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Política

El Gobierno catalán, al borde de la ruptura al destituir Aragonès al vicepresidente de Junts

El president responde al órdago de la cuestión de confianza de sus socios con un golpe encima de la mesa que lleva al límite la quiebra en el independentismo

Ampliar El president Pere Aragonés comparece ante los medios tras la reunión que mantuvo con el secretario general de JxCat, Jordi Turull, este miércoles
El president Pere Aragonés comparece ante los medios tras la reunión que mantuvo con el secretario general de JxCat, Jordi Turull, este miércolesEFE
Actualizado el 29/09/2022 a las 08:00
El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, dio al filo de la medianoche un golpe de autoridad como respuesta a la crisis abierta por su socio de coalición, Junts, que amenaza con fracturar el Govern de Cataluña. Tras mantener dos maratonianas reuniones, primero, con los consellers posconvergentes y, luego, con el secretario general del partido, Jordi Turull, decidió fulminar a su vicepresidente, Jordi Puigneró. La crisis se había ido desatando en las últimas horas por la amenaza de Junts de someter al jefe del Ejecutivo a una cuestión de confianza, de la que Puigneró no le informó hasta que su formación la planteó el martes en el Parlament. "Ha habido una pérdida de confianza por parte del señor Puigneró, que no me informó de la cuestión de confianza. Por ello he decidido cesarlo y espero que Junts proponga un sustituto que contribuya a fortalecer al Gobierno. Espero que Junts permanezca en el Gobierno", trató de zanjar Aragonès en su tardía y breve alocución.
Pese a vivir abonados a la convulsión política constante, la última crisis no se había limitado a una pugna interna más. La coalición que forman Esquerra y Junts se encuentra al borde del precipicio y nunca antes en este apenas año y medio de legislatura habían estado tan cerca de la ruptura. Aragonès, considera que su autoridad se ha visto cuestionada, justo en uno de los momentos más delicados de su mandato y en un trance crítico para el independentismo y para la ciudadanía por la crisis derivada de la invasión rusa de Ucrania.
Antes de cesar a Puigneró, Aragonès lanzó un ultimátum a Junts, que aún sigue resonando en el Palau de la Generalitat y, por tanto, vigente: "O sois Govern o sois oposición". El órdago llegó después de que el dirigente de los republicanos convocara una reunión de urgencia del Consell Executiu (el órgano de Gobierno autonómico) en la que mostró su malestar y cuestionó uno por uno a cada conseller de los posconvergentes sobre su lealtad. Seguidamente se citó con Turull, con el que estuvo más de tres horas tratando de atajar cualquier vía de agua posible. El precio a pagar: la coalición sigue viva, pero suma una nueva herida, la enésima y muy grave.
La fractura que existe es tal que ambos partidos divergieron hasta en el relato de lo sucedido en las reuniones. Según informó Junts a través de un comunicado, sus consellers mantuvieron una postura común y se reafirmaron en apoyar la cuestión de confianza. Solo estaba al tanto, trasladaron a Aragonès, el propio Puigneró. "En cualquier caso, todos se reafirmaron en apoyar la propuesta", zanjan los posconvergentes. Sin embargo, desde Presidencia informaron de que estos ofrecieron respuestas "irregulares" y "divergentes" cuando el president les preguntó si estaban de acuerdo o no con someter a examen la confianza de que dispone. Lo único en lo que coinciden todas las fuentes es que desde Junts han marcado tres condiciones a Esquerra para continuar en el Govern: establecer una dirección de coordinación estratégica del independentismo, que la mesa de diálogo con el Gobierno de Sánchez se centre exclusivamente en la autodeterminación y la amnistía, y que ERC y Junts se coordinen en el Congreso. Premisas que los junteros creen que no se estarían cumpliendo y que resultan difícilmente asumibles por sus aún aliados en este contexto.
Dentro de Junts también conviven varias corrientes que discrepan sobre si deben continuar en un Ejecutivo que, en su opinión, no da los suficientes pasos hacia la independencia. Dos almas: por un lado, el ala liderada por Turull, político de carrera y más pragmático que la facción que representa la presidenta de la formación, Laura Borràs, que desembarcó tras el referéndum ilegal del 1-O y se ha decantado por romper lazos con ERC.
La 'vía canadiense' 
En todo caso, sí que existe unanimidad en reclamar a Aragonès una hoja de ruta "clara" para la secesión y que la mesa de diálogo que mantienen la Generalitat y Moncloa tenga como objetivo prioritario la amnistía de los fugados por el 'procés'. Por ello desdeñan la propuesta de Esquerra formulada por el president en el debate de política general, la de enterrar la declaración unilateral de independencia y pactar un "acuerdo de claridad" para sentar las bases y condiciones de un referéndum de autodeterminación con el plácet de Moncloa. Pero el hecho de mencionar la 'vía canadiense', que puso pausa a las sucesivas intentonas secesionistas de Quebec, solo ha servido para escalar el enfado de los junteros.
Ambos socios son conscientes del coste de romper. Sobre todo en vísperas del quinto aniversario del referéndum ilegal del 1-O, fecha mítica en el calendario secesionista. Se celebrará el próximo sábado y con actos conjuntos programados entre Junts y Esquerra y con el expresident Carles Puigdemont llamando a la movilización.
Si el Govern cae, se amplificaría aún más la división en el independentismo catalán, que fue más visible que nunca en la última Diada. En aquella ocasión Junts, de la mano de la ANC, no desaprovechó la ocasión para desdeñar una vez más la estrategia más dialogante de ERC.
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