordar el relato haciendo del modo un fin en sí mismo. Lo aprecio en el lenguaje o en la estructura, en una técnica de distorsión del texto usada para crear un efecto peculiar. Entonces sonrío y me agarro al volumen dispuesto a aprender.
Es el caso de esta novela. En una Noruega perdida en el tiempo, quizá la del siglo XIX, Alida y Asle buscan un hogar para ellos y para el hijo que va a nacer. Son jóvenes y apenas tienen familia a la que recurrir. Han crecido y viven en un entorno de caracteres obtusos donde de vez en cuando, entre la hostilidad, asoma la belleza.
Qué pocos referentes se necesitan. Me refiero a los elementos con los que se construye la trama. Ese esqueleto suficiente. Un hombre, una mujer embarazada, una barca, una ciudad, una casa sencilla en la que refugiarse del frío. Así debe ser. Porque si el autor apuesta por el aspecto formal, por un estilo singular, debe reducir el argumento todo lo posible. Simplificarlo en la medida de lo posible. Aquél debe consistir en un conjunto de piezas como las de algunos juegos de mesa. Un puñado elemental que quepa en un tablero, como esos escenarios dibujados a tiza de Lars von Trier.
Empezar por ahí. Partir de ese esquema. Y, a continuación, dejar que la acción se desarrolle. Que las cosas evolucionen. Porque la vida nunca se queda quieta. Alida y Asle conseguirán una embarcación, alcanzarán el puerto, encontrarán alojamiento y serán padres del pequeño Sigvald. Pero eso no es todo. También habrá miradas atrás, hacia el pasado de los personajes, y ésa será una manera de explicar lo que sucede. Y lo que sucede aquí ocurre a menudo entre líneas, más allá de las frases, no siempre se cuenta hasta el final.
No es necesario saberlo todo. Ni en la realidad ni en la literatura. A Alida no le importan los detalles con tal de que los tres prosperen. Con tal de que no terminen a la intemperie. Y si el contexto de fondo es una brutalidad sorda, esa violencia de pocas palabras habitual en las novelas de Faulkner, la actitud de la joven es una clase de indolencia. Su rasgo principal es una ausencia de dramatismo que recuerda a las películas de Terrence Malick, al tono de las mujeres que narran sus historias.
Claro. Para qué tanta emoción. Tanta reacción emotiva. Tanto sentimiento manifestado. ¿Acaso no puede uno vivir lo que llega y aceptarlo tal como viene? Sin aspavientos ni un ánimo excitado. Claro que sí. De modo que ella, la protagonista, puede llamarse primero Alida y luego Åsta. Puede estar al principio con Asle y más tarde con Åsleik. Lo importante es que haya un fuego encendido y un hombre a su lado. Lo esencial es que pueda criar a su hijo, que éste aprenda a tocar el violín como sus antepasados, que el fiordo brille azul de vez en cuando.
El tiempo circular. Los diálogos rítmicos. La confusión deliberada de los nombres. El instrumento de cuerda como un leitmotiv a lo largo del libro. He ahí las herramientas del autor escandinavo. Sus útiles fundamentales. Y es que, por mucho que varíen algunos datos, los destinos tienden a repetirse. Y del mismo modo que se heredan objetos como la pulsera de Bjørgvin, también la fatalidad se transmite de generación en generación. Quizá porque se vive de una manera similar. Se sueñan cosas parecidas. Se busca por instinto una forma determinada de morir.
En el futuro, cada vez que se me ocurra un hilo narrativo, sacaré los juguetes de cuando era pequeño. Igual que hacen quienes resuelven conflictos sociales o familiares, simularé el argumento con los playmobil que me regalaron los Reyes Magos. Pondré unos de pie, otros sentados, o con los brazos abiertos, o de espaldas a los demás, o de camino hacia algún sitio, o tumbados cabeza abajo. Y deberá bastarme con eso. Con lo que ellos escenifiquen en silencio. En el suelo de mi habitación. Escribiré sólo lo que ellos me cuenten.

INGREDIENTES

    • Tiempo de preparación
    • Tiempo de cocción
    • Dificultad
    • Tipo de cocina

    Preparación

      volver arriba

      Activar Notificaciones

      Continuar

      Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

      Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

      SUSCRÍBETE