Alberto Garzón: "Las opciones de revalidar el Gobierno son muy bajas. Ganar tiempo tiene que servir para algo"
El exministro de Consumo, que sigue hablando con Díaz e Iglesias, advierte a las izquierdas de una "necesaria" candidatura unitaria


Publicado el 02/02/2026 a las 11:06
Madrid está cubierta por un manto de nieve el día que toca hablar de recursos energéticos, en un céntrico hotel de la capital, con Alberto Garzón (Logroño, 1985). Quien comandara IU y fuera ministro mira ahora el escenario desde el alivio del político retirado y el hombre centrado en su familia -está casado y tiene dos hijas-. Presenta su último libro 'La guerra por la energía' (Península), un ensayo en el que advierte sobre las luchas de poder geopolíticas y los límites del planeta.
¿Habrá una tercera guerra mundial que comenzará por la escasez de recursos energéticos?
Los conflictos bélicos que están teniendo lugar en este momento están muy atravesados por la cuestión de la energía. Siempre ha habido guerras por controlar lo recursos naturales.
¿De ahí el interés de Donald Trump por Groenlandia?
Trump quiere Groenlandia no solo por las rutas comerciales o marítimas, también por los materiales que quedan expuestos como consecuencia del cambio climático. En Venezuela, Trump sustituye el chavismo por el chavismo no porque le preocupe la democracia, sino el acceso al petróleo pesado.
¿Y qué papel desempeña la Unión Europea en este juego?
Ser el tablero en una disputa entre China y Estados Unidos. Eso no es lo que a mí me gustaría que fuera. La UE necesita recomponerse de tres vulnerabilidades: la económica, la energética y la dependencia militar de Estados Unidos a través de la OTAN.
¿Es partidario entonces de elevar el gasto militar si se destina a un ejército autónomo europeo?
La política de defensa tiene que estar unificada en la Unión Europea y hay fórmulas para hacerlo independientemente del coste que implique. Podría ser con eurobonos.
¿Los acuerdos con Mercorsur o India mejoran esa posición?
Profundizan la dependencia. En el caso de Mercosur, la industria europea sale ganando, pero el campo europeo sale perdiendo.
En España sufrimos el año pasado un apagón inédito. ¿Le parecen suficientes las explicaciones ofrecidas por el Gobierno?
La inmensa mayoría de la gente no sabe lo que pasó. Es verdad que el sistema energético es muy complejo, pero no se han explicado las cosas lo suficiente. Eso ha introducido elementos conspiranoicos y un miedo que no está justificado. No se puede poner en duda la necesidad de adaptación a una fuente de energía distinta de los combustibles fósiles.
¿Cómo está gestionando el Ejecutivo el accidente de Adamuz? ¿Siente alivio por no estar sentado en el Consejo de Ministros?
Son situaciones difíciles de gestionar y es importante cómo las gestionas. Yo sentí un poco de alivio cuando me di cuenta de que al menos había una tregua política. Los primeros días, por lo menos. Venimos de un precedente como la pandemia, en el que cuando se pedía tomar medidas recomendadas por los científicos, la extrema derecha nos llevaba ante a los tribunales.
¿Va a aguantar la legislatura hasta 2027?
Pedro Sánchez lo puede hacer. El PSOE ha pasado momentos muy difíciles con la corrupción que podrían haber justificado perfectamente unas elecciones anticipadas. Pero si han decidido ganar tiempo, tiene que servir para algo, no puede ser simplemente para alargar la agonía. Ahora son muy bajas las opciones de revalidar el Gobierno de coalición, pero pueden aumentar porque hay tiempo. Si las encuesta no cambian, tendríamos un problema serio, porque la extrema derecha tendría el control del Gobierno.
La vivienda es el caballo de batalla entre Sumar y el PSOE.
El problema es que la vivienda es el núcleo central que explica, en mi opinión, la desafección tan grande del electorado de izquierdas. Somos un país que tiene un Gobierno de izquierdas, progresista, que ha subido el salario mínimo, que tiene buenos números macroeconómicos, pero que no consigue resolver este problema; en parte porque no se lo ha propuesto muy en serio. Los votantes de izquierda están desconectados del Gobierno porque, aunque los números macroeconómicos vayan bien, existen cosas centrales en su vida que no mejoran.
No ayuda ir divididos a las elecciones, supongo.
Es un favor más a la derecha y a la extrema derecha, que cuentan con viento de cola. Hay una ola reaccionaria. Los países más importantes del mundo son o una dictadura, como en el caso de China; o, como en el caso de Estados Unidos, derivan ya en un régimen autoritario de extrema derecha. Si además le haces el regalo de que la izquierda vaya dividida... Creo que la unidad de las izquierdas en una candidatura común es necesaria para facilitar gobiernos progresistas de coalición.
¿Comparte el diagnóstico de Antonio Maíllo de que Sumar ya no es un elemento aglutinador?
Lo entiendo, pero no estoy ya en eso. Me fui antes de que de que se separara Podemos de Sumar. Ayudé en lo que pude a revalidar este Gobierno y luego, me fui. Me llevo bien con todos, creo. Ojalá el resultado de todo lo que decidan concluya con algo de unidad. Y me da igual cuál sea el camino para hacerlo.
¿Sigue hablando con Yolanda Díaz o con Pablo Iglesias?
Sí, con Yolanda, con Pablo, con Antonio Maíllo, con Ada Colau... Con todo el mundo.
¿Le han pedido que vuelva?
Ahora les toca a otros. Estoy orgulloso de lo que hice, pero me agoté. Necesitaba parar, dedicar tiempo a mi familia. Había sido un padre ausente. Me parece bien que aquellos que siguen continúen tanto tiempo como quieran. Creo que es una virtud. Pero ahora tienen que organizarse. Los que estén dentro y los que vengan después contarán con mi ayuda, pero no mi presencia.
¿Y hay algo de lo que se arrepienta?
He sido ministro, diputado por Málaga y Madrid. Me he equivocado en muchas cosas. Asumí la responsabilidad de dirigir Izquierda Unida en un momento en que parecía que iba a desaparecer. No ha desaparecido. Pero también teníamos otros objetivos más ambiciosos, transformar este país, gobernar siendo la primera fuerza de la izquierda. Estuvimos cerca, pero no lo conseguimos.