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El exterior, Brian W. Aldiss

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El exterior, Brian W. Aldiss

Actualizada 24/11/2018 a las 11:28
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He viajado a Dereham, a la ciudad inglesa del condado de Norfolk, para entrevistar al señor Aldiss. Él nació aquí, en esta región de planicies y marismas. Hoy es un día sin nubes y, gracias a la luz de septiembre, podemos ver las extensiones de East Anglia desde el banco donde nos hemos sentado. Ahora, después de contemplar un rato el paisaje, le pregunto al autor británico por estos relatos de ciencia ficción.

 

 

Eran mi respuesta de escritor a los avances tecnológicos. Mi manera de reaccionar ante la euforia que provocaba en general el progreso técnico a mediados del siglo XX. Donde unos veían evolución, yo intuía cierta degradación. Donde otros veían sólo una sofisticación necesaria pero sin alma, yo adivinaba una faceta estética, artística. En definitiva, lo que ocurría generaba en mí un gran estupor, así que decidí crear una narrativa a partir de él.

Creo que es un acierto la mezcla que hace usted entre lo futurista y lo actual. El anclaje en la realidad que conocemos aporta verosimilitud a sus cuentos.

Nunca me gustaron las historias protagonizadas sólo por máquinas o robots. Esos mundos fantásticos donde ya no queda rastro de la humanidad. De algún modo, necesitaba imaginar el futuro como un tiempo que heredase muchas cosas de hoy. Aunque a menudo las incluía como fallos del sistema, las consideraba en todo caso. Al mantener al hombre, al ser humano de carne y hueso en mis tramas, garantizaba un mínimo de emoción en el lector. Sí, porque esos personajes aparecen casi siempre como un resto del pasado, como figuras anacrónicas o de una especie extinguida, y eso despierta perplejidad, resulta conmovedor.

Por otra parte, el cruce de épocas me permitía disponer de un conflicto desde el principio. Dado que en una misma era conviven criaturas muy distintas entre sí, organismos diferentes, el choque es inevitable.

Y, además, usted aseguraba la reflexión posterior a la lectura. Me refiero a ese nivel simbólico que se le abre al lector una vez terminado el relato.

Claro. Y es que en muchos de ellos hay una última oportunidad para el hombre. Éste todavía tiene algo que decir. A menudo, cuando parece que ya no está a la altura de la época, del desarrollo de la misma, yo le devuelvo protagonismo. Hago que vuelva a destacar en un universo dominado por las máquinas. Le doy una nueva ocasión de redimirse. De redimir al género humano en su conjunto. En una de las historias, un individuo desnudo y hambriento, quizá el último ejemplar de su raza, sale de una cueva y ordena a los dispositivos artificiales que le den algo de comer. Ellos obedecen a pesar de ser más fuertes e inteligentes. En otra, se habla de la imposibilidad de construir robots con una capacidad emocional, con una aceptación del dolor comparable a la nuestra.

He ahí la ironía. Ese nivel superpuesto al que usted se refiere. Y he ahí también la gran cuestión que dejo sin resolver: somos imprescindibles precisamente por ser imperfectos?

No sé si está de acuerdo, pero creo que el mejor cuento de la recopilación es ése en que un astronauta regresa de una expedición a Marte con un desfase cronológico.

Sí, con más de tres minutos de adelanto respecto a la Tierra. Aunque regresa a casa, se queda de algún modo en el futuro. En un futuro cercano. Y lo interesante es cómo ese desajuste altera su relación con los demás. Con sus colegas, con su familia, con su mujer. Le afecta en el plano psicológico, social y sentimental. Jack Westermark se convierte en alguien confuso e incomprendido. Él querría recuperar el afecto por Janet, su amor y su deseo hacia ella, pero la diferencia en el tiempo les separa mucho más que cualquier distancia en el espacio. De toda esa situación brota un tipo de melancolía que no se había dado antes en ningún libro.

Anochece en Dereham. Sopla un viento frío que llega hasta aquí desde el Mar del Norte. Ahora el señor Aldiss hace ademán de levantarse del banco donde hemos estado conversando. Antes de despedirme de él, le pregunto qué historia le hubiese gustado escribir.

Una ambientada en el mundo de Internet. Una guerra entre perfiles virtuales o la persecución sin éxito del último hombre no atrapado en la Red.

 

 

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