Previsión
Así será el otoño 2026: previsión de lluvias y temperaturas en España
Los modelos estacionales anticipan un trimestre septiembre-noviembre con anomalías térmicas positivas y precipitaciones superiores a la media, especialmente en el norte y litoral mediterráneo


Actualizado el 07/09/2026 a las 08:29
Los modelos estacionales para el otoño 2026 dibujan un escenario marcado por temperaturas superiores a lo normal en prácticamente todo el territorio español y precipitaciones por encima de la media en amplias zonas del país. Las proyecciones para el trimestre septiembre-octubre-noviembre muestran tendencias claras hacia un otoño más cálido y húmedo, aunque conviene recordar que estas predicciones no permiten anticipar fenómenos meteorológicos concretos ni condiciones específicas para días determinados.
Estas previsiones a largo plazo indican qué condiciones tienen mayor probabilidad de dominar durante el trimestre en comparación con los valores climatológicos habituales. Los expertos subrayan que una predicción estacional no sirve para anticipar una DANA específica ni determinar el tiempo que hará en una fecha concreta, sino para identificar las tendencias generales que podrían caracterizar la estación.
El Mediterráneo alcanzará el otoño con temperaturas superficiales excepcionalmente elevadas tras el verano, lo que podría tener implicaciones meteorológicas relevantes para los próximos meses en las regiones costeras.
El escenario térmico para el periodo septiembre-octubre-noviembre señala temperaturas por encima de los valores normales en la práctica totalidad de España. La anomalía cálida presenta diferentes intensidades según las zonas geográficas, siendo menos pronunciada en determinadas áreas del país.
El suroeste peninsular constituye la excepción parcial a esta tendencia general. En esta región, la anomalía térmica sería mucho menos acusada, con temperaturas que apenas superarían ligeramente los valores climatológicos de referencia para la estación.
Por el contrario, el centro, norte y este peninsular, junto con gran parte de Andalucía y Extremadura, registrarán temperaturas más cálidas de lo habitual. El archipiélago canario seguirá esta misma pauta, con una clara tendencia hacia registros térmicos superiores a la media.
De confirmarse este escenario, España podría experimentar un otoño en el que el calor tarde más de lo habitual en remitir, especialmente durante las primeras semanas de septiembre y octubre, lo que retrasaría la transición térmica característica de esta estación.
PRECIPITACIONES SUPERIORES A LA MEDIA EN AMPLIAS ZONAS
El mapa de precipitaciones proyectado apunta hacia un trimestre más húmedo de lo normal en buena parte del territorio nacional. Las regiones del norte peninsular destacan como las áreas donde esta tendencia resultaría más evidente.
Galicia, la cornisa cantábrica, Castilla y León y todo el valle del Ebro podrían registrar lluvias superiores a las habituales para la época. Esta misma pauta se extendería a Cáceres, Castilla-La Mancha, Madrid, la Comunidad Valenciana, el archipiélago balear y Cataluña.
En Badajoz, Andalucía y Murcia, la tendencia hacia un otoño más húmedo aparece con menor intensidad que en el resto de la península. Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, junto con las islas Canarias, presentarían un comportamiento similar, con precipitaciones ligeramente por encima de lo normal pero sin alcanzar las anomalías previstas para otras regiones.
El mar Mediterráneo afronta este otoño con temperaturas superficiales excepcionalmente elevadas tras un verano cálido. Este factor tiene relevancia meteorológica directa, ya que un mar muy cálido puede aportar mayor cantidad de humedad y energía a las capas bajas de la atmósfera.
Si durante septiembre, octubre o noviembre aparece una configuración atmosférica favorable —como aire frío en altura, una DANA o una vaguada, acompañados de vientos marítimos persistentes—, esa humedad adicional puede contribuir a alimentar sistemas tormentosos y precipitaciones de cierta intensidad.
No obstante, los meteorólogos insisten en que para que se produzca un episodio extremo deben coincidir numerosos factores atmosféricos: inestabilidad, humedad, dinámica en altura, convergencia de vientos y una configuración suficientemente persistente en el tiempo.