Crisis migratoria

La sombra marroquí planea sobre otro golpe fronterizo en Ceuta

La vuelta y el perfil de los migrantes apuntan a una “demostración de fuerza”

Militares españoles vigilan a migrantes antes de escoltarles en su regreso a Marruecos
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Militares españoles vigilan a migrantes antes de escoltarles en su regreso a MarruecosAFP
Militares españoles vigilan a migrantes antes de escoltarles en su regreso a Marruecos

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Agencia Colpisa

Publicado el 02/08/2026 a las 05:00

"No ha sido una crisis migratoria. Esto tiene mucho más que ver con una suerte de Marcha Verde blanda". Los responsables de los servicios de Información en Ceuta no tienen la menor duda de que la situación extrema afrontada los últimos días, con la entrada ilegal de entre 50.000 y 60.000 personas, trasciende el desafío migratorio y responde a una operación de presión política sobre España para "explorar sus límites". Y ello a pesar de que el presidente Pedro Sánchez y el Ministerio del Interior hayan exonerado de responsabilidad al reino de Mohamed VI del "ataque a la integridad territorial" de España y hayan cargado las culpas sobre las mafias dedicadas al tráfico de seres humanos, a las que acusan de instrumentalizar a los migrantes con la sentencia del Tribunal Supremo que veta las devoluciones ‘en caliente’ cuando los extranjeros entran a nado; es decir, sin barreras físicas. Una tesis que hasta las organizaciones humanitarias rechazan.

Según todas las fuentes consultadas, una oleada semejante, concentrada en apenas 48 horas entre el jueves y el viernes, desborda su atribución a un movimiento migratorio clandestino convencional y apunta mucho más a una "ofensiva híbrida" de carácter geopolítico. Lo ocurrido en El Tarajal reproduce el patrón observado en anteriores crisis diplomáticas con Marruecos, constatan los responsables de las fuerzas policiales. 

Se trata de una "demostración de fuerza" de Rabat mediante la apertura deliberada de la frontera española, sostienen los responsables de la seguridad del Estado, mientras la versión oficial evita a toda costa siquiera señalar de soslayo la responsabilidad del régimen de Mohamed VI.

El perfil de quienes entraron es la primera pista. La inmensa mayoría eran marroquíes de Castillejos y, en menor medida, de Tetuán o Tánger. Solo entre el 1% y el 2% serían subsaharianos, según los cálculos in situ de los efectivos de las fuerzas de seguridad. Entre el miércoles y el viernes cruzaron hombres, mujeres, familias, niños e, incluso, personas mayores. Pero sin un solo bulto como equipaje. No fueron las columnas de jóvenes subsaharianos listos para un arriesgado asalto a las vallas, jugándose a una carta el desenlace de un viaje de meses por África. 

Según informes de las fuerzas de seguridad consultados por este periódico, los asaltantes eran casi todos residentes de la "propia región Tánger-Tetuán-Alhucemas", de la prefectura de M’Diq-Fnideq que circunda Ceuta. Habían llegado el miércoles, víspera del puente por la Fiesta del Trono (jueves 30 de julio) a la frontera por sus propios medios o en camiones y autobuses.

REGRESO MASIVO

La prueba más visible de que la inmigración no ha estado en ningún momento detrás de la mayor parte de lo ocurrido llegó el viernes tras el fin de los dos días festivos. Centenares y después miles de personas comenzaron a volver voluntariamente por donde habían entrado, a un ritmo que, en algunos momentos, superó las 150 personas por minuto. 

Las últimas estimaciones de Interior apuntan a que solo unos centenares de personas de la avalancha que asaltó el perímetro seguían el sábado por la tarde en Ceuta después de que más de 48.300 personas regresaran en menos de diez horas el viernes. Volvían a sus hogares porque, salvo un nutrido grupo de menores no acompañados y adolescentes, nunca tuvieron intención de emprender un proyecto migratorio estable ni de continuar hacia la Península. Ese tránsito de ida y vuelta no encaja con un proyecto migratorio madurado, insisten desde el Gobierno de la ciudad autónoma. Es un "desafío".

Pero esa maniobra de "presión geopolítica" ha tenido altísimo coste humano. Se ha saldado con al menos 67 muertos por ahogamiento en las playas. "Es imposible controlar los daños cuando se lanza un órdago de esta dimensión", matizan desde las altas esferas de los servicios de Información. Rabat, que ha pagado ese precio humano sin que haya habido contestación social, en otras ocasiones sí que ha demostrado que puede cerrar esa frontera. Dos semanas antes, varias embarcaciones marroquíes interceptaron a la mayoría de medio centenar de nadadores y solo seis alcanzaron Ceuta. 

El jueves por la noche, en una demostración acotada de fuerza, hubo cañones de agua, gases y algunas cargas en las colinas. El flujo se cortó. Pero fue una exhibición limitada a unos minutos. Luego la ruta costera se reabrió durante toda la madrugada hasta que, en pleno viernes festivo, miles decidieron -o acataron la orden de- emprender el camino de vuelta tras esta demostración de la vulnerabilidad del perímetro.

La advertencia estaba escrita. El Informe Anual de Seguridad Nacional 2025, aprobado en abril, señalaba que la presión sobre Ceuta y Melilla se había incrementado "notablemente", en especial por los nadadores. Añadía que los intentos masivos a través de las vallas habían sido contenidos gracias al "gran despliegue perimetral" de la Gendarmería Real y las Fuerzas Armadas marroquíes, que mantenían un control "bastante riguroso". La conclusión resulta sencilla: la frontera aguanta mientras Marruecos quiere que aguante.Y todavía iba más lejos. Al analizar los riesgos vinculados a los flujos irregulares, el informe alertaba de su posible "instrumentalización" por "terceros Estados". No citaba a Marruecos, pero describía el mecanismo visto estos días.El antecedente de 2021 impide presentar lo ocurrido como una anomalía espontánea. Entonces, Marruecos abrió la frontera después de un choque diplomático con España por la acogida hospitalaria de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario. Entraron más de 10.000 personas en Ceuta.

ENTRE LA PAZ Y EL CONFLICTO

La doctrina de seguridad encuadra este tipo de operaciones en la denominada "zona gris", el espacio situado entre la paz formal y el conflicto abierto en el que un Estado busca coaccionar o desestabilizar a otro sin asumir directamente la autoría. Precisamente, la Estrategia de Seguridad Nacional de 2021 ya advertía del uso de acciones híbridas para explotar las vulnerabilidades de los Estados.Después de la crisis por la acogida de Ghali se conocieron dos informes reservados del CNI. Los servicios secretos concluyeron que Rabat había ordenado relajar la vigilancia costera, movilizar transportes y dejar pasar embarcaciones para "presionar al Gobierno de España" y lograr una posición favorable a Marruecos sobre el Sáhara Occidental.El método no nació en 2021. Su gran precedente histórico es la Marcha Verde de 1975, una movilización civil organizada desde el poder marroquí para imponer mediante presión demográfica y territorial lo que no había conseguido por otras vías. Salvando las enormes distancias históricas y políticas, la lógica es semejante: utilizar población civil para ejercer presión territorial sin recurrir a un enfrentamiento militar.

El calendario actual tampoco es inocuo. El 20 de julio, Pedro Sánchez viajó a Argel y presentó a Argelia como "socio estratégico" y "país amigo". Argelia es el gran rival regional de Marruecos y el principal apoyo del Frente Polisario. Las fuentes consultadas creen que el detonante más probable de la oleada fue la respuesta de Rabat a ese acercamiento. No existe una reivindicación pública marroquí, pero tampoco la hubo al comenzar la crisis de 2021.Aquella presión precedió al giro más profundo de la política española sobre el Sáhara. Sánchez respaldó en marzo de 2022 el plan de autonomía marroquí, rompió la posición histórica española y lo hizo sin apoyo parlamentario. La frontera volvió después a cerrarse.

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