Consumo
La UE marca el 2030 para el fin de los envases no reciclables con su nueva normativa
El reglamento europeo que entró en vigor la semana pasada acabará con el envasado en plástico de las frutas y los sobres con monodosis


Publicado el 17/08/2026 a las 05:00
La tradicional composición de la mesa de un restaurante y del bufé libre de un hotel cambiará para siempre dentro de pocos años y los pequeños elementos de higiene que, como cortesía, ofrecen los alojamientos, también van a ser una reliquia del pasado. El nuevo Reglamento de Envases y Residuos de Envases de la Unión Europea, que entró en vigor el miércoles de la semana pasada, va a acabar progresivamente con estos elementos. En cuatro años, si la UE mantiene los plazos previstos, la nueva normativa terminará con los sobres de salsas (kétchup, mayonesa o mostaza), con los sobres de condimentos (sal y azúcar), con las porciones individuales de aceite, vinagre, mantequilla, miel y mermelada, con las tarrinas o botes pequeños de leche para el café y con otros artículos, como botecitos de champú, gel, jabón o mini pastas de dientes, que desaparecerán a menos que el cliente los solicite expresamente.
La ley, que supondrá una revolución en el uso de unos productos que están totalmente integrados en la vida cotidiana, afectará a toda la cadena de consumo, desde los productores a los consumidores. La regulación sustituye el sistema anterior, basado en directivas que cada país adaptaba a su manera, por unas reglas comunes de aplicación directa en todos los Estados miembros. El objetivo central es minimizar la huella ambiental, reducir la generación de basura y garantizar que, progresivamente, todo embalaje sea reciclable o reutilizable.
Según los datos de Eurostat, la UE generó 79,7 millones de toneladas de residuos de envases, lo que se supone que cada europeo tira unos 180 kilos de envases al año, de los que aproximadamente 36 corresponden específicamente a envases de plástico.
Aunque la aplicación será gradual, la primera medida visible ya desde el miércoles pasado será la limitación drástica de las sustancias PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas). Estos elementos, denominados 'químicos eternos' porque no se degradan de forma natural y se acumulan de manera permanente en el medio ambiente, en el agua y en los organismos vivo, se reducirán en los envases que tocan alimentos, lo que, de acuerdo a los promotores de la ley, servirá para proteger la salud de los ciudadanos y la naturaleza.
Para el ciudadano de a pie, el efecto real de la normativa se notará a través de cambios que llegarán a sus hábitos de compra y consumo a lo largo de los próximos años. Uno de los primeros hitos ocurrirá en 2027, cuando los establecimientos de hostelería y restauración que sirvan comida o bebidas para llevar estarán obligados a permitir que los clientes utilicen sus propios recipientes para rellenarlos.
Después, en 2028, se implantará un sistema de etiquetado armonizado en toda la UE que indicará claramente la composición del envase y en qué contenedor específico debe depositarse, eliminando la actual confusión de iconos entre los países que forman la Unión. En 2029, se generalizará el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) para latas y botellas de plástico, con el fin de recuperar el 90% de estos envases mediante el abono de una pequeña fianza que el usuario recuperará al devolver el recipiente.
ADIÓS A LAS ANILLAS
El año 2030 supondrá el cambio más radical. Desaparecerán de los supermercados los envases de plástico para frutas y verduras de menos de 1,5 kilos, así como las anillas de plástico que agrupan latas de bebidas. Las bolsas de plástico muy ligeras quedarán prohibidas, salvo por higiene o si son compostables.
En la hostelería, se dirá adiós a los clásicos sobres monodosis de plástico de azúcar, sal, leche o salsas, y los hoteles dejarán de ofrecer los productos de higiene personal, salvo que el cliente los reclame. Incluso las compras por internet cambiarán, ya que las cajas no podrán tener más de un 50% de espacio vacío. Finalmente, las botellas de plástico PET deberán contener al menos un 30% de material reciclado, consolidando un modelo donde el residuo se convierte en recurso.
Bruselas ha instado a las autoridades nacionales a que, en esta fase inicial, prioricen las advertencias y concedan plazos razonables de subsanación antes de recurrir a sanciones económicas o a la retirada de productos del mercado. La Comisión Europea ha subrayado la necesidad de una implementación "pragmática y sin burocracia" para amortiguar los costes iniciales de adaptación que afrontarán las empresa. En este sentido, no se ha fijado una fecha límite estricta para esta aplicación gradual, ya que el tiempo para corregir irregularidades variará según el tipo de incumplimiento detectado.
Pese a que lo consideran un avance, el nuevo reglamento ha generado críticas en los ecologistas. Greenpeace reconoce que representa un avance en la armonización de reglas y en la eliminación de ciertos envases superfluos, pero también opina que se trata de una oportunidad perdida para atajar de raíz la crisis global de contaminación por plásticos y lamenta que la Unión Europea "haya cedido a un intensivo lobby de la industria del de usar y tirar".