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"Estar siempre a dieta"

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"Estar siempre a dieta"

03/01/2018 a las 18:33
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Son cada vez más los pacientes que ante la pregunta de si a lo largo de su vida han seguido “alguna dieta” contestan que sí. Gran parte contesta “he probado muchas”, “las he hecho todas” o “siempre he estado a dieta”. A dieta? ¡Qué mal suena! Y además al verles apenas se aprecia la eficacia de esas supuestas “dietas”.

Es evidente que no todos responden del mismo modo ante un sistema nutricional. A unos les va bien y a otros no tanto. Luchar toda la vida contra tu propia tendencia debe ser terrible. Así que hemos de ser conscientes que “estar a dieta” no es nada recomendable y la mejor solución pasa por adherirse a una serie de hábitos que sin lugar a dudas funcionan en la mayoría de los seres humanos.

A lo largo de la evolución hemos ido mejorando poco a poco nuestro “estilo de vida”. La civilización nos ha aportado grandes cambios. A nivel nutricional estamos rodeados de multitud de alimentos que están colocados en superficies muy próximas a nuestras viviendas. Hacer la compra resulta algo rutinario y tenemos la gran suerte de conseguir aquello que buscamos y además en un breve espacio de tiempo. Es muy cómodo comer, mejor o peor en función de variables como el nivel socioeconómico, el conocimiento, la cultura en la que estamos inmersos y la educación recibida. Estas variables determinan todos nuestros hábitos. Los hábitos nutricionales, cuando están muy adheridos, reconozco que son muy difíciles de modificar a no ser que haya un elemento motivacional importante.

Como exponía en el artículo anterior, el problema está en la selección inadecuada de lo que entra en el carro de la compra (http://www.diariodenavarra.es/blogs/dn-running-dudas-consejos/2017/11/29/el-carro-de-la-compra/). Nos dejamos influenciar por el marketing, la publicidad, las festividades, las tendencias, nuestras propias apetencias y por multitud de factores externos que de alguna manera a muchos no les va nada bien.

“Estar siempre a dieta” es terrible. Nadie debe estarlo de forma permanente, incluidos los animales. Pero tenemos claro qué es “estar a dieta”? Es comer menos? o comer mejor? Es algo que no me queda claro y eso que soy especialista en la materia. Es una palabra que no me gusta usar. Qué es estar a dieta para un león, reducir la cantidad de mamíferos herbívoros que consume? Quizá si el león come a base de bollería industrial, cereales, refrescos azucarados y galletas, por indicar varios ejemplos, ponerle a “dieta” no es reducir el volumen de esos alimentos para proporcionarle menos calorías. No es darle treinta galletas en lugar de ochenta. El león debería comer cebras, jabalíes, antílopes y otros mamíferos y beber agua. Y eso no significa “estar a dieta”, simplemente es comer y beber lo que siempre debe hacer. No es que el león pueda comer “un poco de todo”, sino que debe comer y beber mucho de lo que siempre hicieron los leones. No tiene que alejarse mucho de los patrones alimentarios que tuvieron sus ancestros. (Recomiendo el siguiente vídeo: https://www.facebook.com/esportrium10/videos/151558912115869/).

Mi hijo Rodrigo ha empezado la carrera de Nutrición y Alimentación Humana en la Universidad de Navarra. Le digo que lo más importante es que adquiera amplios conocimientos sobre anatomía, fisiología, dietoterapia, nutrición deportiva, fisiopatología, la bioquímica de todos los nutrientes esenciales, etc., y a todo ello siempre debe añadir una dosis alta de “sentido común”. Le pregunto: Qué deben beber los mamíferos? Y los reptiles? Y las aves? Y los insectos? Y su respuesta es siempre la misma. Tras ello les pregunto a mis otros dos hijos y su respuesta es idéntica. Después les pregunto sobre lo que deben comer esos animales y la verdad que sin ser especialistas su aproximación es altísima.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Qué deben comer las cebras? Hierbas, hojas, brotes y ramitas me contestan los tres. Y los lobos? Ovejas, ciervos, cabras, conejos, etc. Y los delfines? Muchos animales marinos. Y las ovejas? Hierbas, granos, pasto sobre todo. Y los caballos? Lo mismo que las cebras. Y las mariposas? Hojas, el néctar de las flores, frutas, etc.

Y el ser humano? Aquí ya hay dudas. Se ralentizan las respuestas. De todo? Contesta el más pequeño. Qué debe beber el ser humano? Agua dicen los tres. Y comer? La cosa se complica. ¡De todo! Terminan diciendo por ahorrarse una larguísima lista de alimentos que ocuparían decenas de folios.

¡Un poco de todo y mucho de nada! Es lo que hemos aprendido, lo que nos han inculcado desde nuestra más tierna infancia y ahora parece ser que “estar a dieta” es reducir o simplemente desprenderse de muchos de esos alimentos que por diferentes razones a algunos no les sientan bien o porque “les engordan” o porque “les restan energía”.

Lo difícil es cambiar “el chip” y tratar de comprender que estamos sumergidos en una burbuja social de arraigos, costumbres, educación y los medios de comunicación no ayudan a salir de ella, es más, interesa que estemos ahí. Este patrimonio gastronómico tan infinito de comidas y bebidas, con el paso de los años, a muchos comienza a pasar factura. “Estar a dieta” no es reducir alimentos y bebidas que no debiéramos consumir. Eso es simplemente mejorar la alimentación. Todavía hay muchos profesionales de la salud (tengo experiencia en ello) que incitan a sus pacientes a no acudir a “Dietistas” pues argumentan que ciertos “Nutricionistas” reducen muchos alimentos “básicos” creando así una desnutrición más o menos severa. Desnutrición? A todos ellos les recomendaría aprender más sobre ello y leerse el siguiente artículo: http://www.diariodenavarra.es/blogs/dn-running-dudas-consejos/2017/06/01/alimentados-pero-desnutridos/.

Cuántos cubatas les daríamos a cualquiera de los animales citados anteriormente? Y si sólo fuera el fin de semana? La verdad que parece obvia la respuesta, pero esa misma pregunta aplicársela a muchos seres humanos que relacionan el fin de semana a una serie de “hábitos sociales” consolidados, la cosa cambia. Así que para los que dicen “estar a dieta” parece ser que el fin de semana “les mata” pues recuperan tras él todo el peso perdido durante la semana. “Tanto esfuerzo para nada” suelen decir; “si sólo me he pasado un poquito”, “me la salté sólo el jueves a la tarde, el viernes a la noche, en el cumpleaños de Perico del sábado, cuando fui a casa de mi madre el domingo y en la peli del miércoles donde tomé unas palomitas y varias cervecitas”.

Que el abuso de alcohol provoca problemas ya se sabe. Que afecta al desarrollo neurológico es conocido, puesto que el cerebro termina su desarrollo a los 22-23 años, por lo tanto puede haber daños tanto morfológicos como a nivel de memoria y de toma de decisiones si se abusa en edades jóvenes. Ya cuando uno es “maduro” los daños son mayores a nivel visceral, metabólico y de composición corporal ya que el desarrollo cerebral se ha completado. Así que ante la pregunta de cuánto alcohol puedo tomar los fines de semana? Y entre semana? Pues cuanto menos mejor. Y no es “estar a dieta” el hecho de reducirlo.

Quién puede con una paella, un lomo rebozado con patatas fritas, unas natillas y después varios chupitos, sin que ello resulte un golpe tremendo para su preciado metabolismo. Cuando eres joven puedes con todo (si tienes la suerte de tener un metabolismo rápido y eficaz). Unos espaguetis con nata no sientan igual cuando tienes diez años que cuando tienes veinte, treinta, cuarenta y así hasta los noventa. La respuesta orgánica no es la misma en quien tiene mucha grasa y los consume antes de hacer un deporte de baja intensidad que en quien es muy fibroso los consume tras la práctica de un entrenamiento largo y de alta intensidad. Ni la misma en quien tiene cuarenta años, es delgado y tiene un metabolismo muy activo que en aquel que con veinticinco años tiene mucha grasa en la cintura y una gran resistencia a la insulina. Es puro sentido común, todos deberíamos intuir las respuestas en cada uno de ellos.

 

 

Los patrones nutricionales son muy lógicos. Las respuestas sobre lo que hemos de comer las conocemos casi todos. En realidad podemos consumir cientos de alimentos. En la combinación está el arte gastronómico y la salud. Y todos hemos de aprender las incidencias que determinados alimentos y sus combinaciones producen en nuestro organismo. Debemos de saber cuando estamos engordando, adelgazando, nutriéndonos o simplemente haciendo locuras gastronómicas que afectan, pero hemos de ser conscientes de ello y no pasa nada por pasarse de cuando en cuando pero conociendo las consecuencias.

No hemos de comer para adelgazar sino para nutrir. Hemos de disfrutar con cada plato, ha de gustarnos lo que comemos y los padres han de transmitir con el ejemplo a sus hijos. La riqueza organoléptica de cada plato dependerá de los conocimientos y del arte con la que la familia prepara y combina los diferentes alimentos. Así una crema de avena debe resultar más sabrosa que un vaso de leche con cacao hiperharinado y azucarado; un bocadillo de jamón ibérico con tomate natural debería resultar más apetecible que cualquier bollería industrial; unos frutos secos una elección preferente a unas galletas; un plato de verduras y un pescado al horno debería primar frente a un plato de pasta con chorizo mas una carne empanada y una cuajada de oveja más rica que un helado lleno de aromas y colorantes. Y así puedo seguir con tantos y tantos ejemplos. Pero para que todos estos platos resulten más apetitosos hemos de haber sido cultivados en esta línea y somos precisamente los que educamos quienes debemos de hacer ese “esfuerzo”.

No es más aburrido el que elige verduras en lugar de canelones, ni pescado en lugar de empanadillas, ni fruta en lugar de bollería, ni yogurt “natural” en lugar de yogurt “azucarado, aromatizado y coloreado”. Es sólo que el hábito le llevó al gusto. Y corregir hábitos es sumamente complicado a no ser que estemos “totalmente convencidos” de ello.

Tomamos demasiada química. Hemos de volver a “lo natural” o a lo menos cargado en química. La industria alimentaria la utiliza con la finalidad de conservar, cambiar, colorear, edulcorar o potenciar el sabor de cualquier alimento. Con el tiempo la carne sabrá a barbacoa, a humo, a plátano o a coco y para ello sólo habrá que añadir el químico apropiado. Tendremos aguas embotelladas de muchos sabores y colores. Por si no hubiera suficiente química en el ambiente que nos rodea cada vez habrá más y los aditivos alimentarios se multiplicarán. La industria “en general” no se preocupa por la salud de los consumidores, pues lo que prima es el negocio, siempre el negocio.

Pero dejando este controvertido tema aparte y volviendo al origen del artículo, nadie debe “estar a dieta” nunca, salvo si padeciera alguna patología que precisara una modificación alimentaria. Si el comer “un poco de todo” (que es lo que impera en la filosofía alimentaria del ser humano) afecta negativamente a alguno de los lectores de este artículo, tendrá que comer “un mucho” de un número limitado de alimentos, es decir, mucho de lo que los mamíferos omnívoros deben comer y beber o realizar un sistema nutricional lógico adaptado a sus características que sea “saludable”. Al menos sabemos que eso nutre y funciona.

Cuando uno es joven todo se tolera mejor. Cuando se van cumpliendo años la cosa cambia, es el momento de introducir pequeñas modificaciones en ciertos hábitos que nos hacen “daño”. Los hay a quienes no afectan determinados grupos de alimentos a la hora de ganar o perder peso; son personas que tienen una alta eficacia metabólica y mantienen un peso constante siempre. Pero los hay más lentos metabólicamente y son precisamente estos quienes deben seguir unos patrones nutricionales determinados. No todos tienen la misma “suerte metabólica”. Y no es que tengan que “estar a dieta” estos menos afortunados sino que deben “educarse nutricionalmente”. Son personas que en la medida que pasan los años toleran peor los alimentos de aparición tardía en la evolución humana. Es decir, personas que responden mejor a medida que se van haciendo mayores, a una alimentación más ancestral. Y no hay más. Pueden tomar pan de cuando en cuando, pero no a todas horas por mucho que les apetezca, pues esa apetencia es educacional.

Hay diversos mecanismos de regulación que comienzan a fallar con el paso de los años y con el estilo de vida. El peso está regulado a nivel hipotalámico. Cuando empieza e desregularse lo primero que se ha de hacer es modificar los hábitos.”Estar a dieta” toda la vida como muchos dicen no deja de ser algo absurdo. Así que no queda otra que “aprender a comer” y reeducarse en materia gastronómica. Tarde o temprano los resultados llegan y siempre acaban siendo satisfactorios.

Quien tiene mucha grasa en la cintura posee un exceso de grasa visceral, si además uno de sus hábitos consiste en beber alcohol ya sabe mi respuesta sobre lo que debe beber con frecuencia. No significa “estar a dieta” el reducirlo, significa “estar a dieta incorrecta” el hecho de tomarlo. Pero quizá esta persona se aburre sin tomar alcohol cuando sale, es decir, asocia la diversión al consumo de alcohol, el agua resulta demasiado “aburrida”. Si le preguntásemos cuánto alcohol le daría a su sobrino de 14 años cuando sale con él, espero que no asocie la diversión del niño a la bebida y tenga una respuesta lógica. Si duda ante ello que sepa que a ese niño le sienta mejor el alcohol pues su hígado está más funcional, digamos que lo tiene menos degenerado y no por beber agua el niño tiene que ser un soso. Seguro que le haría más feliz al niño jugando con él un ratito al fútbol, por ejemplo o realizando algún tipo de ejercicio competitivo. Los niños se lo pasan mejor jugando que bebiendo y es fácil que se enganchen al juego si tú procuras intervenir con ellos. Pero para eso hay que creer en ello. Los hábitos se entrenan.

 

 

 

 

 

 

Y por mucho que nos digan que es algo natural incrementar el peso con los años, no lo creáis, pues lo natural es perderlo. El peso máximo debe ser el que uno tiene entre los 23 y los 28 años, que es cuando se está en plenitud sexual y muscular. A partir de los treinta difícilmente se gana masa muscular. Y con el paso de los años nuestros mecanismos bioquímicos se ralentizan, los motores no funcionan igual. Las carencias en nutrientes esenciales hacen mucho daño a nivel metabólico y nos generan más fatiga (hay que nutrirse mejor a medida que la edad avanza). En mi caso, a los 18 años pesaba 74 kilos, ya eran 78 kilos a los 22 años, a los 25 años rondaba los 80kilos y a los 28 años superaba ligeramente los 82 kilos. A partir de ahí poco a poco he ido bajando de peso, volviendo a los 78 kilos a los 40 años y ahora que tengo 52 años apenas llego a los 77 kilos y bajando. Supongo que de seguir así a los 60 años estaré por debajo de los 75 kilos y yo soy de los que se pesa al año 3 ó 4 veces a lo sumo y eso que mi profesión me hace estar rodeado de básculas constantemente. Es lo natural, estoy en la fase inicial de la vejez y el catabolismo muscular es más acelerado ahora que hace unas décadas y los síntomas serán mayores o menores en función de los hábitos y del estilo de vida. Así que cuando alguien me dice en consulta que a los 55 años pesa 23 kilos más que a los 25 años, que sepa que es grasa lo que ha sumado a su composición corporal. “La propia naturaleza te va mermando”. Quienes a los 60 años tienen más peso que a los 25 años, que reflexionen sobre ello. Será porque han “seguido una mala dieta”, es decir, han consumido en exceso alimentos que deberían estar lejos del patrimonio gastronómico del ser humano. Desde mi punto de vista “está a dieta incorrecta” todo aquel que con frecuencia consume refrescos, bollería, harinas, aditivos artificiales, cereales azucarados, etc., los reduzca o los aumente, pues es algo que debería prescindirse tanto en el ser humano como en cualquier otro animal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vicente Mercader y Santiago Romero, ambos con 37 años, deben seguir patrones nutricionales diferentes pues tanto sus metabolismos como sus objetivos son muy distintos (Vicente quiere ganar peso magro y Santiago que ya ha bajado 50 kilos quiere seguir perdiendo grasa). Ambos son clientes y las pirámides alimentarias que llevan a cabo están reflejadas a su derecha.

“Estar a dieta” es reducir la carne al lobo, la hierba al caballo, los calamares al delfín, el polen de las flores a las abejas y las verduras, las semillas, las frutas, el agua y animales varios al ser humano. Pero el reducir las harinas, refrescos, bollería y alcohol no es “estar a dieta”, viene a ser lo mismo que reducir los antibióticos a quien sin patología infecciosa los toma con frecuencia.

Ya hemos entrado en un nuevo año. Muchos habrán aumentado su peso en estos días repletos de festividades y excesos. Habrá quien tenga remordimientos y quiera “ponerse a dieta” una temporada. Pero quienes habéis llegado hasta aquí ya sabéis que “estar a dieta” no es llevar un sistema nutricional inadecuado y restringirlo. Eso es otra cosa.

Desearos a todos lo mejor en este 2018, animaros a realizar pequeños programas de fuerza caseros a quienes siempre tenéis excusas por falta de tiempo, por mal tiempo o por desconocimiento sobre qué ejercicios realizar (https://www.facebook.com/esportrium10/videos/171315366806890/). Esperando que esta lectura os haya servido para reflexionar un poquito. Feliz nuevo año y animaros a “modificar ciertos hábitos” que sin duda alguna os ayudarán.

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