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Estación de libros
Estación de libros

Rhinestone cowboy, Glen Campbell

Estación de libros
Rhinestone cowboy, Glen Campbell
Actualizada 08/09/2017 a las 17:06

Un mes después de su muerte, me encuentro con el cantante de música country en la estación de autobuses de Delight, Arkansas. Aunque nació en otra localidad del mismo condado, desde aquí partió en los años cincuenta hacia Wyoming, donde empezó a tocar la guitarra junto a su tío Boo.

 

 

Así lo cuento en el libro. No podía olvidarme de él, de lo que significó en los comienzos de mi carrera. Aquel primer viaje fue también mi salida al mundo. Al final de esa gira por el oeste, regresamos a casa y, sin embargo, en cierto modo yo ya me había marchado para siempre. Aunque este lugar ha cambiado y apenas se parece al galpón de mi infancia, para mí sigue siendo el punto de arranque de todo lo que vino más tarde.

Me interesa el cruce entre disciplinas, el modo en que un pintor, por ejemplo, aborda la escritura de un libro. En esos casos, suelo preguntarme si el autor mantiene su visión, su intención estética aunque se trate de un arte diferente.

Entiendo a qué se refiere. Sin embargo, en Rhinestone cowboy yo sólo me propuse escribir sobre mi vida. Registrar las cosas que me habían pasado a lo largo de ella. Hacer un repaso de recuerdos y experiencias antes de que se mezclasen entre sí. Antes de que yo empezase a confundir los datos. Las fechas y los lugares. Las caras y los nombres. Entonces ya tenía cierta edad y pensé que aquel era el momento oportuno para emprender la tarea. Pensé que no sería sólo un buen ejercicio de la memoria a título particular, sino un trabajo que mis hijos podrían leer algún día para saber qué clase de persona había sido su padre.

Así que no, no hubo ninguna ambición formal, ninguna voluntad de estilo. Tampoco sé si hubiese sido capaz de encontrarlas. Una cosa es distorsionar una canción para llevarla a un género distinto, y otra lograr un fondo melódico o una estructura musical en un volumen de trescientas páginas destinado al gran público.

Sea como fuere, el lector espera más profundidad de una obra de este tipo. No me refiero sólo a una reflexión sobre el oficio de cantante, sino también a una forma menos convencional, menos lineal de contar las cosas que le ocurren al autor.

Insisto en que no me planteé esos objetivos en ningún momento. En fin, yo no estaba a la altura de Bob Dylan ni de Leonard Cohen. A la altura de sus cualidades como artistas, como poetas. Por muy virtuoso que fuese como guitarrista, en el fondo no dejé nunca de ser un muchacho de Arkansas, es decir, un miembro más de una familia numerosa y humilde de uno de los estados más pobres de la Unión. No en vano, necesité la colaboración de Tom Carter para conseguir algo coherente, para dar al libro una forma presentable.

Pero...

Por otro lado, quién sabe. Es posible que la escritura de esta autobiografía fuera parte de una terapia mayor. En esa época, yo acababa de superar varias adicciones y andaba buscando un equilibrio que me permitiese seguir viviendo. Ya había encontrado a la mujer definitiva y, sin embargo, aún arrastraba las consecuencias de infinidad de malos hábitos y decisiones equivocadas. Supongo que poner todo eso por escrito fue una manera de redimirme a mí mismo.

Sorprende esa especie de conversión religiosa que sufrió usted en sus últimos años. Al final, uno tiene la impresión de estar leyendo las memorias de un predicador.

No me arrepiento de lo que escribí. Entonces me sentía lleno de energía, bendecido de algún modo. Me consideraba un hombre de fe antes que cualquier otra cosa. Me veía como un pecador que había encontrado el camino y quería compartir esa revelación con los demás. Me parecía un deber de cristiano hablar de todo eso en una obra que seguramente iban a adquirir miles de personas.

Está anocheciendo en Delight. Pronto saldrán los últimos autobuses del día y cerrarán la estación hasta mañana. Antes de despedirme del señor Campbell, le pido que salude de mi parte a Hank Williams, a Rickie Nelson, a John Denver, a Roger Miller, a Johnny Cash, a todos esos colegas suyos que ahora tocan y cantan con él ahí arriba.

 

 

 

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