Linterna mágica, Ingmar Bergman

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Ignacio Lloret

Publicado el 17/03/2017 a las 09:23

He venido a la isla de Färo a entrevistar a Ingmar Bergman. Aquí residió los últimos años de su vida y aquí ha querido recibirme ahora que está muerto. Supongo que este lugar debe de ser inhóspito en invierno, pero hoy, a mitad de julio, resplandece como un puerto del Mediterráneo. En todo caso, es un sitio idóneo para comentar sus Memorias.

 

Es curioso. A menudo estos libros son una excusa del autor para hablar de otras personas. Un rodeo para escribir sobre ellas. El narrador los disfraza de autobiografía cuando lo que pretende en el fondo es llegar a conocer a través de sus páginas a alguien distinto. A alguien en concreto. A veces, cuando pienso en Linterna mágica, me pregunto si en realidad no es un camino alternativo para abordar el personaje de mi madre.

Sí, hay cierta fijación en su figura. El libro empieza con la obsesión del niño por obtener el amor de su madre y termina con un fragmento del diario de ésta.

A eso me refiero. Y, sin embargo, no sabría decir si es algo premeditado. Más bien creo que ese propósito surge después. En un momento en que el libro ya está en marcha. También sucede con las novelas. Ocurre que el argumento parece encaminarse a cierto destino y, de repente, se desvía hacia otra parte. En contra de lo previsto por el autor. A pesar de sus planes iniciales. Hay un punto en el cual se produce una especie de revelación. La certeza de que el interés ya no reside en quien creíamos el protagonista, sino en alguien diferente. Y en el caso de unas memorias es igualmente válido. De pronto, el autor pierde entusiasmo hacia sí mismo o descubre que las señales le indican otra cosa, le llevan hacia otra persona. Comprende a tiempo que es de ésta de quien quería escribir.

Me gusta su forma de desmitificarse, de criticarse, de quitarse importancia. A lo largo del libro, hay un tono donde usted mezcla la amargura con el desparpajo. Lo buscó desde el principio?

No busqué nada en particular. Sin embargo, no me importa que haya salido de esa manera. Quizá tenga que ver con mi carácter. Puede que sea la manifestación escrita de éste. El modo que adopta mi temperamento cuando se expresa en un lenguaje distinto del hablado. Sea como fuere, habría sido absurdo incurrir en la autocomplacencia o en la autocompasión. Cualquiera que se ponga a redactar sus memorias debe intentar ir más allá. Quiero decir, más allá de lo conseguido y de lo estropeado. De logros y fracasos. Debe aprovechar la ocasión para conocerse a sí mismo un poco mejor. En el momento en que yo emprendí la tarea, me encontré con una especie de caos delante de mí. Era como un niño con una habitación llena de juguetes desperdigados por el suelo. Allí había matrimonios, divorcios, hijos, amantes, libros, películas, obras de teatro, viajes y lugares concretos donde yo había vivido alguna vez. Así que había que poner un poco de orden en todo eso. No un orden cronológico ni documental. Más bien se trataba de someter esa inmensidad a una estructura lógica capaz de explicar quién era yo.

Creo que hay también un fondo de estupor. No la intención de eludir la responsabilidad escudándose en el destino, sino el asombro del ser humano ante la complejidad de la vida.

Y a ese descubrimiento se suma una segunda decepción. El narrador constata cómo el arte tampoco es la salvación que esperaba. No es tan voluble como la vida, pero las insidias que lo rodean, todas esas pugnas y afanes miserables, terminan inhabilitándolo como refugio. En mi caso, pocas veces hubo estrenos sin peleas con los actores, películas sin discusiones sobre el presupuesto, rodajes sin presiones de alguien. Quizá por eso, al final decidí retirarme en esta isla.

En Färo el cielo se ha nublado y ha empezado a soplar un viento desagradable. Antes de despedirme del Sr. Bergman, quiero comentar con él un último pasaje de su libro. Ése en que usted recuerda una excursión por el bosque...

... y cómo me caí de la bicicleta, y mi padre me levantó del suelo, me llevó a una granja cercana a que me curasen, y cómo más tarde volvimos juntos yfelices a casa.

 

http://retratosycaricaturasdemiguelcoll.blogspot.com.es/2017/03/ingmar-bergman.html

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