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EL FOROFILLO

Equilibrando intensidad y efectividad

Vuelve Osasuna, nuestro Osasuna, el equipo tenso, intenso, valiente, peleón...

Fran Pérez Beroiz, El Forofillo.
Fran Pérez Beroiz, El Forofillo.
Actualizada 04/10/2020 a las 15:39

Una semana de tiempo y hemos pasado de la noche al día, del yin al yan, de la arena a la cal, de comer frío a tener asados en el plato. Ni tan mal, ¿no? Parece que el borrón contra el Levante y la posterior bronca de Jagoba han surtido efecto y la chavalería ha hecho que vuelvan a hacer lo que mejor saben, presionar, pelear, correr, robar en campo contrario y ser verticales. El equilibrio entre intensidad y efectividad hizo que los nuestros ganaran a un señor equipo como el Celta. Al parón con 6 puntazos.

No es moco de pavo, oigan. Hacer el balance perfecto entre presionar al rival y tener una intensidad alta sin olvidar atacar. Lo reconocía el ya legendario celtiña Hugo Mallo al finalizar el encuentro. "Hemos intentado igualarles en intensidad, e incluso superarles, y aunque en algunos momentos lo hemos hecho, se nos ha olvidado generar peligro". Y es que en eso Osasuna tiene matrícula de honor, no en vano es la máxima de Jagoba. 

Ser intensos nos da la vida, bien claro quedó demostrado el encuentro contra el Levante. Si Osasuna sale relajado no pasa de medianía. Eso sí, como salgan enchufados, tiembla Madrid con o sin confinamiento. Y es que esta vez Arrasate movió las teclas justas para que no se bajara en tensión. Luego te pueden ganar o no con una genialidad de gente como Iago Aspas, Nolito, Denis Suárez o Emre Mor. Pero que no te tachen de laxo o flojito. Eso nunca.

Para los dos primeros minutos ya estaba Enric Gallego mordiendo a la zaga celtiña. Y el resto no le iba a la zaga. Presión, intentos de robo en campo contrario, seguridad atrás con la dupla García-García donde el regreso de Unai fue de lo más destacado. Íñigo Pérez en la izquierda del lateral, ese yerno perfecto que todo lo hace bien, y Facundo en la diestra. Oier y Torró en la sala de máquinas, Barja y Rubén en las alas, doble ataque con Calleri y Enric. Así se plantó Jagoba contra el Celta, y le funcionó.

En todas las facetas. Tensión, pelea, rapidez con Barja explosivo, con Rubén recuperando su mejor versión. Y el empaque que le da Torró al centro del campo. El propio Kike cortó al centro, metió pase a Facundo y ahí murió el equipo vigués. FA-CUN-DA-ZO en toda regla, un derechazo desde 28,1 metros que dibujaba una parábola preciosa y perfecta que superaba a VillaR y ponía el 1-0 a los 23 minutos de juego. Un gol clavado al que nos marcó el Leganés en las jornadas finales del pasado año, tiren de hemeroteca.

Nos adelantábamos como contra el Levante, pero las sensaciones no tenían nada que ver. Osasuna buscaba el segundo, peleaba, mordía. Y cuando entraban ellos, que tienen más peligro que un botellón de chavales sin mascarillas, salía un inmenso Sergio Herrera que esta vez se hizo gigante. Ventaja al descanso, situación controlada y a verlas venir en el segundo tiempo. Tensión, tensión, tensión. O como decía Luis Aragonés, "correr, correr, correr... y correr".

Más de lo mismo. Porque los rojillos no permitieron que el Celta tuviera atisbos de remontada, pese a las intentonas de los visitantes. De hecho hubo más peligro en la meta de Villar que en la de Sergio Herrera. El meta estuvo atento a balones largos, valiente en las salidas, incluidas las de a por mariposas, y no bajó la guardia ni un momento. Como el resto del equipo. Los robos se sucedían en la parcela celtiña, las piernas fallaban a los visitantes que habían jugado tres días antes contra el Barcelona y Osasuna se hacía dueño de la situación.

Saltó Jony, un puñal por la izquierda, y de un centro suyo vino el control de Facu y la asistencia, a lo matapollos, para que Jonathan Calleri metiera la cabeza y dirigiera el cuero al fondo de las mallas. El instinto goleador del atacante rojillo se había visto anteriormente, con un derechazo desde la frontal estupendamente respondido por el guardameta opositor y un cabezazo que se fue alto por medio pelo. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se compra bonobús, y eso hizo. Primer tanto del killer argentino que promete repetir más veces.

De ahí al final, fútbol control. Con cambios, sin pasar apuros, tensos, concentrados, intensos y trabajadores. Porque este Osasuna está claro que, si se pone el mono de trabajo, se convierte en un equipo muy difícil de batir, sea el rival que sea el que tengamos enfrente. Y se demostró. Esta vez no hubo confianza ni relajación. Esta vez hubo equipo y premio en forma de victoria. Seis puntazos, semana de descanso por las patochadas de selecciones y viaje a Ipurua antes del Centenario en El Sadar y contra el Athletic. EL trabajo bien hecho va dando sus frutos...

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!


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