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Estación de libros
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49. Expiación, Ian McEwan

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49. Expiación, Ian McEwan
Actualizada 17/02/2017 a las 10:04

Porque por fin, siguiendo a mi profesor, había reunido el valor suficiente para hablarle. De modo que bajé la voz en aquel piso luminoso del Borne y les pedí a los dos que me comprendiesen. Le recordé al señor Beltrán que yo había experimentado un sentimiento muy parecido al suyo. Que, aun siendo entonces un chaval de quince años, me había enamorado de la misma persona que él, como les ocurre a Florentino y a Juvenal con Fermina Daza en el libro de García Márquez.

 

 

Lector: Pero, qué habías hecho tú? Qué era lo que debían entender?

En esta novela de McEwan, Briony, la hija adolescente de los Tallis, siente una mezcla de celos y fascinación hacia lo que empieza a surgir entre su hermana Cecilia y Robbie Turner. Por una parte, le gustaría dejar que avanzase, ser testigo de esa relación entre dos personas criadas en el mismo hogar. Le gustaría impulsarla para después contarla en un libro incluyendo todos los matices que la hacen excitante a sus ojos de escritora. Por otro lado, necesita destruirla para proteger a su hermana, o para no sufrir viendo a Robbie en brazos de alguien que no sea ella. Al final, la confusión entre realidad y ficción lleva a Briony a acusar a Turner de un abuso sexual no cometido por él.

Lector: Espera. No estarás diciéndome que delataste a tu profesor

Una mañana, al señor Beltrán le tocó vigilar el recreo de unos alumnos de primaria. Nuestra clase también estaba allí, pues a menudo compartíamos el mismo campo de fútbol. Mientras los niños jugaban sus partidos, los mayores nos sentábamos a fumar en los soportales donde terminaba el terreno. Ese día a mí me apetecía andar un poco, así que di un paseo y fui hasta el pequeño jardín que había más allá. Entonces les vi besándose detrás de un árbol.

 

Resultado de imagen de imagenes de parejas besandose entre los árboles

 

Unos días después, la profesora de literatura nos mandó que escribiéramos un relato de tema libre. Yo tenía aquella escena muy reciente en la cabeza, de modo que imaginé una historia de amor basada en hechos reales. Aunque cambié algunos datos y los nombres de los protagonistas, me salió un cuento tan verosímil que yo mismo temblé al acabarlo y entregárselo a mi profesora. Ya me había olvidado del asunto, cuando una tarde el director del colegio me llamó a su despacho. Sacó unos folios del cajón y me preguntó si los había escrito yo. Todavía sorprendido, eché un vistazo a lo que me enseñaba y le dije que sí, que era el trabajo que nos habían encargado en clase. Al cabo de una semana, nos enteramos de la expulsión del señor Beltrán.

Lector: ¡Pero lo tuyo sólo era un texto inventado! Y, además, cómo ibas a saber que terminaría en manos del director?

En la última parte de Expiación, Briony Tallis revela que todo lo que ha contado a partir de cierto momento es una novela escrita por ella. Que Cecilia y Robbie nunca volvieron a estar juntos, pues ella murió en un bombardeo de Londres y él en la batalla de Dunquerque. Que no hubo reconciliación entre hermanas, y que la única manera que le quedaba a ella de expiar su culpa por aquella acusación falsa era escribiendo un libro con un desenlace diferente, una historia de amor con final feliz.

La noche de noviembre en que fui a visitar a mi profesor, les pedí perdón a él y a mi compañera del colegio por lo que había pasado treinta años atrás. Con la voz encogida, les dije que siempre me había arrepentido de escribir aquel relato, aunque no lo hubiese hecho con intención de perjudicar a nadie. Les dije que me alegraba de que hubiesen seguido juntos, y que sólo el hecho de saberlo me había permitido vivir un poco más tranquilo desde entonces.

En un fragmento de sus diarios, Hermann Hesse concluye: En el artista, la estéticasustituye ala moral.

Y es cierto que, en el caso del escritor, se da una permanente falta de escrúpulos que le lleva a sacrificarlo todo por una buena página, por una rima sublime, por un relato de calidad. En ese contexto, sumido en su labor creativa, el escritor es un ser despiadado, frívolo, insensible a todo lo que no sea la palabra, el lenguaje y su posibilidad emocionante.

Lector: Por cierto, qué libro llevaba tu profesor en la mano?

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