Nutrición
¿Funcionan los suplementos?
Lo que funciona son "los buenos hábitos" nutricionales y de estilo de vida


Publicado el 11/11/2025 a las 16:44
Eso va a depender del estado nutricional y fisiológico en el que uno se encuentre, si presenta o no carencias en algún nutriente indispensable para su salud. Quien padece anemia ferropénica requiere más hierro, vitamina B12, vitamina C, zinc, ciertos aminoácidos y un cambio riguroso en su régimen alimentario. Si uno sufre de osteoporosis, quizás su nivel de vitamina D, de minerales como el calcio y el magnesio estén reducidos y sea necesaria una dosis extra hasta corregirlos. Alguien que sangra con frecuencia y no cicatriza fácilmente puede que tenga que valorar la vitamina de la coagulación, es decir, la vitamina K. Quien padece contracturas, insomnio, estreñimiento, mala gestión del estrés, irritabilidad, hipertensión, puede que no ingiera el suficiente magnesio para cubrir todas sus necesidades. Si uno toma antiácidos, digiere mal, padece hormigueos, pérdida de equilibrio y de memoria “quizás” la vitamina B12 esté baja, y las consecuencias a medio plazo suelen ser muy graves. Cuando uno no consume pescados grasos con frecuencia porque no dispone de recursos económicos, no le gustan o simplemente porque decide comer otras cosas, puede que tenga problemas de ralentización cognitiva, de vista, de piel o de inflamación, y habría que valorar si sus niveles celulares de ácidos grasos omega 3 están como deberían estar. Si alguno apenas sale a tomar el sol y pasa más tiempo encerrado que en contacto con la naturaleza, puede que sus niveles de vitamina D lleven meses muy escasos, con lo que incidirá negativamente a nivel energético, muscular, genético, hormonal, inmunitario, óseo y mental.
Un nutriente esencial hay que incorporarlo con la ALIMENTACIÓN y, desgraciadamente, muchas personas comen de forma tan limitada y artificial que no cubren las necesidades mínimas cuando deberían cubrir las dosis ÓPTIMAS y es por ello que manifiestan signos de fatiga, depresión, baja inmunidad, ralentización cognitiva, pérdida de visión, debilidad muscular, contracturas y muchos otros que ocuparían decenas de párrafos que no vienen al caso.
Una cosa es lo que entra por la boca y otra muy distinta lo que al final llega a la célula, que es lo que nos nutre. ¿Son los alimentos actuales tan nutritivos como lo eran los de nuestros antepasados? ¿Estamos seguros de que tomamos los nutrientes necesarios a diario?
Lo que funciona en todos son “los buenos hábitos” nutricionales y de estilo de vida y esos los conocemos bien o al menos deberíamos conocerlos.
Un nutriente esencial tiene decenas de funciones y se necesitan casi cincuenta en cantidades adecuadas para asegurar la salud global del organismo. Por poner un ejemplo, hablemos de una vitamina muy conocida, la vitamina C que tiene funciones muy importantes debidas a su capacidad de donar electrones. Por un lado, actúa como cofactor enzimático para quince enzimas relacionadas con la biosíntesis de neurotransmisores como la noradrenalina (catecolamina con importantes efectos a nivel de los vasos sanguíneos) y la serotonina (neurotransmisor relacionado con el estado de ánimo), la estabilización de la estructura del colágeno (proteína más importante en piel, tendones, cartílagos, hueso, ligamentos y dientes), la biosíntesis de carnitina (molécula transportadora de ácidos grasos y potente tónico cardiovascular), la activación de hormonas hipotalámicas y gastrointestinales, el metabolismo de la tirosina (aminoácido), y la regulación genética (como la desmetilación de histonas, con gran potencial en la prevención y el tratamiento del cáncer). También facilita la absorción de hierro pudiendo prevenir la aparición de anemias ferropénicas (principal causa de anemia a nivel mundial). Por tanto, las personas con déficit de hierro podrían beneficiarse si consumieran conjuntamente alimentos ricos en hierro y vitamina C (por ejemplo, una ensalada de espinacas con mejillones). Por otro lado, la vitamina C actúa como antioxidante eliminando los radicales libres potencialmente tóxicos que se generan en el organismo y que se encuentran ampliamente relacionados con el envejecimiento y la aparición de diversas enfermedades. Además, esta vitamina también ayuda a regenerar el tocoferol (vitamina E) y el glutatión (antioxidante más importante que sintetiza nuestro organismo) a sus formas activas, reforzando su actividad antioxidante. De esta forma, se ha observado que la ingesta diaria de vitamina C puede presentar un efecto protector frente a la incidencia de cáncer, enfermedades neurodegenerativas, enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide y cataratas relacionadas con la edad. La vitamina C es capaz de disminuir el estrés oxidativo que se genera en determinadas enfermedades, pero no solo eso, también es capaz de normalizar los niveles de histamina y de disminuir la producción de citoquinas inflamatorias como la Interleuquina-6 (IL-6) y el Factor de Necrosis Tumoral Alfa (TNF-⍺). Todo ello ayuda a mejorar los síntomas típicos de procesos asmáticos y alérgicos.
La vitamina C estimula el sistema inmunitario, pudiendo ayudar a frenar algunos procesos infecciosos, como el resfriado común, y a mejorar el estado inflamatorio de personas con cuadros de sepsis, disfunción orgánica que aparece cuando el organismo responde de manera desregulada a una infección y que puede derivar en muerte por shock séptico. Además, tomar grandes dosis de esta vitamina se ha relacionado con mayor secreción de adrenalina y menor de cortisona (por parte de las glándulas suprarrenales) que pueden contribuir a tolerar mejor los procesos de estrés y a disminuir los problemas derivados de ello. Y aquí se muestran algunas reacciones donde interviene este nutriente antiescorbuto, imaginaros ahora las funciones de los otros casi cincuenta esenciales. ¿Eres capaz de asegurar que tu alimentación los cubre en las dosis que necesitas cada día, cada semana, cada mes, cada época en la que tienes más estrés, más actividad o te encuentras enfermo?
Como nutricionista, con más de treinta años de experiencia, lo primero que recomiendo es que la educación en hábitos saludables se produzca en las primeras etapas de la vida, donde la alimentación, el ejercicio y el sueño sean los pilares sobre los que debe asentarse la verdadera pirámide de la salud y uno debe adaptar su propio sistema nutricional a su estilo de vida, a sus estados carenciales, a sus respuestas metabólicas y a sus expectativas.
El uso de suplementos está justificado en caso de deficiencias en nutrientes esenciales, como refuerzo en dietas para deportistas, en sistemas con balances energéticos negativos o para la búsqueda de incrementos en el rendimiento deportivo, siendo el primer objetivo la SALUD. Pero cada vez nos encontramos más personas que comen mal, demasiados productos y están MALNUTRIDAS presentando carencias en varios de los nutrientes esenciales por lo que muestran signos de debilidad física y mental. Estamos alimentando a nuestras células con productos desprovistos de nutrientes (harinas, azúcares, aceites vegetales refinados, aditivos químicos...) por lo que construimos órganos, tejidos y cerebros con materiales de pésima calidad y, eso a la larga, SE PAGA.