18. Life, Keith Richards

Publicado el 13/07/2016 a las 11:41
Lector: Antes de que continúes con esa historia, quiero escuchar tu opinión sobre otros aspectos de la literatura. Me refiero a todo lo relacionado con el lenguaje y el estilo en general.
En su Autobiografía, Life, Keith Richardsrecuerda sus inicios ycuenta cómo entonces, mientras muchos de sus compañeros de academia se empeñaban en aprender a tocar la guitarra, él ya buscaba un sonido. Pues bien. Creo queen literaturadeberíamos hacer lo mismo. Y es que no se trata de dominar la técnica, sino de hallar un sonido nuevo, aunque para ello tengamos que quitar una cuerda de nuestro instrumento y quedarnos con cincoigual que hizo Keef.
Como lector, me gusta reconocer la canción del escritor, la forma de cantar propia de aquellos autores que la tienen. A menudo, no me importa que Kundera o Updike o Pavese o Sebald no me metan en ninguna historia extraordinaria, tengo suficiente con detectar su música en lo que leo. Es una sensación confortable, la certeza de que no saldré defraudado de su libro. Sé que en algún momento todos ellos soltarán una reflexión brillante o me deleitarán con la descripción poética de un paisaje, y yo me sentiré en casa.
Eso no significa poner trabas a la narración, ni liar el discurso con piruetas formales, sino todo lo contrario. El truco consiste en quedarse dentro de ese espacio cada vez máspequeño donde flotan las palabras aún no contaminadas, no pervertidas. Antes, ese lugar, el lenguaje en definitiva, era amplio, pero se ha ido reduciendo, lo han ido ocupandociertasmaneras de hablar y de escribir, y ahora es tan pequeño como el patio de un colegio. Ahora, el escritor sólo dispone de un puñado de términos, ésos que en expresión de Singer todavía no se han convertido en carcasas vacías, pues aún aportan significado y emoción.
Lector: Qué ocurrirá al final? Hay alguna manera de invertir la tendencia y recuperar el terreno perdido?
Quizá la dimensión artística de lo literario resida para siempre en eso, en bailar sobre una baldosa sin salirse de ella, como Mick Jagger cuando empezó a moverse en los escenarios.
En cuanto al libro de su compañero Keith, es una historia apasionante. Su vida es, sobre todo, la de los Rolling Stones. No hay argumento que supere el relato de una banda de rock que continúa tocando cincuenta años después de haber nacido. Pero lo valioso del testimonio de Richards es que, más allá de hitos y vivencias, de chismes y anécdotas sobre sus miembros, ahonda en cuestiones interesantes relacionadas con el arte de tocar y componer música. Sí, las mejores páginas son aquellas en que explica cómo partieron del blues para mezclarlo más tarde con otros estilos, cómo consiguió sus riffs modificando la guitarra o de qué manera se lanzó con Jagger a escribir letras que hoy conoce medio mundo.
Yo pensaba en todo eso mientras atravesaba bosques y prados con mi hermano Juan. Después de lamentar nuestra falta de acceso a lo que ocurría en la espesura, a la guerra diminuta entre especies, pensé que quizá debíamos conformarnos con el fragor.Quizá el cri-cri de los grillos o el uhu de los búhos equivalieran a la tonadilla de mis escritores preferidos. Y si era así, ese paisaje ya no necesitaba completar su belleza con un argumento comprensible para nosotros, tenía suficiente con generar todos los días un rumor distorsionado como el de Keef.