Cartas desde la cárcel, Rosa Luxemburg

thumb

Ignacio Lloret

Publicado el 30/06/2017 a las 16:48

He venido paseando hasta Tiergarten, hasta el pequeño monumento erigido en Berlín en recuerdo de Rosa Luxemburg y de Karl Liebknecht. Después de saludarnos, ella y yo nos sentamos en un banco bajo los árboles. Desde aquí, esta mañana luminosa de junio, se oye el piar de miles de pájaros, un sonido muy querido para la autora.

 

Briefe aus dem Gefängnis (Vollständige Ausgabe): Denken und Erfahrungen der internationalen Revolutionärin (German Edition) de [Luxemburg, Rosa]

Sí, no habría podido vivir sin él. Sin ellos. Los amaba cuando era libre, pero mucho más durante mi cautiverio. Aprendí a distinguirlos por su forma y sus colores, pero sobre todo por su canto. Tanto en Wronke como en Breslau, las cárceles donde estuve, podía caminar un rato todos los días. En ambos sitios, el edificio terminaba en un jardín, en los confines de un bosque. Yo andaba junto al muro y era feliz escuchándoles.

Hasta el punto de que, en estas cartas, usted dedica a gorriones y ruiseñores, a mirlos y pinzones, muchas más páginas que a los hechos y circunstancias que la llevaron a prisión.

Y me alegro de que fuese así. Porque para lo otro, para el debate ideológico y las disquisiciones filosóficas, ya estaban mis libros y mis artículos. De manera que en las cartas, en las dirigidas a Sophie Liebknecht reunidas en este volumen, me interesaba un contenido diferente. Yo quería ser ligera. Volverme hacia las cosas a las que no había dado antes suficiente importancia. Proyectar mi mirada hacia la naturaleza. Hacia los animales y las flores. Deseaba contemplar el cielo y ser consciente de los cambios que se producían en él. Fijarme en el perfil de las nubes y en el resplandor que dejaban las tormentas cuando se alejaban. Describir todo eso. Contárselo a alguien.

Lo curioso es que el tiempo le ha dado la razón en ese sentido. Me refiero a que estos textos han envejecido mejor, se leen con mayor placer que algunos de sus escritos políticos.

No sé si poseen valor literario, pero sí testimonial. Reflejan con acierto mi carácter. Recogen el ánimo con el que afronté mi reclusión. Me gusta la persona que está detrás de ellos. La mujer que se entrevé más allá de las palabras. Creo que el lector agradece el tono optimista y lleno de esperanza que transmiten. Me propuse escribir sólo cuando mi alma se sintiera en paz. En momentos de serenidad. Por eso, lo que ha quedado en las cartas es un canto a la vida casi tan alegre como el de los pájaros que me acompañaban entonces.

Sin embargo, es verdad que yo no podía olvidar la guerra. Su impacto me alcanzaba también por escrito. A través de las noticias sobre los caídos en el frente. A través de todo lo que no se atrevía a contarme Sophie. Yo quise contraponer a esa contienda absurda la engañosa banalidad de lo cotidiano. En lugar de regodearme intelectualmente en el horror, de aprovecharme de él para sacar conclusiones teóricas o frases brillantes, preferí convertirlo en un eco lleno de belleza. Transformar el estallido de los proyectiles en algo parecido a la armonía.

Así que la algarabía de los pájaros que usted describe puede entenderse también como una metáfora del estruendo que había detrás.

Eso es. Quien lea hoy mis cartas no sólo se sentirá emocionado con los pasajes donde celebro la llegada de la primavera, sino conmovido al intuir lo que sucedía realmente en el mundo. Comprenderá hasta qué punto andaban equivocados los hombres. En qué medida empleaban sus fuerzas y su tiempo en fines inútiles. Apreciará todo aquello que sus antepasados despreciaron. Valorará la existencia, la nuestra y la del resto de seres vivos, y de ese modo mi mensaje revolucionario calará en él con más intensidad que a través de cualquier ensayo.

Me da pena despedirme de Frau Luxemburg, dejarla aquí toda la eternidad. Me consuela un poco saber que no se queda sola, que la acompaña Herr Liebknecht en silencio. Antes de irme, me dirijo una última vez hacia ella y le pregunto si le gusta el lugar que eligieron para la placa conmemorativa que les recuerda.

Sí. Es un placer descansar entre canales y árboles, en el espacio verde más visitado de la ciudad. Y, sobre todo, estar tan cerca del zoológico y de sus habitantes.

 

http://retratosycaricaturasdemiguelcoll.blogspot.com

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora