Centenario con Capa y sin espada
Guinda a una jornada de celebraciones en un partido gris de los rojillos ante un Athletic que no pudo dejarnos el 'Centenariazo'


Actualizado el 24/10/2020 a las 20:59
"Felíz, felíz en tu día. Rojillito que Dios te bendiga. Que reina la paz en su día. Y que cuuuumplas muuuuchos máaas". 100 añicos, que no son nada, culminados en un 24 de octubre cuya guinda no ha podido ser otra que derrotar a los amigos de Lezama, que tenían a alguno de Tajonar. Como dice el amigo JIM, encima de penalti y tras un encuentro en el que no hemos sido superiores. Pero...
El escozor esta vez no se viste de rojillo. Da igual el color que tenga, de rojillo va esta vez el triunfo, la celebración, el Centenario y tres puntazos más que nos llevan hasta los 10. No es moco de pavo, oigan. No ha habido Centenariazo, por mucho que Raúl García lo intentara, cayendo en el área más veces de las deseadas, o que Berenguer se olvidara de sus orígenes y buscara marcar, desbordar, asistir. Ni Muniáin, ni Capa con sus 200 partidos en Primera.
Qué nos quiten lo bailao, lo tributao o lo que sea, pero nadie nos va a quitar esto. El término Centenariazo, acuñado por el Dépor en el Bernabéu el día en el que los merengues celebraban el siglo de vida se acuñó para fastidiar las celebraciones centenarias. De ahí el temor, que viendo los precedentes con los bilbaínos bien podría haberse dado. Pero...
No se dio. La victoria fue rojilla, el Centenario fue rojillo, la celebración fue rojilla. Pólvora al cielo pamplonés en honor a un club que representa a toda Navarra, que se caracteriza por la humildad, el esfuerzo, la lucha y el no rendirnos jamás de los jamases. Es fácil ser del Madrid, o del Barça. Es muy cómodo seguir a un club, pero sus centenarios no son celebrados como el nuestro. 100 años de Osasuna equivalen a 300 de cualquier gran club, por el sufrimiento, por las dificultades, por ese errar en categorías de plata, de bronce, de hierro.
Osasuna es más que nunca de Primera. Y lo demuestra una plantilla que cuenta con los dedos de una mano y parte de los de la otra las lesiones por rodilla, graves, de gente importante como el Chimy, como Calleri, como Aridane que habrá que ver en qué queda esa argucia del de Zizur que bien podría haberla evitado. La mala suerte hace que tengamos un equipo de mínimos, y con él hemos vencido al primo vizcaíno.
Jagoba tiraba de la vestimenta justa que tenía en el armario. Con los acordes de 'La voz de una afición' interpretada por Serafín Zubiri y compañía en el aire, los rojos saltaban al campo a tratar de hacer lo difícil, superar a un rival que el año pasado nos fundió la racha de imbatibilidad en El Sadar, con más de 30 partidos seguidos sin perder. Con Enric y Rubén en punta, ante la falta de efectivos por lesiones o bichos varios.
El encuentro no pasará a la historia por ser un dechado de virtudes balompédicas. El resumen, tando de la primera parte como de la segunda, fue que los de Garitano propusieron el fúbtol y nosotros adoptamos la postura de la perrica pointer inglés: agazapados a ver si cazábamos una.
Mientras tanto, Sergio Herrera se explayaba con una ración de puños, despejando todo intento, centro, chut o acercamiento que se preciera de los rojiblancos, de gris para la ocasión. Un primer tiempo como la camiseta rival, cenizo y sin muchas ocasiones.
La segunda parte seguía igual, cerocerismo y ni tú ni yo, sino todo lo contrario. Hasta que Kike Barja salió del banquillo y el encuentro, lejos de convertirse en una batalla campal a golpe de mazo y espada, se decidiió por un error de Capa. El defensa no pudo celebrar su cifra redonda en la máxima categoría de peor modo, entrando a destiempo, cuan elefante en cacharrería, dejando al 19 rojillo por los suelos y al pitolari sin otro remedio que señalar los once metros. Que con la misma no los señala y nos jorobamos, que anda el estamento arbitral, VAR, VER VOR y VUR incluidos, para tirar cohetes.
Rubén García no falló, alojó el cuero lejos de Unai Simón, imparable que decía el de Cieza, y dejaba el marcador en el 1-0 que no se movería hasta el final. No hubo apenas tiempo ni para sufrir, bien defendido y con la valentía del guardameta rojillo. Un final que alegró a la afición rojilla que celebró los 100 años de historia a golpe de pólvora, con los cohetes volando por el cielo pamplonés, sin Capa pero con tres puntos...
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!