35. La isla, Giani Stuparich

Publicado el 12/11/2016 a las 10:21
También puede salvarnos un lugar. Porque a menudo, incluso cuando han desaparecido las personas que nos rodeaban, el sitio donde nos ocurrían las cosas con ellas continúa ahí para nosotros. Entonces, regresar una y otra vez a ese pueblo o a esa casa será una manera de no extraviarnos demasiado.
En este relato largo de Stuparich, el narrador cuenta: Entre el correo que tenía en la mesa, vio la carta de su padre y la leyó de inmediato, todavía en pie. Su padre le escribía con ternura: deseaba volver a ver su isla natal, pasar en ella algunos días de paz, tal vez los últimos, y le agradecería que le acompañara él
Y es que en ese reencuentro familiar, la isla del Adriático cuyo nombre no se menciona juega un papel relevante. Al principio el hijo echa de menos sus montañas, el frescor de un paisaje diferente, se siente incómodo a orillas del mar. Más tarde, a medida que recupera la comunicación con el padre, cuando ya ha entrado en sintonía con él, entiende su insistencia en arrastrarle hasta allí. Comprende que no es una cuestión de pereza ni de antojo, sino una entrega de testigo. Sabe que, aunque un día haya desaparecido su progenitor, la isla seguirá siendo un vínculo entreambos, gracias a esa última estancia que comparten en ella.
Lector: Ya habías leído este libro, pero en aquella ocasión no lo apreciaste tanto como ahora, me equivoco?
En eso consiste la relectura, en la posibilidad de volver a una obra en el momento en que la necesitamos, sabiendo lo que vamos a encontrar. Yo llevaba unos días pensando en mi padre, en su enfermedad y en la incertidumbre que acompaña siempre a las que son graves. Quería leer algo relacionado con eso, así que hice memoria, recordé el relato de Stuparich y me di cuenta de que era el idóneo para entrar en el asunto.
De alguna manera, uno empieza a ser lector de verdad cuandosu biblioteca está terminada. No porque haya colocado y ordenado los libros en los estantes, sino porque ya los ha leído una primera vez y a partir de ese momentolos tienea su disposición como un manual abierto para cada adversidad de la vida.
En mi segundo paso por La isla me sentí identificado con el hijo, con sus intentos de compartir el sufrimiento del padre. Me vi en él cuando imagina de noche al hombre mayor en la habitación de al lado, y cuando a la mañana siguiente se ve sorprendido por su vitalidad, por unos deseos nuevos que ya no creía posibles. Me reconocí en la ignorancia del joven a la hora de comprender ciertas cosas, pero también en la furia y la ansiedad del enfermo rebelándose contra lo inevitable.
Y luego está la isla, un espacio de luz como símbolo de esosdestinos cálidos que valoramos cada vez más. Hay un momento en que se nos acaba la curiosidad por explorar el mundo, por descubrir países exóticos, y lo que nos importa es reconocer ese sitio que ya no podremos eludir. La elección del mismo será casi fortuita, quedará al margen de criterios estéticos. Por un motivo parecido al que llevó a Iñaki Uriarte a escoger Benidorm, nosotros nos sentiremos atraídos por un lugar y ya no habrá forma de remediarlo. Lo curioso es que probablemente nunca nos instalaremos allí del todo, no llegaremos a quedarnos en él. Se tratará de una isla, una aldea o una ciudad con la que cometer un adulterio continuado y feliz, con la que poder ser infieles a nuestra primera residencia sin rastro de culpa.
Lector: Crees que hay personajes que sólo son verosímiles asociados a un espacio concreto?
Una de las tardes en que me encontré con mi amigo en la cafetería, él propuso que diésemos un paseo. Como hacía buen tiempo, debió de parecerle una lástima no disfrutar de ese día al aire libre. Además, habíamos quedado pronto y llevábamos bastante rato sentados. Mientras él recogía sus cosas, yo intenté imaginar la misma conversación afuera, una escena similar en otro sitio, pero no me resultaba convincente. Entonces le dije que esperara unos minutos, que ya nos iríamos cuando hubiésemos acabado de hablar.