x
Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa Boletines
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
Estación de libros
Estación de libros

La vida perra de Juanita Narboni, Ángel Vázquez

Estación de libros

La vida perra de Juanita Narboni, Ángel Vázquez

Actualizada 14/07/2018 a las 10:49
Etiquetas
A+ A-

Estoy paseando con el escritor español por la Rue as Siaghin de Tánger. Es un mediodía fresco de diciembre. Mientras andamos por la calle principal de la medina, el señor Vázquez mira a un lado y a otro con la esperanza de encontrarse con algún conocido. Cada vez que lo hace y vuelve después la vista hacia mí, hay en él una pequeña decepción. La de quien comprueba lo rápido que pasa el tiempo. Yo aprovecho uno de esos momentos para preguntarle por esta novela.

 

 

Es una canción dedicada a mi ciudad natal. Es la balada que siempre quise escribir sobre ella. Sobre la gente que habitaba aquí en la primera mitad del siglo XX. Sobre esa mezcla de idiomas, culturas, razas y religiones que había entonces. Habría podido contar muchos relatos distintos o una gran historia de estructura convencional, pero preferí intentar esta especie de lamento musical en primera persona.

Es obvio que usted da importancia a la forma. Elige deliberadamente el soliloquio como manera de narrar la vida de la protagonista.

No empecé hasta que no tuve clara esa posibilidad. Llevaba muchos años con el argumento, el lugar y la época en la cabeza y, sin embargo, no pude ponerme manos a la obra hasta que no experimenté esa revelación. Hasta que no escuché esa voz. Porque es eso lo que oí. La voz de Juanita contándome lo que quería. Un discurso lleno de interjecciones, de muletillas, de quejas, de expresiones peculiares. Su modo único de hablar.

Una vez con él, lo demás ya era sencillo. El resto consistía en transcribir con rigor lo que la señorita Narboni iba diciéndome. Desde su perspectiva, desde sus circunstancias, con todos sus prejuicios en acción. Y cuanto más subjetivo fuese todo, cuanto más desvirtuado por su memoria y más alejado de la realidad de las cosas, más cerca estaría yo como autor de la verdad literaria, de la literatura.

El personaje está muy bien creado. El lector lo nota vivo. Nota cómo late su pulso, cómo sufre y envejece.

De eso se trataba. De dar a luz a alguien de carne y hueso. A una mujer que va transformándose a medida que vive. Que evoluciona desde la arrogancia de la joven de buena familia, segura de sí misma y de su futuro, hasta el desamparo final de quien sospecha una muerte en soledad. Alguien que va siendo consciente de sus limitaciones y de sus errores. De todas las ocasiones que dejó escapar. Alguien en cuyo corazón la aceptación del prójimo y la capacidad de perdonar reemplazan poco a poco a los sentimientos miserables del principio.

En cuanto a las otras figuras, se perfilan en el libro a partir de los comentarios y las observaciones del personaje principal. Aunque las vemos a través de sus ojos, juzgadas por ellos, intuimos en todo caso la zona oculta, la parte de su carácter que empieza en ese punto donde termina la visión sesgada de Juanita.

También se aprecia en usted la intención de retratar una época en un sitio especial como era el Tánger de los años treinta, cuarenta y cincuenta, no es así?

Pero me interesaba que todo eso quedara en un segundo plano. Como un paisaje de fondo. Difuso y distorsionado como un cuadro en los inicios de la abstracción. Quería que los acontecimientos históricos se adivinaran vagamente detrás del discurso de la protagonista. Que hechos de la relevancia de las dos guerras mundiales, el Protectorado español y francés o la independencia de Marruecos asomaran más allá de sus palabras, se sugiriesen con la suficiente claridad como para que yo no necesitara contarlos de una manera explícita.

Ahora atardece en la medina. Sopla un viento frío que llega aquí desde la cordillera del Atlas. El señor Vázquez continúa buscando caras familiares entre la multitud. Antes de decirle adiós y recordando su muerte prematura, yo le pregunto qué clase de libro habría escrito si hubiese vivido unos años más.

Habría vuelto al personaje de Hamruch, la empleada doméstica de Juanita. Habría escrito sus memorias o unos diarios apócrifos en los que ella narrase la vida cotidiana en casa de la señorita Narboni. Los empeños de cada día en ese mismo lugar, pero desde el otro lado de las cosas.

 

 

Etiquetas
Selección DN+

Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

Lo más...
volver arriba

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Contenido exclusivo para suscriptores DN+
Navega sin publicidad por www.diariodenavarra.es
Suscríbete a DN+
Solo 0,27€ al día (Suscripción Anual)
Ya soy DN+
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que necesitas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra