3. Notas del crepúsculo, Josep Pla

Publicado el 01/04/2016 a las 16:39
Lector: Volvamos un momento al asunto de las relaciones con los demás, a la distancia que nos conviene establecer con ellos.
Si queremos evitar situaciones como las comentadas en los libros anteriores, es decir, esa asfixia social, debemos llegar lo antes posible a una forma pacífica de enemistad con la mayoría de las personas. Lo aconsejable es aprovechar la mínima ocasión para caerles mal y de ese modo evitar, por un lado, sus elogios y, por otro, la tentación de pedirles favores.
Josep Pla nos aconseja algo parecido en este último volumen de sus memorias. Escribe: desconfíen de las personas que les desean todo el bien del mundo y evolucionan a su alrededor, les proyectan sentimientos frenéticos, les hacen cumplidos, les adulan, les arreglan el pedestal si se ha desportillado un poco.
Notas del crepúsculo es la versión en castellano de Notes del capvesprol. Este término catalán hace referencia a un viento de verano que sopla al final del día. Al principio del libro, el traductor justifica la elección del título diciendo que no existe ningún vocablo equivalente en español, y que la palabra crepúsculo encierra con acierto la idea de esa etapa de la vida en la que no hay más objetivo que seguir viviendo.
Esta entrega de su diario es la muestra definitiva de la escritura sin tapujos de Pla. Si en obras anteriores no ha tenido inconveniente en contarnos lo que ve tal como lo ve, en describir las cosas como son, mucho menos ahora, a una edad en que sería ridículo fingir. Sus encuentros con la gente, sean visitantes o desconocidos con los que coincide en pequeños viajes, están despojados de cualquier clase de impostura, de pose o de prejuicios.
Y es curioso porque los diálogos que mantiene y que también reproduce en el texto recuerdan mucho a los de algunos relatos de Kafka. En esas breves conversaciones hay tanta ausencia de lugares comunes que al lector le suenan como un intercambio de señales entre extraterrestres. Expresan la dificultad de la comunicación, el milagro que supone que dos interlocutores se entiendan, y lo hacen con un tono muy poético.
Yo pensaba en todo eso, en el tema de la desafección como estado ideal, a propósito de la dinámica que suele crearse en las redes sociales. Un día me di cuenta de que en ellas apenas se admitía la discrepancia. Comprobé cómo, a la mínima objeción quealguien insertaba en el contexto de un debate abierto, se le echaban encima todos los amigos del autor del comentario inicial. Comprobé cómo, ante el temor a quedar excluidos o a no obtener respaldo para lo suyo, aquéllos se apresuraban a apretar la tecla “me gusta” o a sumarse sin criterio a las alabanzas de la mayoría.
Lector:Así que uno debe estardispuesto a asumir cierta hostilidad a su alrededorparaconservar el espíritu crítico.
Eso es. Y tener en cuenta a Pla y sus Notas del crepúsculo. Porque este ejemplo de literatura de observación es un compendio de verdades sobre la gente, una denuncia del cretinismo generalizado. El escritor no duda ni un momento en colocarse a la contra, en disentir de las opiniones mayoritarias, incluso cuando esa postura puede costarle el ostracismo.
Recuerdo que una vez mostré mi desacuerdo con uno de los comentarios de Facebook. Alguien habíaensalzado una novela, y yo, que la había leído hacía muy poco, dije que me parecía un libro fallido por una serie de razones. Aunque las expuse con el máximo rigor posible, se desencadenó de nuevo el alud de siempre, todas esas flechas dirigidas hacia quien expresa una opinión distinta. Sonreí con cierta tristeza y comprendí que aquello era una forma de linchamiento virtual. Luego, observé de cerca la columna de respuestas, esa explosión de voces indignadas que iban superponiéndose, y pensé que eran como fuegos artificiales sin luz ni color.