A este lado del paraíso, Francis Scott Fitzgerald

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Ignacio Lloret

Publicado el 31/03/2017 a las 11:20

Estoy con el escritor norteamericano en el bar del hotel Hampton de Nueva York. Hemos pedido una segunda ronda de bourbon. Ahora a Scott Fitzgerald ya no le importa excederse con la bebida, es una de las ventajas de haber muerto. A ratos, se vuelve hacia el ventanal y se queda unos segundos mirando las calles del Soho.

 

No es mi novela más conocida y, sin embargo, en algunos aspectos es mejor que El gran Gatsby. No necesita retorcer la trama ni terminar en un desenlace violento. La veo como un canto a la juventud. Trata de reflejar el deseo frustrado de sublimar la propia vida que se da en esos años. De hacerla inmensa antes de que la estropeen las vulgaridades. Quiere recoger la confusión en la que desemboca a menudo la ansiedad del joven. La impaciencia en su modo de comportarse. Su obsesión por alcanzar un estado de gracia que le mantenga para siempre a salvo de todo lo que no sea magnífico.

Quizá por eso me hacía falta una figuracomo Amory Blaine. Alguien agraciado y brillante. Porque entonces, eligiendo a un personaje de esa estatura, al ejemplar más completo de una especie, yo podía ir hasta el final de las cosas. Amparándome en la excelencia de ese individuo, podía recorrer los caminos de la edad hasta sus confines. Podía entrar en la amistad, en el amor, en el arte y en la guerra de la mano de una persona capaz de extraer conclusiones lúcidas de todas esas experiencias.

Y en un contexto tan refinado, la referencia constante a la poesía acaba siendo algo natural, no es así?

O una instancia superior. Un espacio por encima de lo demás. Una abstraccióna laque tanto Blaine como otros personajes se remiten en los momentos en que no hay otra forma de entender el mundo. Es el lugar donde se encuentran. Donde Amory coincide con Clara, con Rosalind, con Eleanor. El sitio donde él puede tratar a las mujeres en igualdad de condiciones. El único lenguaje en el que logra comunicarse con ellas y comprenderlas.

A pesar de lo que dice, no cree que las figuras femeninas de su novela sólo existen en función de Amory?, que no llegan a tener entidad por sí mismas?

Es posible. Pero eso se debe a que el nuestro era un mundo masculino. Un mundo con hechos protagonizados por hombres. Con decisiones tomadas por hombres. Con errores cometidos por hombres. Y el papel de las mujeres consistía en despertar las emociones en nosotros. He ahí uno de los asuntos que me interesaron desde el principio. Yo quería escribir sobre los esfuerzos del protagonista por hacerse con una personalidad, con un carácter fuerte y atractivo, antes de que lo eche a perder la pasión. No escribir sólo sobre esa tarea tan complicada, sino sobre la contradicción que supone al mismo tiempo. Y es que, si Amory busca esa identidad peculiar, es precisamente con el fin de seducir a las mujeres y enamorarse de ellas. Es decir, pretende una educación no sentimental para más tarde dejarse arrastrar por los sentimientos.

Me gustan mucho los diálogos, la dialéctica de Blaine y, en general, las observaciones que usted va soltando a lo largo del libro a través de sus criaturas.

Sí, reconozco que a ratos, en ciertos pasajes de la novela, llegaba a olvidarme del argumento. Me refiero a que, me sumergía hasta tal punto en esas disquisiciones, que rompía un poco el ritmo de la narración. Pero luego lo vi de otra manera. Al leer el manuscrito, me di cuenta de que las conversaciones de Amory con su madre, con sus amantes o con los hombres que le recogen al final en su coche eran como escenas de teatro en medio de un relato. Como una detención deliberada del tiempo. Supe que esa mezcla de registros aportaba algo nuevo. Supe que, aunque el paso de los años quitase profundidad a mis reflexiones, éstas seguirían escapando al juicio de la verdad gracias a su belleza.

Está anocheciendo en Manhattan. Me da pena despedirme de Francis. Me va a resultar duro ver cómo se aleja en la oscuridad. Antes de que eso ocurra, quiero hacerle una última pregunta. Pensando en el final abierto de su novela, quiero saber si Amory volvió a encontrarse con Rosalind.

Yo también me lo pregunto a veces. Me gusta creer que sí. Que terminó sus estudios en Princeton, que tuvo éxito como escritor y que entonces fue a buscarla para recuperar algo que era suyo.

 

http://retratosycaricaturasdemiguelcoll.blogspot.com

 

 

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