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¡Nuestra salud intestinal está mermando!
Artículo escrito por Nicolás Cenoz, nutricionista en esportriumnutricion.es en el que explica en este breve artículo qué es lo que está pasando en nuestro intestino y qué pasos hemos de dar para poner una solución que realmente sea eficaz.


Publicado el 09/01/2024 a las 17:06
Los problemas relacionados con la salud intestinal van en aumento y ya se han convertido en algo habitual en mi consulta. Comemos alimentos que inflaman, nos movemos menos de lo que deberíamos, se ha normalizado la ingesta de alcohol, tabaco y otros tóxicos, la exposición a la luz solar es escasa y tenemos bajos los niveles de vitamina D, el descanso no es reparador (a veces por carencias micronutricionales) y nos cuesta cada vez más gestionar el estrés. Así, a modo de resumen, estas son las principales causas de alteración del sistema inmune y de la microbiota intestinal que van a provocar diferentes problemas gastrointestinales y desequilibrios en nuestra salud.
Comemos mucho más de lo que necesitamos. Desde un punto de vista biológico y evolutivo no tiene ningún sentido comer tantas veces a lo largo del día, lo que provoca inflamación y no permite terminar bien las digestiones. De ahí que se hable tanto del ayuno que, a pesar de todos los beneficios que produce , en muchas ocasiones funciona simplemente por dejar reposar al tubo digestivo.
Cuando se altera la salud del sistema inmunitario y el intestino, lo más común es desarrollar una disbiosis. Esto hace referencia a una escasa diversidad microbiana, una baja producción de ácidos grasos de cadena corta como el butirato (papel antiinflamatorio, presente en la mantequilla), una alteración en la mucosa intestinal (primera línea de defensa de nuestro organismo) y una importante inflamación. De esta manera, con un análisis de heces podemos detectar infecciones intestinales, desajustes de la microbiota, marcadores de cáncer de colon, entre otras cosas, y hemos tratar de revertirlas (a través de la medición de zonulina y la calprotectina, proteínas que indican permeabilidad e inflamación intestinal).
El colon irritable es un conjunto de síntomas que cada vez padece más gente; el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado o SIBO ya es casi una tendencia diagnóstica; y las enfermedades inflamatorias intestinales como la colitis ulcerosa y el crohn junto con las enfermedades autoinmunes se multiplican a una velocidad vertiginosa.
También debemos analizar si existe hipoclorhidria, es decir, falta de ácido en el estómago. La falta de ácido gástrico también hace que aumente el número de infecciones por vía oral, disminuye la absorción del hierro y de la vitamina B12. Esto se puede deber a un estrés crónico que impide que el nervio vago funcione correctamente, a un consumo crónico de fármacos como el omeprazol o a una gastritis atrófica (autoinmune) donde las células parietales gástricas están dañadas y cada vez se fabrica menos ácido en el estómago. Igualmente puede suceder que no se segreguen las suficientes enzimas pancreáticas. En estos casos, con unas medidas nutricionales, podemos solucionar el problema. Gastamos una cantidad de dinero muy grande en cremas para cuidar la piel, cuando la mejor medida para cuidarla y que se exprese con vitalidad, mejorar la psoriasis y la dermatitis consiste en corregir la salud intestinal.
La pandemia que hemos vivido nos ha sensibilizado sobre la importancia de la salud, pero no sé si todo el mundo llega a ser consciente de la importancia que juega la alimentación en este sentido y en el desarrollo de todas estas patologías digestivas. No debemos normalizar tener hinchazón, gases, distensión y dolor abdominal, digestiones pesadas, diarrea o estreñimiento ni diversas alergias e intolerancias alimentarias. Todo esto no es un problema en sí mismo, sino una consecuencia de una mala función de nuestro intestino, nuestra microbiota y nuestro sistema inmunológico. Debemos ir a la causa del problema, y no a parchear los síntomas mediante fármacos. Como decía Hipócrates: “Toda enfermedad comienza en el intestino”, por lo que debemos cuidarlo si queremos estar bien.
En primer lugar, debemos identificar la causa de estos problemas, con la ayuda de un nutricionista o profesional de la salud actualizado. Una vez detectada la causa, la solución pasa por reiniciar nuestro estilo de vida y nuestros hábitos, con el fin de reducir todas las causas que nos están quitando la salud: modificar nuestra manera de alimentarnos, adaptando la dieta a nuestras necesidades individuales del día a día; regular nuestro descanso para sincronizar nuestros ritmos circadianos; y movernos más, a través del ejercicio físico o aumentando la actividad diaria con paseos o bici, por ejemplo, y si es en la naturaleza mejor todavía.
El siguiente paso consiste en restaurar y reparar la barrera intestinal, algo clave para reducir la hiperpermeabilidad intestinal y la inflamación. Aquí necesitaremos elegir bien los alimentos para aportar los nutrientes necesarios y llevar a cabo estrategias antiinflamatorias. Por último, sería conveniente reforzar los microorganismos beneficiosos mediante probióticos específicos dirigidos a una mejor función de nuestro sistema inmunitario: inmunobióticos. Aquí existe una gran variedad de especies de Lactobacillus (las más interesantes y estudiadas serían L. rhamnosus, L. casei, L. plantarum, L. acidophilus, L. salivarius y L. reuteri, entre otras) y Bifidobacterias (como B. bifidum, B. longum y B. breve).
Los inmunobióticos son un campo complejo, nos ayudan a generar un estado inmunitario antiviral, disminuir la incidencia de infecciones respiratorias y sus síntomas, modular la producción de citoquinas inflamatorias reduciendo la inflamación, aunque lo primero es mejorar los hábitos de alimentación y nuestro estilo de vida.
“Que tu alimento sea tu medicina, y tu medicina tu alimento”. No hay que comer un poco de todo ni es necesario comer cinco veces al día, porque a unos les inflaman los cereales por ejemplo y otros tienen un metabolismo más lento que no asimila bien tantas comidas. Hay que comer para vivir, y no vivir para comer. Es muy importante la individualización y el asesoramiento por parte de un buen nutricionista.
Ante todo esto, ¿cuál es la solución? Aprender a comer según tus necesidades y generar un hábito nutricional sostenible en el tiempo. Debemos aplicar más el sentido común y escuchar mejor a nuestro cuerpo. Cuando uno está enfermo se reduce el hambre y el cuerpo trata de ayunar para poder resolver la enfermedad. Así pues, cuando uno está inflamado debe mejorar sus hábitos nutricionales, comer más alimentos que productos, realizar ejercicio físico (el mejor fármaco que existe), comer despacio dando importancia a la masticación para favorecer la saciedad y la óptima asimilación de los nutrientes. Como se suele decir, somos lo que comemos o, mejor dicho, lo que nuestro organismo es capaz de digerir y absorber, y esto es muy variable y depende en gran parte de qué comemos, cómo comemos y cuándo comemos lo que comemos. Nos alimentamos todos los días, y lo repetimos todos los meses del año durante todos los años de nuestra vida. Merece la pena aprender a hacerlo bien, evitando estar inflamados para poder disfrutar de una buena salud y calidad de vida. Simplemente, comer mejor para estar mucho mejor.