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Estación de libros
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Manual para mujeres de la limpieza, Lucia Berlin

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Manual para mujeres de la limpieza, Lucia Berlin
Actualizada 11/03/2017 a las 09:40

Estoy sentado con Lucia Berlin en una parada de autobús en Oakland, California. Es una mañana lluviosa, uno de esos días tristes que tanto le desagradaban cuando vivía. He quedado con ella para hablar de sus relatos y para decirle que Penguin Random House ha editado un volumen que incluye la mayoría de ellos. Ojalá eso la anime un poco.

Manual para mujeres de la limpieza de [Berlin, Lucia]

Vaya. Me alegro de verdad. Espero no aburrir a los lectores con tantas lavanderías. Ahora que están todos los cuentos juntos, quiero decir. Pero también aparecen en los de Carver. Son cosas inevitables en este género. Me refiero a que en él, en los textos de los autores que lo cultivan, hay lugares recurrentes. Las licorerías, los hospitales, los centros de terapia de grupo. Y no creo que sea sólo porque todos hayamos pasado a menudo por ellos. Creo que ahí dentro surge una especie de sordidez, una atmósfera deprimente que necesitamos describir.

Ese es uno de los temas que quería tratar. Supongo que es el cruce de lo sórdido con lo bello lo que usted buscaba.

Más bien los destellos de esperanza que brillan de vez en cuando en esos sitios. O de amor. Pequeñas historias que no necesitaba desarrollar en doscientas páginas, que encajaban mucho mejor en un formato de diez. La breve relación de una madre de clase media y un indio alcoholizado. De un ama de casa y un vendedor a domicilio. De una mujer de la limpieza y los dueños de los lugares adonde va a trabajar. Escenas quese danen la vida anodina de las personas y en las cuales salta una chispa de ternura que salva el momento para siempre.

Pienso que ése es el terreno natural del relato. Que para retratar la sociedad norteamericana de la segunda mitad del siglo XX ya no sirve la novela, ya no bastan las novelas. Entonces también las hubo de calidad, las habrá en el futuro, y, sin embargo, a partir de esa época han sido los cuentos los que han conseguido recoger lo valioso. La literatura ha tenido queemplear esa modalidad de prosa para hacerse entender. Para contar las cosas que nos importan. Para hacerlo del único modo posible. Una manera nueva de conmover al lector.

En muchas de sus historias se nota el peso de lo autobiográfico. Se aprecia incluso una deriva en esa dirección con el paso de los años, la tendencia a dar prioridad a lo vivido.

Es posible que me dejase seducir un poco por eso. Por lo que me ocurría a mí y a mi familia. Por lo que iba sucediendo a mi alrededor. Es algo que he observado también en otros autores. Lo he visto en Alice Munro. Claro que ella, en ese libro tan bello que es Mi vida querida, regresa sobre todo a la infancia. Yo, en cambio, cuento los últimos días de mi hermana Sally, el tiempo que estuve cuidándola en México hasta que murió. Pero no sabría decir si es sólo una presión de lo real, una imposición de lo cotidiano. Hay un momento en la edad de un escritor, en su trayectoria profesional, en que la ficción pura empieza a perder capacidad de persuasión. Potencial sugerente sobre él o sobre ella. Ya no se cree lo que inventa y al mismo tiempo descubre las posibilidades emocionantes de lo verídico.

Sea como fuere, en esos otros relatos no eran los hechos lo que me interesaba. La aproximación a mi vida o a la de mi hermana sólo era un pretexto para lograr una descripción poética o una reflexión brillante a partir de aquélla. Quizá un día ya no fui capaz de contar una historia triste sin remitirme ala mía, o ya no necesité imaginarla. Pero en todo caso buscaba algo que quedaba más allá de lo acontecido. El parloteo de los cuervos en el porche o la luz de una tarde diferente.

Qué tipo de cuentosintentaría ahora? Si no hubiese muerto, si todavía viviera.

Volvería al escenario de algunos de ellos. A la consulta de aquel médico para el que trabajé en Oakland o a cualquiera de los pisos donde limpiaba. Sí, regresaría a la lavandería Ángel de Albuquerque y usaría la magia de la literatura para saber qué fue de Tony el apache,escribiría un final feliz para él.

 

 

 

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