EE. UU.

Trump designa al radical J. D. Vance, senador por Ohio, como su candidato a la vicepresidencia

Una vez coronado por la Convención Republicana de Milwaukee, el magnate puede ya adoptar un tono conciliador para tratar de atraer también el voto de los moderados

J. D. Vance, en la Convención Republicana de Milwaukee
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J. D. Vance, en la Convención Republicana de Milwaukee
J. D. Vance, en la Convención Republicana de Milwaukee

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Agencia Colpisa

Publicado el 16/07/2024 a las 05:00

Donald Trump es ya oficialmente candidato republicano a las elecciones presidenciales del próximo 5 de noviembre. Su audiencia ha cambiado. Ya no necesita espolear a sus bases más radicales para asegurarse de que salen a votar en las primarias, sino convencer a los moderados de su partido y a los independientes de que él será el mejor hombre para ocupar de nuevo la Casa Blanca. Toca ser conciliador. El trabajo sucio se lo deja al hombre que ha elegido como vicepresidente, el congresista de Ohio J.D. Vance, de 39 años, anunciado este lunes 15 de julio por la noche durante el primer día de la convención.

 Un hijo de su movimiento que deja tranquilas a las bases en caso de que le ocurra algo al magnate de 78 años y tenga que asumir el poder. Como en las películas, Trump puede ser el poli bueno y su perro de caza, el malo.

Criado en el corazón industrial de Ohio, se trata de un leal que nunca ha cedido un ápice de terreno a Biden, al que acusa de haber robado las elecciones. El sábado fue el primero en responsabilizar al demócrata del intento de asesinato que sufrió Trump en la pequeña localidad rural de Butler (Pensilvania). Mientras, el expresidente puede buscar "la unidad" y aprovechar el regalo político de un atentado frustrado para reconducir su imagen. En declaraciones a un periodista del diario Washington Examiner que el domingo viajó con él a Milwaukee, donde ayer comenzó la Convención Nacional Republicana a la que se dirigirá el jueves, aseguró haber "arrojado a la basura" el discurso que tenía escrito para sustituirlo por otro "unificador". Un tono que dice haber adquirido a la luz de la catarsis que le habrían producido el roce de las balas. "Era un texto extremadamente duro, pero bien planteado", dijo. "He estado peleando (por la nominación del partido) contra un grupo de personas que, en su momento consideré muy malas, y ellos han estado luchando contra mí. Hemos dado una buena pelea, pero ya no puedo seguir diciendo esas cosas".

Se refería a sus principales contendientes en primarias, su exembajadora ante la ONU y exgobernadora de Carolina del Sur, Nikki Haley, y el gobernador de Florida, Ron de Santis, a los que ha invitado a hablar en la convención, no sin que renuncien antes a sus delegados para que puedan votar unánimemente por Trump. Tradicionalmente esta cita da la oportunidad de sanar las heridas de las primarias. Los políticos están acostumbrados a pasar página y abrazarse con quien criticaban, pero sus seguidores pueden guardar rencor. Algunos, como los de Bernie Sanders en 2016, nunca perdonan y pasan factura al ganador en las generales. Esos votos pudieron haber dado la victoria a Hillary Clinton si ella hubiera sabido ganárselos. Trump no va a cometer ese error. Ni el de pensar que puede vencer sólo con los conservadores.

COMPRENSIÓN

Sus bases lo saben y lo entienden. La decisión de no buscar en la plataforma del partido, aprobada este lunes en el marco de la convención, un veto nacional del aborto ha decepcionado al movimiento pro vida, que sin embargo sabe que lo importante es ganar las generales. "Tiene que hilar muy fino", entiende Frank Pavone, director de Priests for Life. A nosotros no nos preocupan las palabras, sino las acciones. Y él ha hecho más por el movimiento que ningún otro presidente". Trump ya no necesita de los medios para comunicarse con sus seguidores. Su mensaje les llega por texto al teléfono, gracias a la base de datos que la campaña ha armado durante ocho años al registrar a los que solicitan admisión a sus mítines masivos. "'Fight, fight, fight' (luchad, luchad, luchad)", decía el que llegó horas después del intento de asesinato, del que salió prácticamente ileso con el puño en alto y un chorreón de sangre en la cara. Cuando la noticia del atentado vibró en la pantalla, la delegación de Oklahoma de donde es miembro estaba reunida en el hotel Hilton Garden del aeropuerto de Milwaukee.

 "Afloraron muchas lágrimas de hombres y mujeres", cuenta con los ojos aún enrojecidos. "¿Por qué alguien querría matarlo?". Como hacen siempre que la vida les asusta, se dieron las manos y se pusieron a rezar. Pronto supieron que su líder había esquivado la bala "por la gracia de Dios".

Trump despierta ahora más solidaridad y empatía que nunca. Es, claramente, la víctima. Y en comparación a la fragilidad de Biden, de 81 años, se parece más al héroe de las películas que los estadounidenses quieren ver sentado en la Casa Blanca "haciendo lo mejor para el país", concluye Hodgets.

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