Cómo se hace una novela, Miguel de Unamuno

thumb

Ignacio Lloret

Publicado el 04/05/2018 a las 09:16

He quedado con el escritor bilbaíno en Hendaya, el lugar donde hace un siglo pasó parte de su destierro. Hemos aprovechado el calor de junio y la marea baja para andar un rato por la orilla. Ahora, viéndole algo cansado por el esfuerzo, le propongo a don Miguel que nos sentemos en el pretil del paseo y que conversemos un poco sobre este libro.

 

Fue un experimento fallido. Un intento de traducir en literatura mi ánimo de entonces. La experiencia del exilio. A veces, cuando me acuerdo de él, me pregunto si fue una manera de distraerme. Quizá en aquella época yo trataba de olvidar mi situación, mi alejamiento físico respecto de las cosas queridas, y buscaba una forma de no pensar en todo eso.

Esta obra podría considerarse incluso la prueba de que a menudo la vida se impone de una manera tan contundente que el escritor no es capaz de escapar de ella a través de la ficción.

O no tan pronto. No cuando los hechos reales son tan recientes. No cuando aquél aún no ha asimilado su nueva realidad. En lo que a mí respecta, yo sentía una ansiedad diaria que me hacía muy difícil ejercer mi oficio. Me tenía pendiente de las noticias del otro lado de los Pirineos. De la actualidad política y de lo que cualquier novedad en ella podía significar para mí. En esas circunstancias, meterme en una novela me resultaba imposible. Así que mi libro debió de ser el resultado de todo eso. Al quedar vedado el camino de la invención, de lo literario, no tuve más remedio que recurrir al consuelo de la metaliteratura.

No obstante, usted crea un personaje, U. Jugo de la Raza, y esboza en pocos párrafos un argumento válido, la historia de un lector que morirá al terminar el libro que ha escogido por azar en un puesto callejero.

Me pareció una trama eficaz, suficiente. Me gustó que el destino fatal del protagonista estuviese vinculado a la literatura, a la esencia y al misterio de la misma. Porque ese hombre, aun sabiendo que el final de la lectura supondrá su muerte, no puede renunciar a ella.

En todo caso, yo no pretendía escribir una novela. En esa clave retórica a la que alude el título de este libro, yo quería proponer al lector una línea argumental, un hilo narrativo, y que luego fuese él quien completara el resto. Que añadiese lo que faltaba. Que rellenase el hueco inmenso que yo sugería en la sinopsis, es decir, entre el encontronazo del personaje con el tomo fatídico y el segundo de felicidad y de dolor en que lee la última línea.

Sea algo deliberado o no, yo creo que su libro descansa en tres elementos: esa historia en las calles de París, sus reflexiones sobre el exilio y los comentarios que usted intercala sobre las cartas de Giuseppe Mazzini a Giuditta Sidoli.

En relación con este último, yo también tuve la impresión de que iba jugando un papel en el conjunto. En lo que iba escribiendo. Me di cuenta de que, de manera regular, cada varias páginas, yo me remitía a esa correspondencia entre los amantes a la hora de ilustrar mis ideas sobre el género.

He ahí, en cierto modo, un ejemplo práctico de cómo acaba componiéndose un relato de ficción. De cómo éste va naciendo sobre la marcha. De cómo el autor, sin haberlo previsto de antemano, va intuyendo los ingredientes que necesita para novelar. Los distintos registros o las referencias culturales que van a cumplir la función de contrapunto. Y es que, en definitiva, contar una historia consiste en buscar una forma singular de contarla.

En Hendaya el calor ya no es tan intenso como antes, sopla un viento frío que viene del Cantábrico. El señor Unamuno se ha callado y ahora mira con tristeza hacia el otro lado del Bidasoa, hacia las casas de Fuenterrabía. Quizá recuerde aquellos días en que añoraba su tierra, los años en que no se le permitía volver. Hay un momento en que estoy a punto de preguntarle algo sobre eso, pero luego lo pienso mejor y le dejo en silencio toda la eternidad.

 

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora