"Habéis perdido el cuerpo de mi padre, dejad de mentir"

La familia de un fallecido por coronavirus denuncia el abandono de la aseguradora de decesos a la que pagó durante seis décadas

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"Habéis perdido el cuerpo de mi padre, dejad de mentir"EFE
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Colpisa. Madrid

Actualizado el 21/04/2020 a las 06:00

Manuel falleció el 1 de abril a causa de la Covid-19. Tenía 69 años, y desde hacía 62, cuando su madre contrató un seguro de deceso para él, se abonó sin falta cada cuota; mes a mes, año a año.

Permaneció ingresado dos semanas en el hospital madrileño Fundación Jiménez Díaz. Solo, sin su familia alrededor, porque la pandemia condena a uno a morir lejos de los que más te quieren. Manuel reaccionó bien de inicio al tratamiento, según los partes telefónicos que comunicó el equipo médico a la familia, un día tras otro, sin falta; pero después la recuperación se frenó de golpe. El coronavirus ganó la batalla.


Su mujer y su hija Marta recibieron la llamada que les informaba del fallecimiento pasada la medianoche de aquel 1 de abril, y automáticamente se lo trasladaron al resto de la familia. Una hora después, la hija llamó a la aseguradora de toda la vida de su padre para garantizarse que, bajo ningún concepto, Manuel acabará trasladado al Palacio de Hielo o un lugar similar. "Nos dijeron que no nos preocupáramos por nada, que ellos se ponían en contacto con la Fundación Jiménez Díaz y se hacían cargo del cuerpo de mi padre inmediatamente, entre otros servicios", detalla Marta. De nuevo, a la mañana, lo reconfirmaron punto por punto.


Al día siguiente se informó a la familia de Manuel de que el cuerpo había sido recogido en la Fundación Jiménez Díaz para ser trasladado a las instalaciones de la funeraria y ser preservado hasta su incineración, como era su deseo. Todo mentira, zanja Marta: "En medio de todo lo que sufríamos nuestra preocupación era que nuestro padre no acabara donde acabó". Y ese sitio fue el Palacio de Hielo, la gran morgue improvisada por la Comunidad de Madrid.


Los siguientes días fueron un sinfín de llamadas y mails, en muchos casos no contestados. La respuesta habitual era la siguiente: "Le tenemos en nuestras instalaciones, pero no podemos confirmar donde, tomo nota para que la llame un responsable". Pero eso nunca ocurrió, y llegó un momento en el que, destaca Marta, "estaba claro que nuestras preguntas estaban siendo ignoradas". La reclamación de los hijos de Manuel fue tajante: "O habéis perdido el cuerpo de nuestro padre, o nos estáis mintiendo".


Trasladado por la UME La familia decidió tomar la iniciativa. Y descubrió la verdad. En la Fundación Jiménez Díaz se les informó de que el cuerpo había sido trasladado por la Unidad Militar de Emergencias (UME) a la morgue del Palacio de Hielo. Lo hicieron a las pocas horas de su muerte, pese a que la aseguradora afirmó que se ocuparía de todo, hasta del último detalle del sepelio.

Y a través de la UME supieron, también para su asombro, que, según el registro, nadie había reclamado el cuerpo tras seis días en el Palacio de Hielo. Y mucho menos la aseguradora, tras cobrar sus cuotas durante 62 años.


Más llamadas y correos electrónicos diarios lograron al fin a una respuesta. Y esta fue que el cuerpo ya había sido recogido y trasladado por la funeraria a sus instalaciones pero que había desaparecido el certificado de defunción (el cual, con una simple llamada de un familiar, fue localizado en la Fundación Jiménez Díaz). También que una vez recuperado el cuerpo, sería incinerado en un plazo aproximado de 20 días y, quizá, en un lugar fuera de la Comunidad de Madrid.


Tras "350 llamadas diarias" y la advertencia de una demanda tras otra, Manuel fue incinerado en la localidad madrileña de Parla nueve días después de su fallecimiento, y tras siete desaparecido para su familia. "No lo despedimos en un tanatorio, aquello parecía una nave para almacenar cadáveres y lo incineraron en un horno cualquiera", lamenta su hija, quien concluye que "la pérdida es inimaginable, pero la frustración de no saber dónde está tu ser querido es aún peor". Y, a pesar de todo, Marta añade: "Gracias a todos los sanitarios de la Fundación Jiménez Díaz que cuidaron de mi padre, No hay palabras, son extremadamente amables y mejores profesionales".

 

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