Opinión
Trump desencadenado
Actualizado el 06/11/2024 a las 10:58
Cuando escribo esto, la campaña de Kamala Harris acaba de anunciar con cara de funeral que la vicepresidenta no comparecerá esta noche (estadounidense) para dirigirse a los ciudadanos y que lo hará mañana. Es casi el reconocimiento de una derrota que en este momento parece segura: Harris no puede ganar sin Pensilvania, y los más de 4 puntos de voto popular que le saca Donald Trump parecen difíciles de superar. De hecho, Fox News acaba de declarar que Trump ganará Pensilvania.
Así que parece seguro que vamos a tener cuatro años más de Donald Trump en la Casa Blanca. Suele decirse que los presidentes americanos dedican su primer mandato a buscar la reelección y la primera parte del segundo, hasta que llegan las siguientes elecciones, a hacer lo que de verdad quieren. Después, su trabajo es evitar dañar demasiado a su sucesor.
Podemos esperar que Donald Trump (que parece que esta vez va a ganar también el voto de los ciudadanos, no como en 2016) se sienta con las manos libres cuando vuelva a sentarse en el Despacho Oval. Si en el primer mandato sus asesores, con experiencia en la Administración, servían, de alguna manera, de fuerza moderadora, podemos esperar ahora que se rodee de fieles dedicados a llevar a cabo sus políticas.
¿Cuáles serán esas políticas? Ciertamente, nadie sabe muy bien qué esperar. Cuando dice que acabará en horas con la guerra de Ucrania, puede querer decir que le amenazará a Putin con un ataque nuclear; pero también que le obligará a Zelenski a rendirse. Y así con todo. Va a contar con un Senado con mayoría republicana y con la adoración de un partido al que ha dado forma en los últimos ocho años.
Ha demostrado que ha sabido conectar con una parte importante del electorado, llevando como banderas cuestiones que, al margen de cuál sea la situación real, importan a los americanos: economía, seguridad, inmigración...
Por delante tenemos un Trump desencadenado, cuya tendencia a la venganza conocemos y que se considera por encima del bien y del mal o de la justicia. Se abre un tiempo de incógnitas.