10. En busca de Klingsor, Jorge Volpi

Publicado el 20/05/2016 a las 08:58
Pero la literatura no se acaba en los personajes. Las novelas no tienen más remedio que buscar y elegir temas a la hora de construir una trama. Siempre bajo la premisa que hemos visto en capítulos anteriores, es decir, lograr un espacio emocionante, el autor debe tener el olfato suficiente para saber dónde indagar, para advertir de antemano qué asuntos son susceptibles de generar el elemento literario.
Este libro de Jorge Volpi es una buena muestra de cómo el mundode la ciencia puede constituir una fuente rica en argumentos narrativos. El novelista mexicano nos presenta a un grupo de físicos y matemáticos que investigan la fisiónatómica en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial.
Lector: No es un riesgo para el escritormeterse en disciplinas tan complicadas?
La ventaja de la literatura es que no tiene por qué profundizar en materias que desconoce, le basta con moverse en el terreno de la intuición. En el caso de En busca de Klingsor, lo que le interesa al autor es agarrarse a la vertiente poética de lo científico y explotarla para sus propios fines. Mencionar, por ejemplo, el concepto de tiempo y conmover al lector sin necesidad de instruirle ni de explicarle nada.
Yo pensaba enel asuntomientras veía reportajes técnicos en la televisión. Me daba cuenta de que, después de haber despreciado o ignorado esa clase detemas durante años, notaba de pronto un interés hacia ellos. Y no era algo impostado. Era una curiosidad real que, en cambio, ya no sentía por ciertos programas culturales que a otra edad había consumido casi con la boca abierta.
Uno de esos documentales trataba sobre la construcción de una central hidroeléctrica en el Eifel, una región montañosaal oeste de Colonia. Al parecer, a finales del siglo XIX aún no había llegado la electricidad a esa zona de Alemania y, gracias a un proyecto puesto en marcha por varios municipios, se resolvieron a la vez los problemas de la crecida de los ríos y el de la falta de energía.
Pero es verdad que, al margen de su potencial de entretenimiento, esos reportajes llevan el embrión de criaturas literarias, y es eso lo que atrae al escritor. Es eso lo que sospecha al verlos, lo que escucha incluso mientras sigue la secuencia de imágenes. Más allá de las explicaciones sobre el funcionamiento de turbinas o generadores, sobre las ventajas de la corriente alterna frente a la continua, hay una especie de música que ya intenta conducirle a algún sitio. Y aunque de momento no sabe adónde, tiene claro que merece la pena obedecer las señales.
Lector: De modo que el interés del novelista por esos temas es instrumental.
No creo que exista la curiosidad pura, siempre hay un fin detrás de nuestra atención, una necesidad de aplicar lo aprendido. Por otra parte, en la búsqueda de contenido para sus libros, el autor se comporta como un auténtico vampiro. Sale a la calle, al mundo exterior, sin escrúpulos o, mejor dicho, en calidad de siervo de alguien sin escrúpulos. La dama Literatura, vestida puntualmente de Novela, manda a su lacayo a la caza de asuntos igual que se envía a un mozo al mercado. Y la dama no hace ascos a ninguna mercancía con tal de que sea comestible.
En cuanto a la obra de Volpi, es una historia de intrigas enmarcada en el mundo científico de la Europa de entreguerras. Quizá los diálogos pequen de exhaustivos y haya personajes mal perfilados, pero esa tonadilla que he mencionado más arriba, la que adivina el escritor detrás de algunas materias, le guía aquí con acierto hacia cuestiones como el infinito, donde la física, la filosofía y la literatura se encuentran felizmente en una encrucijada de perplejidad.