Ana la de Tejas Verdes, L.M. Montgomery

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Ignacio Lloret

Publicado el 07/04/2017 a las 10:12

Me encuentro con la Sra. Montgomery en un café de Charlottetown, la capital de Prince Edward Island. Es una tarde de primavera como aquella en que Ana Shirley, la protagonista de su libro, llegó a Avonlea y fue acogida por Marilla y Matthew Cuthbert en Tejas Verdes.

 

Es un placer volver aquí, aunque sea después de haber muerto. Hay pocos sitios donde se dé esta armonía entre el azul del mar y el verde del campo, entre la oscuridad del bosque y la claridad del cielo en un día como hoy. En cuanto a mi novela, no habría podido escribirla si no hubiese pasado la infancia en esta isla.

Visto con la perspectiva del tiempo, creo que es una bonita manera de salvar un lugar. De rescatarlo entre los otros, entre la infinidad de todos los que hay en el mundo. Me refiero a que mucha gente identificará para siempre este rincón de Canadá con mi personaje, relacionará éste con aquél. Me gusta pensar en mi libro en esos términos.

Sí, el paisaje es uno de sus elementos importantes. El lector es consciente de hallarse en un entorno peculiar. Y en ese sentido, acceder a él en el siglo XXI, muchas décadas después de la aparición de la novela, hace que la sensación sea aún más intensa, no le parece?

Me alegro de que sea así. Porque Ana Shirley no existiría sin el Blanco Camino Encantado ni el Lago de las Aguas Refulgentes. Sin los senderos, las flores, los árboles o los animales que viven en la espesura. Y aunque en los primeros episodios, cuando la protagonista es todavía una niña, hay una idealización de la naturaleza, el final del encantamiento que se produce más tarde no estropea en absoluto la imagen que el lector tiene de ella.

A ese asunto quería llegar. La imaginación y sus excesos es uno de los temas de su libro.

Porque, en el fondo, hay cierta injusticia en el modo en que Ana contempla las cosas al principio. Al fantasear tanto con lo que ve, al verlo de otra forma, le quita parte de su belleza. No sólo emplea nombres exagerados para esos lugares, sino que los envuelve en un aura mágica que no necesitan. Ése es uno de los aprendizajes de la protagonista. Una de las enseñanzas que va extrayendo a medida que observa. Con los años, se da cuenta de que esos paisajes tan bellos no requieren ninguna metáfora para ser descritos.

He ahí un mensaje literario con dos lecturas. Por un lado, en clave cervantina, se da la transformación del personaje en una figura más acorde con su época, con los seres y las realidades de su tiempo. Por otro, también me interesaba transmitir algo implícito sobre la expresión poética. A través de Ana Shirley y de su mundo, quería recordar que para emocionar al lector no hace falta hinchar el lenguaje. Que basta un puñado de palabras sencillas y familiares para conseguir naturalidad en lo que se dice, en lo que se describe, en lo que se cuenta.

Y lo bueno es que ese cambio que se produce en Ana no va acompañado de ninguna decepción. Es verdad que no es la misma al final del libro y, sin embargo, su ingreso en el mundo real no conlleva una pérdida de valoresni de virtudes, sino todo lo contrario. La joven que nace es una persona empática y generosa, un ser consciente de la bondad que le rodea.

Ese es el segundo quiebro de la novela. Prefiero llamarlo así. En otras historias es habitual que el fin de la fantasía, de la niñez, vaya acompañado de cierto traumatismo. Que el crecimiento del personaje suponga la aceptación de un mundo distinto, de una normalidad llena de complejidades y conflictos. Aquí no. Aquí yo deseaba que en la mirada nueva de Ana Shirley hubiese tanta felicidad como antes, pero una felicidad más valiosa por tratarse de un sentimiento más maduro.

Está anocheciendo en Charottetown. Pronto habrá oscurecido y ya no distinguiremos la línea del horizonte más allá de los barcos. Antes de despedirme de la Sra. Montgomery, quiero preguntarle si su libro habría funcionado con un protagonista masculino. Entonces Maud sonríe y me responde sin vacilar.

Ah, si Marilla y Matthew Cuthbert hubieran acogido a un chico tal como esperaban, todo habría sido diferente.

 

http://retratosycaricaturasdemiguelcoll.blogspot.com

 

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