34. El libro de un hombre solo, Gao Xingjian

Publicado el 04/11/2016 a las 09:37
Claro que, en otras circunstancias, esas mismas mujeres serían capaces de correr detrás del cazador de hojarasca, rogarle que no se marchara tan pronto o que volviese cualquier otro día. Tampoco entonces tendrían nada que fumigar, seguiría pareciéndoles inútil la tarea y, sin embargo, estarían dispuestas a soportarla con tal de no quedarse solas esa segunda tarde tan diferente.
Lector: Crees que nos cuesta encontrar un equilibrio en la relación que mantenemos con quienes convivimos? Crees que eso nos lleva a necesitarles y a no aguantarles al mismo tiempo?
O puede que a partir de un momento la libertad empiece a perder sabor, a no sabernos a nada, y necesitemos constreñirla de algún modo. Quizá se trate de ponerle algún límite, no en el sentido coercitivo, sino en el de conseguir que esa independencia material y emocional alcanzada termine en un punto interesante que la acote, que marque sus confines. Ese punto puede ser cualquier clase de compromiso adquirido voluntariamente, una entrega que valga la pena. Podría ser el amor, por supuesto, pero también otro tipo de vínculo afectivo, solidario o vital que nos impida hacer siempre lo que queremos.
En El libro de un hombre solo, el narrador se encuentra con mujeres que no saben qué hacer con tantas horas libres, con tanta libertad. Esas amantes de paso son europeas jóvenes que disfrutan de la vida, de una existencia sin dificultades ni preocupaciones, lejos de las obligaciones mayores. Sin embargo, están deseando dar con algo o con alguien que suponga un límite a esa autonomía vertiginosa de la que están abusando o que ya han gastado del todo.
Al escribir esta especie de autobiografía, Gao Xingjian opta por una combinación de fórmulas usadas por otros autores, algunas de las cuales ya hemos mencionado aquí. Me refiero a formas personales distintas del yo, a la tercera persona de Coetzee en Juventud y a la segunda de Auster en Diario de Invierno. El escritor chino cuenta su pasado por medio de él y el presente en que se desarrolla parte del libro por medio del tú. Y si al principio, a lo largo de varios capítulos, ambas figuras progresan por separado arrancando de distintos momentos en el tiempo, hay un punto a partir del cual se cruzan, se reconocen, tropiezan una con otra. Entonces la segunda, que ha acompañado al lector en ese repaso de las tribulaciones de la tercera, termina comprendiendo mejor a ésta y la perdona sin que eso signifique aprobar lo que hizo.
Lector: Hay un contraste obvio, casi doloroso, entre el mundo asfixiante donde vivió el autor en su juventud, y esa existencia frívola de las mujeres con las que se relaciona en el exilio, no es así?
En el libro se exponen implícitamente los dos extremos: la vigilancia y represión total del ser humano por parte del Estado, y ese vacío sin sentido en que se convierte a veces la vida de la gente. Lo curioso es que, sin un tope capaz de evitar su propia deriva en una u otra dirección, las personas se precipitan en ambos casos a un abismo parecido.
Al final de aquella excursión con mi hermano, poco antes de encontrarnos con su familia para comer, me puse a pensar en el picnic que habían organizado. Aún no habíamos llegado a la explanada del lago, a esa extensión donde íbamos a pasar la tarde y, sin embargo, yo ya me imaginaba el momento. Pensé que Juan tenía suerte con su mujer y sus hijos, que debía de ser bonito que a uno le recibiesen los suyos después de una travesía. Sí, me dije que era estupendo poder dedicarse a subir montañas, no tener que renunciar a esa afición por culpa de nada ni de nadie, pero que también lo era terminar la ascensión en un lugar donde a uno le estuviesen esperando.
Recuerdo que entonces, cuando aún estaba distraído con esas cosas, aparecieron mis sobrinos por la misma cuesta por la que andábamos nosotros. Primero oí sus gritos infantiles y casi enseguida les vi más allá de unas rocas, saliendo de entre los árboles. Y, aunque me alegré mucho por mi hermano, en aquel instante habría deseado que fuesen mis hijos, que esas voces me llamaran a mí.