41. Los hermanos Wright, Fred C. Kelly

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Ignacio Lloret

Publicado el 23/12/2016 a las 12:15

Lector: Pero esa promesa que somos al principio y de la que hemos hablado hace unos capítulos debe concretarse de algún modo.

En el caso de los hermanos Wright, se traduce en hacer realidad el sueño de volar, en la invención del avión. Aunque a los treinta años ya se habían establecido con éxito como reparadores de bicicletas en Dayton, su ciudad natal, Wilbur y Orville decidieron afrontar una empresa mayor. Delegaron la explotación del taller en su familia y se trasladaron a la costa de Carolina del Norte para intentar algo más grande, algo que se elevase por encima de ellos.

 

El autor de esta biografía cuenta cómo se instalaron con su equipamiento humilde en una cabaña entre las dunas, de qué manera se organizaron para aprovechar todas las horas del día. Describe los estudios realizados en el lugar y la curiosidad que empezaron a despertar en algunos de sus habitantes. Explica los errores cometidos al calcular pesos y velocidades, dimensiones y perfiles, la forma de resolverlos entre los dos. Reproduce dibujos de sus prototipos y fotografías borrosas donde se ve a los hermanos señalando hacia el cielo.

He querido incluir este libro porque me ha marcado especialmente. No sólo por tratar la figura del aviador, ese personaje tan literario, sino por dedicar su contenido a recordar la vida de unos hombres excepcionales. Sí, me impresiona la tenacidad de los Wright, su entusiasmo sereno, su capacidad para recuperarse de los fracasos, el ánimo con que reconstruían una y otra vez los aviones que se desplomaban. Admiro su paciencia y su espíritu metódico, la calma con que desarrollaron sus modelos aeronáuticos y lo poco que les importaba hacerse famosos por ellos. Me gusta que, sin perder la humildad del principio, fuesen conscientes de lo que habían logrado y defendieran la titularidad de sus patentes hasta el final.

Lector: No crees que aquí vemos el resultado al que lleva el trabajo disciplinado del joven Stephen Dédalus, el fruto de su esfuerzo recogido en la madurez?

Con el matiz interesante de la colaboración. Y es que, justo cuando hemos dejado de imitar a los demás, les necesitamos de nuevo. No para conformar nuestro carácter ni para depender de lo que consigan gracias al suyo, sino para sumar fuerzas hacia un objetivo común. En ese camino la tentación consiste en pensar que estamos alcanzando las cosas sin ayuda, hay un espejismo de autosuficiencia. Por suerte, antes de que la confusión se haga mayor, miramos a ambos lados al final del trayecto y comprobamos con alegría que no hemos andado solos.

En el viaje que hice aquel verano por Estados Unidos, paré unas horas en Kitty Hawk, el sitio donde se levanta el monumento a los hermanos Wright. Esa mañana había dejado atrás las playas turísticas del Atlántico y ya estaba cerca de la zona industrial de Virginia. Al sur de la desembocadura del río Delaware, la costa tiene un relieve accidentado, es una línea interrumpida por las entradas del océano, por bahías naturales rodeadas de bosques que llegan hasta la orilla.

Después de aparcar junto a una de los accesos al recinto, me dirigí hacia el edificio principal. Estuve un rato leyendo los paneles informativos y curioseando entre los objetos expuestos. Había maquetas de aeronaves y fotografías de pioneros de la aviación. Había camisetas ilustradas y libros como el que estoy comentando ahora.

Recuerdo que más tarde salí y recorrí la explanada que había servido de pista a los aviones. Era una extensión de hierba con varios mojones que indicaban los progresos de Wilbur y Orville aquellos días decisivos de 1903. Vi a un grupo de gente señalando hacia ellos y a una mujer sola mirando hacia el mar. Ya había decidido volver al coche, cuando me fijé en un chaval que intentaba en vano hacer volar una cometa. Me acerqué a él y le pregunté si podía ayudarle. Mientras él sostenía los dos hilos, yo empecé a correr con el trapecio de papel y lo solté para que subiera todo lo posible. Entonces la cometa ganó altura empujada por el viento y trazó piruetas en el aire.

 

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