Ocnos, Luis Cernuda

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Ignacio Lloret

Publicado el 11/05/2018 a las 09:28

Estoy con el poeta andaluz en Sevilla, sentado junto a él en un banco del parque María Luisa. Es una mañana nublada de abril. Podría haber elegido cualquiera de sus libros de poemas, pero me interesa más escuchar lo que quiera contarme sobre este volumen de textos autobiográficos.

 

Ya había escrito prosa en anteriores ocasiones y, sin embargo, nunca con tanta necesidad como entonces. Esta vez no me bastaba la poesía. Me refiero al esquema habitual de versos y estrofas. Yo me propuse hacer una retrospectiva de mi vida y para ello me convenía un género más flexible, menos sujeto a una estructura.

Aun así, en algunos capítulos el lenguaje es demasiado críptico. En ellos se nota un esfuerzo del autor por desembarazarse de lo puramente formal y encontrar un significado.

Es verdad que quería narrar cosas, pero sin renunciar a lo lírico. Supongo que hay episodios en los que se me fue la mano hacia allí. Supongo que los mejores son aquellos en los que consigo un equilibrio entre lo narrativo y lo poético. Yo también era consciente de las posibilidades de uno y otro registro. No sólo de las prestaciones, sino de los riesgos de cada uno. Sabía que, incluso metido ya en la tarea de evocar mi infancia o mi primera juventud, decidido a recrearlas en forma de relato, el poeta que llevaba dentro seguiría empeñado en buscar la belleza por la belleza, una estética no dependiente de tramas ni avatares. Sabía que me tocaría controlar sus impulsos como las injerencias inoportunas de un niño.

Es interesante cómo usted va cambiando de persona a lo largo del libro, cómo va alternando entre el yo, el , el él y el nosotros. Qué criterio siguió para escoger una u otra?

No fue algo premeditado. Por lo menos, no al principio. Llegado cierto episodio, me di cuenta de que había ido combinando esas formas personales y me pareció bien. Es decir, la elección fue algo natural. Una exigencia de cada texto. Una variación que éste me pedía y que yo aceptaba. Un recurso literario que yo manejaba sin darle mayor importancia.

Unas veces necesitaba verme a una determinada distancia, de manera más objetiva, y entonces usaba la tercera persona. Gracias a ella, podía observarme a mí mismo como individuo en el mundo, seguirme entre los demás y entre lo demás, comprobar de qué modo iba descubriendo todo eso. En otras ocasiones, quizá con asuntos más vinculados a la exploración de mi carácter y de mi alma, recurría al , ponía los verbos en esa terminación, y entonces lograba una visión más crítica. Aprendía rasgos propios, facetas de mi naturaleza a las que no hubiese podido acceder a través del yo.

En todo caso, creo que hizo bien en no escribir una autobiografía convencional, un libro atiborrado de fechas, lugares y nombres. Fue un acierto la idea de estructurarla en forma de capítulos breves dedicados a lo que era esencial para usted.

Porque, en el fondo, cualquiera de nosotros podría reducir su vida a unas pocas referencias. Las mías fueron la poesía, la música, el mar, las estaciones, los pájaros, la luz, pero ese resumen es posible en todo ser humano. Así que, para qué aburrir al lector con una avalancha de datos? Para qué hacerle perder el tiempo con páginas que no van a aportarle nada? Para qué desviarle con palabras superfluas del corazón de las cosas?

Bueno, la última parte es algo diferente. Ahí sí que hay un conato de historia.

El suficiente para sugerir un destino. En esos pasajes finales, yo transijo de alguna manera con los aficionados a la prosa y les cuento adónde fui a parar. Sin ahondar en los hechos, les doy a entender que hubo un exilio, varias ciudades, poco equipaje, muchos trámites, una gran incertidumbre y, en definitiva, el alejamiento forzoso de todo ese mundo querido que evoco a lo largo del libro.

Ya es mediodía en Sevilla. El cielo sigue cubierto de nubes bajas, tiene un color extraño. Antes de decir adiós al señor Cernuda, quiero preguntarle qué imagen de su tierra recordó al morir.

Mi madre una mañana de primavera, sentada entre las flores del jardín.

 

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