Nutrición y salud

¿Por qué me estanco si "lo hago todo bien"?

Pese a reducir de un 40 a un 20% la grasa corporal muchas veces la mente solo ve lo que falta por perder

La báscula indica la reducción de peso de una persona a dieta
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La báscula indica la reducción de peso de una persona a dieta
La báscula indica la reducción de peso de una persona a dieta

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Javier Angulo

Publicado el 06/02/2026 a las 18:31

A veces perseguimos una meta y no la alcanzamos. Hablamos de objetivos relacionados con la composición corporal: el peso, el contorno de la cintura, el porcentaje de grasa, el perímetro de los brazos, la cadera o los muslos. Cuidas la dieta, haces ejercicio y, aun así, la báscula no se mueve como esperabas o los contornos no evolucionan como desearías.

Se puede pasar de un 40 % a un 20 % de grasa corporal y, pese al enorme avance, la mente solo ve lo que falta. Y entonces llega el desaliento. Porque los números pesan más de lo que deberían. Porque decir “no” tantas veces cansa: no a los macarrones del lunes, a los nuggets del martes, a los pinchos del miércoles, a las cervezas del jueves, a la pizza del viernes, a los gin-tonics del sábado, a la paella del domingo, a los pasteles de cumpleaños, al pan en las comidas, a las salidas nocturnas, a los aperitivos durante el partido, a las comidas y bebidas festivas, a los dulces de las reuniones familiares o a las palomitas con refrescos en el cine. 

Además, hay que entrenar, dormir bien, gestionar el estrés, caminar a buen ritmo, pasar tiempo en contacto con la naturaleza… y todo ello cuesta, especialmente cuando no existe un convencimiento profundo y sostenido de que ya no se trata de un cuidado temporal, sino de adoptar un nuevo estilo de vida. Un estilo de vida pensado para vivir con más energía, menos dolor, mayor claridad mental y envejecer sin percibir de forma tan abrupta el deterioro propio de cada etapa. 

Si has progresado y te has estancado, no puedes bajar la guardia por no alcanzar la meta que te propusiste. Tampoco perder la calma ni tirar la toalla. El cambio logrado ya es significativo y no tiene sentido castigarte mentalmente por prescindir de ciertos caprichos que antes parecían normales. De hecho, es mucho más saludable permitirte algunos de forma consciente que entrar en una espiral de ansiedad que solo perjudica. 

Los estancamientos son extremadamente comunes y no suelen deberse a una falta de disciplina en los hábitos, sino a una respuesta biológica de adaptación. El cuerpo se vuelve más eficiente y aprende a gastar menos energía en las actividades cotidianas: disminuye la actividad de las hormonas tiroideas, aumenta el cortisol como respuesta al estrés de un déficit prolongado o a un estilo de vida muy exigente, y el descanso suele verse afectado, tanto en cantidad como en calidad. 

Cuando se alcanza un peso que el organismo percibe como inusual, se activan mecanismos destinados a frenar una mayor pérdida, por pura supervivencia evolutiva. La pérdida de grasa no es un proceso lineal, y el estancamiento no es un fallo: es una fase natural de estabilización. En realidad, indica que el cuerpo se ha adaptado a lo que antes funcionaba. Y, paradójicamente, esa adaptación es la señal de que lo estabas haciendo muy bien. 

Las herramientas para desbloquear la situación son claras: realizar ajustes nutricionales, mejorar la gestión del estrés, modificar la frecuencia y la intensidad del ejercicio, reforzar los micronutrientes clave en los procesos metabólicos y priorizar un descanso de calidad. A ello se suma una mentalidad más positiva y, sobre todo, paciencia. Mucha paciencia. 

La mayoría de las personas se estancan porque intentan cambiar su cuerpo sin cambiar su forma de pensar. Perder peso y ganar salud no consiste en hacerlo todo perfecto, sino en construir hábitos tan simples y realistas que puedas mantenerlos incluso cuando la vida se complica: trabajo, familia, pareja, estrés… la vida real. Porque aquí no funciona lo perfecto; funciona lo que puedes repetir. Y, sobre todo, lo que repites con la convicción profunda y sostenida de que es por tu bien. 

No te obsesiones con los números de la báscula. No permitas que algo tan superficial apague tu ánimo, y nunca abandones un proceso que comenzaste con ilusión. Cuidarte no debería doler. Comer alimentos reales no es un castigo, es un acto de respeto hacia tu cuerpo. 

Volver a viejos hábitos dañinos no es un simple retroceso, es regresar a un estilo de vida que, tarde o temprano, pasará factura. Vives en un auténtico paraíso nutricional, con cientos de opciones saludables al alcance de tu mano, y aun así, casi siempre eliges “la manzana prohibida”. No dejes que una excusa pasajera o un acontecimiento puntual te haga renunciar a lo que empezaste. Eres más fuerte y más capaz de lo que crees. 

Y el estancamiento no es un problema: es una señal de que algo debes modificar para provocar un nuevo cambio. Y, en ocasiones, no merece la pena si esa modificación supone un esfuerzo desproporcionado para ti.

Ante la típica pregunta: «¿por qué enfermo si, en teoría, hago todo bien? Me alimento correctamente, ingiero los nutrientes adecuados, hago ejercicio y, aun con ello, cuando aparece un virus en mi entorno, mi sistema inmunitario se resiente y termino enfermando». 

Hacer “todo bien” fortalece tu salud, pero no te vuelve invulnerable. Tu sistema inmunitario tiene límites biológicos y funciona gracias a una inmunidad innata (la que nace contigo) y una inmunidad adquirida (la que se entrena con la vida). Aunque comas bien, hagas ejercicio y tomes los nutrientes adecuados, hay factores que no dependen solo de tus hábitos actuales: la historia inmunológica desde la infancia, la genética, el estrés, la carga viral del entorno, el descanso y el estado emocional, que modulan directamente tus defensas. 

En ocasiones, el virus simplemente es más fuerte o nuevo para tu organismo, o el desgaste natural del sistema inmune con la edad influye en la respuesta. Cuidarte no evita que te contagies, pero sí suele hacer que enfermes menos, durante menos tiempo y con menor gravedad. Y no olvides que lo que hiciste durante la primera mitad de tu vida es determinante para entender cómo responderá tu organismo en la segunda. 

Así que no des más vueltas, porque eso solo bajará tu estado de ánimo y debilitará tu inmunidad. 

Sigue siempre adelante, con confianza. Tus pensamientos y emociones influyen más de lo que imaginas: el derrotismo altera tu equilibrio hormonal, debilita el sistema inmune, ralentiza el metabolismo, desestabiliza los neurotransmisores, afecta a la microbiota y favorece la inflamación. Entonces, nada funciona como debería, porque el cuerpo está diseñado para sobrevivir, no para luchar contra tus propios pensamientos. 

Disfrutar del proceso es clave. Cuando solo importa el resultado final, el fracaso es mucho más probable. Cuando aprendes a valorar el camino, los resultados llegan como consecuencia natural del nuevo estilo de vida, y uno se siente pleno y mucho más feliz.

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