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Estación de libros
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Todo fluye, Vasili Grossman

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Todo fluye, Vasili Grossman
Actualizada 13/07/2017 a las 10:40

No sabía si encontrarme con el escritor ucraniano en San Petersburgo, en Sochi o en alguno de los enclaves remotos de Siberia mencionados en su libro. Podía haber elegido cualquiera de ellos. Al final, he decidido visitarle en la estación central de Moscú, pues desde aquí partieron en la época de Stalin muchos de los trenes con presos deportados hacia los campos de trabajo.

 

 

Sí, aquí empieza mi novela. Con la llegada de Iván Grigórievich a la capital, después de haber pasado casi treinta años en distintos puntos del archipiélago Gulag. Aquí es donde mi personaje vuelve a tener contacto con el mundo, con su gente, con la existencia de las personas en un entorno cotidiano. Y es entonces cuando, al mismo tiempo, nota el primer impacto con lo diferente, con lo nuevo, con algo que no conoce, con algo que no existía antes.

Usted ya había escrito Vida y destino. No había dicho en esa obra todo lo que podía aportarse literariamente sobre el universo soviético?

Necesitaba insistir en el asunto mientras no viera publicado el libro. Obedecer las señales. Continuar alguno de los hilos narrativos sugeridos en aquél. En el caso de Todo fluye, me interesaba ese breve periplo del protagonista desde que se apea en uno de estos andenes hasta que llega a lo que fue su casa a orillas del mar Negro. Porque en las escalas que va haciendo a lo largo del trayecto, en las visitas a familiares y conocidos en distintas ciudades, se resume de algún modo la tragedia de todo un pueblo. En ese viaje al pasado, Iván comprende que no tiene sentido pedir explicaciones ni hacer reproches, pues los hombres y mujeres con los que se reencuentra tras varias décadas de cautiverio son en el fondo tan desgraciados como él, víctimas de un mismo sistema enemigo de la libertad.

El suyo es un regreso lleno de decepciones y, sin embargo, a Iván le queda por lo menos el consuelo de no haberse traicionado ni haber delatado a nadie.

Pero esa certeza supone para él otra forma de soledad. Una nueva manera de sentirse solo. Rechazando el dinero y otros favores que le ofrecen ahora todos esos seres miserables con tal de que vuelva a desaparecer de sus vidas, él ocupa un último espacio de dignidad. Y aunque no le cuesta hacerlo, pues lleva viviendo ahí mucho tiempo, es consciente de que tampoco va a ser feliz por ese camino.

Hay un exceso de argumentaciones históricas, de digresiones ideológicas sobre el régimen soviético. La novela pierde intensidad en esos pasajes y recobra interés cada vez que usted vuelve a proyectar el foco de atención sobre Grigórievich.

Es posible. Quizá no me bastara con Iván. A lo mejor me sentía obligado a escribir también sobre otras personas, como su primo de Moscú o la mujer con la que convive durante unas semanas en San Petersburgo, y eso me llevó a tratar otras facetas de la URSS. Entonces, los días en que me hallaba inmerso en esta historia, tenía tantas ideas en mi cabeza, tantas cuestiones sin respuesta, que no era capaz de poner suficiente orden. Quizá el libro fuese para mí una forma de pensar en voz alta.

No obstante, visto con la perspectiva de los años, pienso que en él existe un paralelismo valioso a nivel literario entre el recorrido del protagonista por el país y el repaso de los acontecimientos y tribulaciones de una nación sometida. Más allá de cada uno de los destinos particulares de los que se habla, hay un comportamiento inicial, una manera de ser del individuo que después desencadena una reacción por parte del Estado. Como autor, me interesaba explorar ese territorio, intentar encontrar un punto de luz en la oscuridad de las cosas incomprensibles.

Empieza a anochecer en Moscú. Ahora se ven menos viajeros en los andenes. Dentro de unas horas, saldrá de aquí el Transiberiano, ese tren con decenas de vagones que atraviesa Rusia desde Europa hasta los confines de Asia. Antes de que el señor Grossman se marche, le pregunto qué tipo de libro escribiría hoy.

Un reportaje sobre la transformación de Sochi tras los Juegos Olímpicos, o un relato real sobre los años de prisión de Mijail Jodorkovski.

 

 

http://retratosycaricaturasdemiguelcoll.blogspot.com

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