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El paseo, Robert Walser

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El paseo, Robert Walser

10/08/2018 a las 10:25
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Me he desplazado hasta Biel, en el cantón suizo de Berna, para visitar al señor Walser. Con el propósito de estar a tono con su libro, le he pedido que recorramos las estribaciones del lago. Ahora, unos minutos después de haber empezado a andar, hacemos una primera parada y nos sentamos en un banco junto al agua.

 

 

Sigo considerando mi relato como una respuesta de escritor. Una reacción pacífica y estética ante lo que sucedía entonces en Europa. Una muestra de resistencia civil frente al absurdo de la guerra. Aunque yo no la mencione en ningún momento a lo largo del texto, hay varios pasajes en los que sugiero lo que estaba ocurriendo más allá de mi país, de mi rutina, de mi existencia apacible en un lugar neutral. En definitiva, quise contraponer la irrelevancia casi frívola de mi paseo al horror que imperaba en esa época en casi todas partes.

Los encuentros del narrador con distintas personas reflejan de algún modo ese conflicto de fondo, la dificultad de los hombres para entenderse. Me han recordado a los cuentos de Kafka. Cree que usted pudo influir en el autor checo?

Es posible, pues en 1916 yo no había leído nada suyo y él, en cambio, expresó más tarde su admiración literaria por mí. En todo caso y en lo que atañe a mi libro, me interesaba el contraste entre la armonía del paisaje, la belleza de lo que va viendo el paseante, y los malentendidos que sufre en cada diálogo, en cada relación. Y es que ninguna de éstas se desarrolla sin obstáculos. Así sucede con el librero, con el sastre, con la cocinera, con el banquero o con el destinatario de la carta que envía por correo. El protagonista experimenta un choque permanente con sus vecinos, con sus paisanos. Sale de cada una de esas situaciones con una nueva herida que sólo logra curar contemplando la naturaleza en silencio.

Hablando de influencias, también he detectado un lenguaje muy parecido al que décadas después emplearon escritores como Thomas Bernhard o W.G. Sebald. Me refiero a las frases largas, con mucha subordinación, y a la enumeración de términos de un mismo orden.

No lo recuerdo bien, pero creo que pretendía dotar a mi personaje de una dignidad adicional. De unos modales educados pero antiguos. Con esa forma de expresión. Con esa prosa. Quería sublimar su excursión a través de la manera afectada con que él mismo la describe. Quería que el lector le viese como a alguien que no ha salido de casa en mucho tiempo. Igual que un Quijote moderno, el paseante ha estado años escribiendo, inmerso en los libros, y ya no habla como el resto de la gente. Sí, se trataba de poner distancia entre los individuos y él. Porque mi Yo literario recurre al estilo barroco con ese fin. Con el objetivo de abrir un espacio que le separe de los demás.

En cuanto a las enumeraciones, se proponen agilizar toda esa estructura, darle un mínimo ritmo. A ratos, incluso yo me cansaba de la parsimonia del texto y necesitaba algo que lo acelerase. Podría decirse que de mi relato tiran dos fuerzas en sentido opuesto. Por un lado, hay un lastre en la sintaxis que dificulta la lectura. Por otro, se producen momentos de alivio, instantes donde mi discurso fluye veloz como esos rápidos que aparecen de pronto en el cauce de los ríos.

Me gustan mucho las últimas páginas, el final. Ahí el narrador se olvida de la mezquindad, de las pequeñas miserias, y contempla el mundo con melancolía.

Es consciente de su propia insignificancia. Se acuerda de las veces en que se portó de manera deshonesta con otros. En que no estuvo a la altura de la vida. Se arrepiente de no haber sido más generoso, menos grave, más sentimental. Y justo entonces, cuando evoca episodios que hubiesen podido ser diferentes, empieza a llover. A llover sobre la tierra, sobre los árboles y sobre los hombres. Sobre todas las cosas condenadas a desaparecer. Y él, en lugar de seguir lamentándose de todo lo que dejó escapar, se alegra de esa lluvia de verano y aprovecha la ocasión para pedir perdón a quien pueda oírle. Y como ha soltado incluso las flores que recogió mientras andaba, regresa a casa ligero. Vuelve porque es de noche y porque ya ha terminado su camino.

 

 

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